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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Lunes, 18 de junio de 2018

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Obras publicadas en el día de 1 de Junio de 2018

LOS CUADROS DE TU MADRE, UN MONÓLOGO DE TU PADRE, UN BALCÓN Y UN PÁJARO AZUL ENCERRADO EN UNA CUNAJAULA

 

No hay más que dos legados: el de las ilusiones y el de los desengaños, y ambos sólo se encuentran donde nos encontramos hace poco: en el templo. De seguro que te llevó allá o una gran ilusión o un gran desengaño.

Niebla, Miguel de Unamuno

 

Querido Capa,

 

La realidad poética se desmiembra con el pecho. Puro anarquismo semántico. Tengo de higuera una lengua bípeda que se estrella con muros francos. Ay, pero tú ya me entiendes. Me impiden eones surtidos de gasoil el poder llamar siquiera a esto una mera distancia. Conozco cercanías más lejanas que esta distancia cercana. Creo que las abejas se posan en tu lecho conformando hilera de luciérnagas. No importa la forma, lo importante es el nombre. Cómo jugar con el nombre. Destronar al adjetivo endecasílabo de los versos fritos de aceite. Podría pasar siglos escribiéndote por escribirte. Te espero como los dinosaurios esperan que nazcan sus crías, impacientes y cuidadosos en el territorio. Rompo las reglas como puedo. Necesito escribirte para matar la soledad. Tal vez te escriba para no sentirme más sola que las hojas de un árbol en invierno. Te llamo con mi palabra. Da igual que te vista de Quijote o de víscera. Mi dolor durante estos años me ha hecho preguntarme si nací sólo para darte amor. Para comprenderte. Seguirte en la distancia como un biógrafo. Tengo las cosas claras. Nací con las cosas demasiado claras. Siempre he sabido lo que quería. Sabía elegir entre las palmeras de chocolate en las panaderías. Esto, digan lo que digan, es un poema. Tu poema. Siempre has sido mi poema favorito. No puedo dejarte ir. No sé dejarte ir. Eres parte de mi fuerza oscura. Eres el trazo deslizante, el que da un toque de tenebrismo a los cuadros del Bosco. Un mendigo que pide pan y unas cuantas monedas. Las palabras de María Zambrano sobre la calzada de Madrid. Mi vida se paró con un beso bajo las vistas del Palacio de Oriente. Debajo de un puente que bifurca las arterias del verbo. Una se da cuenta del tiempo cuando se le arruga la lengua con la imagen cristalizada. De que puedo seguir encerrada en el tiempo sin envejecer. ¿Cuánto tiempo he de pasar entre las entrañas? Deshacerme del disfraz de Eurídice. Hacer caso a mi maestro y dejarme completamente desnuda. Desnudarme. Escandalizarte con la única desnudez que conozco. Palabra. Hacerte ver que sé edificar templos sin necesidad de moverme. Lo sé, lo sé; me dejo demasiado vivir. Vivir para acabar matando la muerte. Hacer honor a tus ojos con placas de calles de Madrid. Desgastar las preguntas de la esfinge con retórica. Siete años que se cuestionaba el genio cómo sacar de la cueva a los ladrones. ¿Y cómo sacaría sus gemas? ¡Sus gemas! Los rubíes de la tristeza. Yo, que me hago un Augusto ontológico... ¡Qué he dormido pensando que escribías "mi Dominga"! Te pagaba las deudas arrendatarias, los viajes a la Luna y las expediciones a Marte. Te construía un submarino más grande que el de Isaac Peral. Ay, la letra perfecta... el canto perfecto... la lengua gubernamental sustentada por el pensante. Dos años aplacando en 20 páginas al amor como punto y final. Resumiendo en una frase su códice. El mundo va demasiado rápido para el jardín. Y tú lo sabes bien, no hay flor que no florezca a su ritmo. Pretenden curar mi imaginación y tengo el mayor miedo de mi vida. Diga lo que diga, me dejo soñar. Y me encierro en una hoja de papel blanca. Me arrastro hacia el frío de la desnudez. Y te aprieto fuerte. Fuerte como una noche helada holandesa. Dejo marcada mi bestia en las paredes de un cuarto familiar por su lectura. Dejo mi cuerpo en un balcón. Parloteo en el letargo algún monólogo de tu padre sobre la ensoñación. ¿Acaso  no es suficiente mi pistola? Te repito... Cuando me enfado, cuando no nos comprendo, cuando soy otra y tú otro. ¡¿No es suficiente mi pistola, te digo?! Que unos enanos decían que las flechas no andaban de moda. Y yo cogía mi pistola. Hacía de la bala Constitución. Un pergamino alejandrino. Acostumbrarme a dormir bajo la vista de un pájaro azul encerrado en una cunajaula. Qué mal sienta la desnudez. Qué incómoda es.

 

Buenos noches, Capa.

 

 

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