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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Lunes, 11 de diciembre de 2017

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Nací el 21 en primavera... recital poético en Bari (2010)

 

Poemas leídos en las Jornadas poéticas organizadas por Paola Laskaris en la Universidad de Bari: "Nací el 21 de primavera... secondo incontro internazionale della poesia spagnola contemporanea". Participantes: Raúl Díaz Rosales, José Manuel Lucía Megías, Carlos Marzal, José María Micó y Francisco Ruiz Noguera.

 

Recital

Nací el 21 en primavera...

Bari, 22 de marzo 2010

 

 

1. Sin palabras

 

Así me encontraba yo,

sin palabras,

mientras corría la sangre húmeda

por las autopistas del corazón,

dejando atrás las desviaciones de la esperanza

y las estaciones de servicio de los sueños.

 

Así me encontraba yo,

sin palabras,

mientras las horas de los últimos años

se perdían en la demolición de los recuerdos

y en el solar de la desidia y del conformismo

jugaban al fútbol versos apenas entrevistos.

 

Así me encontraba yo,

sin palabras,

instalado en el hogar de refugiados

arropado por las mantas de los amigos

con un whisky en la mano como una sonrisa...

 

...y entonces te vi bajar las escaleras de aquel bar;

desde el otro rincón del mundo,

te vi bajar cada uno de los escalones

que te llevaban al centro de mi corazón,

y el eclipse de tu sonrisa y de tu mirada

me anunciaron un viaje a la luna,

que debía durar más de ochenta milenios...

 

... y entonces, desde el faro de un rincón perdido,

te vi acercarte, abrirte paso por las aguas

domésticas y sangrientas de las copas semanales,

dejando atrás un rastro de plagas anónimas.

 

Así me quedé al verte aquella noche:

sin palabras.

 

[De Acróstico, 2005]

 

 

2. cama

 

Mi cama en Roma es un desierto,

silenciosa como un desierto,

huidiza como un espejismo en el desierto.

En vez de sábanas, en mi cama en Roma

hay dos nubes que amenazan tormenta,

dos mantas de truenos y relámpagos;

pero en mi cama romana nunca llueve,

se diría que es una cama de sequía,

una cama que de estar en un museo

sería pieza central de porcelana.

 

[De Cuaderno de bitácora, 2007]

 

3. lluvia

 

Odio la lluvia de Roma.

Odio la gente que dice que ama la lluvia en Roma.

Odio la gente que dice que la lluvia le acaricia.

Odio la lluvia de otoño,

de esta estación estéril en que vivo.

Odio la lluvia que sorprende

y la lluvia que se espera.

Odio la lluvia que limpia el cuerpo

y la que se estanca en la boca y se pudre.

Odio la lluvia que lava las heridas

y la que se pierde en las grietas de los monumentos.

 

Odio la lluvia en Roma,

esta pertinaz lluvia que me cierra los ojos

mientras me sorprendo gritándole al cielo.

 

[De Cuaderno de bitácora, 2007]

 

 

4.  26 de octubre: 11'30 horas (En el Parque Tiantan Gongyuan)

 

Mientras intento escribir un poema,

mientras pretendo transformar en palabras mis sensaciones,

las imágenes que me inundan arrancándome parte de mis recuerdos,

mientras escribo para no gritar,

para no ponerme a charlar con el árbol que crece a mi lado,

para no dejarme arrollar por el tren de la melancolía,

delante de mí una anciana recoge castañas del suelo.

Poco a poco va levantando las hojas grises del otoño

y la bolsa de su triunfo se va llenando de sonrisas.

 

Dejo de escribir y me quedo mirándola.

 

Después, ella se levanta, me saluda con la mano

y me muestra sonriente su bolsa roja repleta de cosechas.

 

Yo la saludo, pero no soy capaz de mantenerle la mirada:

no puedo ofrecerle más que sombras de versos.

 

[De Cuaderno de bitácora, 2007]

 

 

5 25 de octubre: 10'00 horas  (El mausoleo de Mao)

 

Sólo iluminada la cara; la sala oscura, oscuro el traje.

Dos filas a sus lados reverenciales y rápidas como una marcha militar.

Las flores que se venden a la entrada se quedaron a los pies de la estatua,

las mismas flores que se venderán en la entrada dentro de una hora.

La fila crece en el lateral de la Plaza de Tian'anmen;

pero todo está controlado: no hay anuncio hoy de manifestaciones.

Por el altavoz se escuchan proclamas y poemas como oraciones,

y el nerviosismo crece por momentos en el paso de los más ancianos.

 

Sólo dura un segundo...

pero es suficiente.

 

Las escaleras se suceden como las dunas del desierto

y no hay tiempo para detallar el edificio levantado por el pueblo;

setecientos mil voluntarios trabajando bajo la dictadura de diez meses.

Mármol puro; frío mármol digno de cavarse en un cementerio.

Dos filas que avanzan a golpe de órdenes y de gritos.

Y en la sala todo es silencio;

sólo está permitido el crujir de los zapatos y de los suspiros.

La cara iluminada, como un sol, en medio de la sala oscura.

 

Sólo un segundo para ver el perfil luminoso de Mao...

pero es suficiente.

 

[De Cuaderno de bitácora, 2007]

 

 

6. Canción del aprendiz de poeta

 

L

a conocí ayer

pero aún hoy no he sido capaz de quitármela

de la cabeza.

Me explicó las tres formas

en que poesía y realidad se comunicaban;

me confesó que desde los nueve años

se recuerda llenando de versos sus horas,

que no hay papel en blanco que vea

que no termine por sufrir sus flechas verbales;

me habló de la insufrible pereza

de volver una y otra vez al mismo poema;

me exigió la nómina de poetas

que se esconden en mis versos

y yo me descolgué con una sonrisa

y los nombres de Góngora y el Cantar de los cantares.

 

Y entre trozos de filete de ternera

y escamas de pescado, patatas y ensaladas,

parecía un oráculo dando respuestas,

descubriendo ante nuestros ojos atónitos

uno a uno los secretos del poema.

 

Pero, al final, el aprendiz de poeta calló,

bajó los ojos

y al alzarlos había desaparecido,

dejando tras de sí el rastro de una pregunta:

 

Hace meses que no escribo,

¿crees que algún día volveré a hacerlo?

 

[De Canciones y otros vasos de whisky, 2006]

 

 

7.  

 

"Ven pronto,

mi amado.

Los racimos

de besos

están ya maduros".

 

Apoyado en el balcón,

mirando al oeste,

espera cada noche

el milagro de un encuentro,

repitiendo como una oración

ese nombre extranjero

que le llena de miel los labios

y de sonrisas los amaneceres.

 

"Ven pronto,

mi amigo.

Lejos queda el invierno.

Ven pronto,

amado mío,

que ya me quema la espera".

 

[De Trento, 2009]

 

8.

 

La mano sobre la nuca.

Los dedos de la mano sobre la nuca.

La nuca fría. Una nuca sin aliento.

Expectante.

Curiosa.

Lejana.

Los latidos del corazón se agitan en la nuca.

Unos latidos que se disparan

al contacto de la mano,

una expectante, curiosa, lejana mano

que te busca -

y te encuentra-

en medio de la noche.

Llueve fuera.

Una lluvia de silencios y de sirenas.

Y tu nuca se calienta bajo mi mano

mientras el corazón recupera los latidos

al ritmo sofocante de la espera.

 

[De Trento, 2009]

 

 

9.

(el nuevo Laurino)

 

Esperaré.

Esperaré la primera oportunidad,

el primer golpe de suerte

y te llevaré a mi palacio de primavera

donde nadie podrá verte nunca jamás.

 

Todo mío.

Sólo para mí.

 

Los lamentos de tu familia

podrán convertirse en diamantes

y sus súplicas en minas de oro.

Nada volverá a separarnos.

Nada a partir de ahora.

 

Vivirás entre mis brazos

del día a la noche,

en el jardín de rosas de mis brazos.

 

Nadie sabrá de ti.

Nadie conocerá tu paradero.

Ni de noche ni de día.

 

Entre las rosas de tu pecho

sueño con pasar el resto de mi vida.

Los dos solos, perdidos en el jardín

de un tiempo sin horarios ni relojes,

rodeados de rosas

en el jardín lejano de la espera.

 

[De Trento, 2009]

 

 

10. Y se llamaban Mahmud y Ayaz (fragmentos)

 

 

Y se llamaban Mahmud y Ayaz,

y tenían tan solo 17 años,

y fueron ahorcados un 19 de julio.

No lo olvidemos.

Su historia debía haberse escrito

con otros titulares, con otras fotografías.

Pero no fue así.

Llegaron llorando a la plaza.

En la furgoneta de su angustia,

llorando las lágrimas que no derramarán de viejos

(como tantos otros, yo he visto las fotografías).

Y llegaron como dos cachorros asustados,

temblando entre el frío de tantas miradas,

ante el abismo del final de su vida

antes incluso de haber intentado imaginarla.

 

˜TM

 

Dos jóvenes.

Perseguidos en sus miradas.

Espiados en sus susurros.

Asesinados por su deseo.

 

˜TM

 

Y tú siempre me decías:

"Llegará un día en que nuestras manos

no tengan que esconderse bajo las mesas,

en que no sea necesario mentirse

y quedar encadenados por anillos de bodas

y por contratos hipócritas y por banquetes de hiel".

 

˜TM

 

Fueron necesarios cuatro brazos

y una soga ajena de su cobardía.

Fueron necesarios dos hombres

que esconden sus corrompidos gestos

tras el anonimato de un pañuelo.

Fue necesario un juicio

y la rápida sentencia de muerte.

Y nuestro silencio,

no lo olvidemos.

Fue también necesario nuestro silencio.

 

[Inéditos]

Género al que pertenece la obra: Poesía
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