Ir al contenido

Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Viernes, 24 de noviembre de 2017

Inicio | ¿Quiénes somos? | Editar mi portal

Última Puerta del Silencio (2010)

Última Puerta del Silencio, Huerga y Fierro, Madrid, 2010, 190 p. 

 

Último de mis trabajos de poesía, es un libro-escoba que recoge poemas sin publicar con otros que aparecieron sueltos; ahora se reúnen formando un contexto coherente. Abordo todos los temas, todos los estilos; a muchos quizás no les guste que no haya unidad entre las distintas partes; yo confieso que me he divertido mucho preparándolo.  

 

 

Introducción

Al fin de 2006, tras publicar El Bosque del Tiempo, decidí no escribir más poemas y dedicarme a la narrativa. Pensé que ya había entregado a la poesía todo lo que podía y sabía: llegar al dístico y a su concepción mágico- simbólica es lo máximo de lo que creía ser capaz en mi empeño simplificador.

Pero había muchos poemas sueltos y varios principios de poemarios no terminados. Así, cuando revisé mis archivos, encontré más de ochenta de esos poemas nunca publicados, que distribuí en ocho grupos, muchos de los cuales siempre quise completar, aunque nunca lo consiguiera. Y esos poemas, más otros ya publicados de esos mismos grupos, conformaron la última sección de mi Poesía completa en edición digital, bajo el apropiado título Fuera del papel (aquí lo cambio lógicamente, y añado otra sección, "La palabra poética"):

  • "Mucho más allá": catorce poemas de ciencia-ficción;
  • "Paso Grande de América": una veintena de poemas que dedico a diez países americanos; entre ellos, uno que Ángela Reyes preparó para ese grupo;
  • "Poemas del mundo": veintiocho poemas para una docena de países.
  • "Minipoemas": nueve miniaturas que no he sabido clasificar, y no he querido incluir entre los
  • "Peripoemas II": breves (seis) "poemas" de anarquía pura, cuya inclusión habrá quien me reproche (a estas alturas no voy a disculparme);
  • "A dúo": un par de poemas escritos al alimón con dos admirados poetas tocayos, Enrique Valle y Enrique Gracia;
  • "Los poemas perdidos": aquí descansan cuarenta y ocho poemas no publicados antes, encontrados en mis archivos incluyo "Sólo el amor", único poema-fractalvisual que he producido.
  • "La palabra poética": veintisiete versículos aparecidos en cabeza de otras tantas ediciones de la Carta de la Poesía de la Asociación Prometeo de Poesía;
  • "Y basta ya", con seis poemas finales.

Las fechas de los poemas no figuran junto a los textos, sino en el índice general; sí aparece la indicación de "inéditos" cuando lo son.

Decía que, dos años después de Fuera del papel, decido publicar esos poemas que sólo aparecieron en formato digital, con muy ligeros cambios, bajo un título, Última Puerta del Silencio, que recordará otro anterior que publiqué hace veinticinco años, en 1984.

Quizás -se me ocurre- haya que puntualizar que no creo gran cosa en la superioridad del libro monotemático sobre el poema individual, por más que los haya publicado -¿y quién se atreve hoy a lo contrario?-.

De nuevo, pido perdón por la insistencia.

Madrid, 2009.

 

 

Siete poemas

 

 

Insectos

(1984, "ciertas noches...", de Fuera del papel)

 

ciertas noches debajo de las plantas

que rodean mi casa y no dejan apenas respirar

siento que hay algunos no algunos muchos animalillos

insectos oscuros de bocas incesantes

que se van acercando trepan por las paredes

encaladas suben a las ventanas

atraviesan por minúsculos orificios su madera antigua

llegan hasta mi lecho donde sueño entre espasmos

allí se quedan fijos

observando a ese ser aislado del mundo

que no es como ellos solidario de sus semejantes

sus antenas quitinosas se remueven inquietas

porque sus neuronas incipientes me encuentran ajeno

no de su mundo no de este mundo

un viviente que existe solitario

y su marea plural se retira confusa

vuelven al calor de las madrigueras donde

toman su fuerza de la presencia múltiple

de todos los de su misma especie.

 

 

Poeta y silla vacía

(2005, de Fuera del papel)             

           

                   Decilira para Leopoldo de Luis

 

Miradlo. Está despierto

mas hay algo en que puede estar dormido

o como sin sentido,

pues ve lo que no es cierto.

En esta flota un barco no va a puerto,

hay un rostro sin causa ni condena.

Esa silla le apena,

le da pavor y hastío.

En verdad, es puro escalofrío

que esté vacía y llena.

 

 

El último poema libre

(2007, de Fuera del papel)

 

Ha remontado el curso

del río más oblicuo, en el fin de su vida,

buscando no sé qué malditas fuentes.

Quiere encontrar excusas válidas

para sus mil fracasos.

Pero no engaña a nadie.

Grita, y el eco

le devuelve su voz: no, no la quiere.

Corre desalentado,

llega, mira, y está donde partía.

Al final, y sin mucha convicción,

se pega un tiro.

El mundo de la muerte

le acoge tibio, blando.

"Descansa un poco.

Luego, empieza de nuevo.

¡Ah! No busques aquí pistolas."

 

 

El último soneto

(2007, de Fuera del papel)               

 

Ha pasado el silencio rumoroso.

Los aires, un instante detenidos,

se acurrucan en sus oscuros nidos

para esquivar, para olvidar su acoso.

 

Pero el silencio, en el dintel del foso

donde el aire refugia su silbido,

alza su dura voz. Inadvertido,

pasa el hombre, de su ilusión celoso.

 

(¿Qué hace ese hombre, mínimo en su instante,

ante el Misterio de la Creación?

¡Qué ridículo escucho su lamento!)

 

Aire o silencio: vértigo incesante

que no podemos comprender. Canción

que al universo ha dado su cimiento.

 

 

La última décima

(2007, de Fuera del papel)

 

El tiempo se va acabando.

Sus granos, que sin prudencia

derrochó mi vehemencia,

ya no son cómo ni cuándo.

Y así voy, sin ley o mando,

detrás de una sombra fuerte

que me arrastra hacia la muerte.

¿No mereceré respiro,

otra luz, un nuevo giro?

Eso, lo sabe mi suerte.

 

 

La última decilira

(2007, de Fuera del papel)  

 

Se acercó, lentamente,

la eterna diosa del Amor Cautivo,

erguida en el estribo

de su montura ardiente.

"¡Sígueme!" Por su voz, feroz, hiriente,

supo que arrastraría su cadena

por el agua o la arena,

por la tierra o el cielo.

Que Amor, cautivo. libre, brasa o hielo,

es triunfo y es condena.

 

 

El último hayku

(2007, de Fuera del papel)

 

Derrite el Sol

los hielos que cubrían

el árbol muerto.

 

 

El último dístico

(2007, de Fuera del papel)

 

Derrama sangre mi palabra,

¡y no sé qué la hiere!

 

 

Una reseña 

El escritor Juan Ruiz de Torres (Madrid, 1931) ha publicado en la editorial Huerga y Fierro un espléndido poemario que lleva por título el de Última puerta del silencio, título que sugiere, obviamente, una especie de despedida poética para quien sobrepasa el medio centenar de títulos publicados, a juzgar por la extensa bibliografía que se nos ofrece al final del volumen que comentamos. Poeta, pues, prolífico, viajero y trotamundos, emprendedor y soñador de quimeras que en algún caso han supuesto una viva realidad, tal es el caso de la Asociación Prometeo de la Poesía, que durante tantos años viene gestionando, ocupándose de la obra de los demás, tanto en España como en Hispanoamérica. Tan ingente labor, que se prolonga ya a lo largo de las tres últimas décadas de nuestra más reciente historia literaria, no puede tener explicación si no es porque estamos ante un escritor vocacional, ante un hombre que ama la literatura y la lleva en su sangre. Un hombre de proverbial generosidad y un animador indiscutible de la vida literaria española que ha dado voz y oportunidad a muchas inquietudes, que unas veces fraguaron hasta dar frutos óptimos y otras quizás sólo se quedaron en eso: en un intento de dar voz y oportunidad para quienes sentían la poesía y no tenían oportunidad de darla a conocer. Para todos estuvo abierta su tribuna: para los "grandes" y para los "pequeños", para los consagrados y para los noveles.

   El mismo autor, en la introducción al poemario confiesa que a partir del año 2006 decidió no escribir más poesía para dedicarse por entero a la narrativa y que revisando en sus archivos pudo reunir unos 80 poemas que incluyó, junto a otros en la última sección de su Poesía Completa en edición digital, bajo el apropiado título Fuera del papel (p. 7). En el volumen de Huerga y Fierro que comentamos se cita la cifra de 93 nuevos poemas y 27 versículos sobre la palabra poética, escritos ente 1986 y 2009, junto a otros aparecidos con anterioridad en diecisiete libros como textos seleccionados para esta ocasión.

   Tras la oportuna introducción aclaratoria, el lector se adentra en la lectura de este poemario que podemos calificar de antológico a través de la sección titulada "Mucho más allá (Poemas de ciencia-ficción)", subgénero literario éste del que el autor confiesa haber sido un apasionado lector, donde reúne catorce textos vinculados con la temática citada, aunque no tan al uso como pudiera suponerse, pues Ruiz de Torres muestra en ellos preocupaciones y reflexiones que no son vanas ni caprichosas, por lo que quizás el subgénero en cuestión haya servido al autor para plantear conflictos, en algunos casos de matiz surrealista u onírico. Mayor entidad tiene, si cabe, la segunda sección que titula "Paso grande de América (Mínimo homenaje a América)", la cual integra veinte poemas  dedicados a Argentina, Colombia, chile, Estados Unidos, México, Paraguay, Perú, Puerto Rico, República Dominicana y Venezuela; pues no en vano el autor dedicó 20 años de su vida profesional a ellos y asiste, como espectador y protagonista privilegiado, ante los vínculos inmarcesibles entre América y España. En la sección "Poemas del mundo" incluye textos dedicados a doce de los treinta países que conoció y en los que residió, pertenecientes a tres continentes: Europa, Asia y África. Una sección tan rica en su diversidad geográfica como en los sentimientos que la animan.

   "Minipoemas" está constituido por una serie de textos que tienden especialmente a la concisión y a la brevedad: una de las máximas aspiraciones confesadas por el propio poeta; así como "Peripoemas II", serie de textos publicados en 1996 bajo el seudónimo de Erreté, aunque en esta ocasión añade nuevas muestras de este tipo bajo el añadido de lo que él califica de "moderación" ante los "excesos" de los que había dado a conocer con anterioridad. En los "Poemas perdidos", diversos en sí mismos, incluye algunos en los que utiliza una estrofa llamada decilira, en la que el poeta destaca con personalidad y habilidad difícilmente igualables. Véase el ejemplo de "Poeta y silla vacía", decilira para Leopoldo de Luis: "Miradlo. Está despierto/ mas hay algo en que puede estar dormido/ o como sin sentido,/ pues ve lo que no es cierto./ En esta flota un barco no va a puerto, / hay un rostro sin causa ni condena./ Esa silla le apena,/le da pavor y hastío./ En verdad, es puro escalofrío/ que esté vacía y llena" (p. 147). Del mismo modo, en este grupo de poemas los encontramos puramente lúdicos o concebidos como puro juego y divertimento, donde destacan aspectos amicales y donde tampoco faltan las décimas,  tankas y los haikús, que revierten al lector a esa obsesión del poeta por encontrar la perfección en la concisión o en la brevedad y eficacia de este tipo de estrofas caracterizadas precisamente por esos valores líricos de sugerir mucho con las mínimas palabras.

   "La palabra poética" es sección que integra versículos aparecidos en las ediciones 109 a 136 de la revista Carta de la Poesía, de la Asociación Prometeo de Poesía, donde se publicaron con el seudónimo de Erreté, entre los años 2007 y 2009. Se trata de textos muy breves emparentados con sentencias, proverbios y aforismos.

   En acercándose al final del volumen, el lector se encontrará de frente con la sección "Y basta ya", dedicada a la memoria de 14 poetas desaparecidos, de cuya amistad gozó el poeta, más otros tantos cuyos nombres no se mencionan por no hacer excesiva la enumeración. En nota, Ruiz de Torres, confiesa que los seis poemas que añade están escritos en las estrofas que más ha amado durante sus más de 50 años entregados a la poesía: la décima, el soneto, la decilira, el haykú, el dístico y el verso libre. A todos los califica de "último/a", por lo que todos ellos suenan a despedida: "El tiempo se va acabando./ Sus granos, que sin prudencia/derrochó mi vehemencia,/ ya no son cómo ni cuándo./ Y así voy, sin ley o mando,/ detrás de una sombra fuerte/ que me arrastra hacia la muerte./ ¿No mereceré respiro,/ otra luz, un nuevo giro?/ Eso, lo sabe mi suerte" (La última décima, p. 177).  

   Última puerta del silencio suena, como apunté al principio de este comentario, a despedida lírica, pero puede llamar a engaño pues el autor no se despide de la vida ni de la literatura. Nos espera la cosecha de madurez de su prosa, a la que ha decidido entregar todas sus energías y talento a partir de ahora. En el caso de Juan Ruiz de Torres toda una vida dedicada a difundir la obra de los demás, con generosidad y despilfarro. Arquitecto de palabras, compositor verbal de puzzles, inquieto perseguidor de quimeras, soñador de altos edificios de poemas, ingeniero de nubes y aves que pasan, contador de estrellas, viajero de versos navegables y escalador de montañas de palabras que subió hasta la cima del último recurso del idioma, constructor de puentes colgantes que sirven de enlace a los abrazos entre los continentes. Así lo veo yo y así puede que sea quien de esta manera nos abre, que no cierra, su Última puerta del silencio

                                        José Antonio Sáez

 

Género al que pertenece la obra: Poesía
Bookmark and Share

Comentarios - 0

No hay comentarios.


Escritores complutenses 2.0. es un proyecto del Vicerrectorado de Innovación de la Universidad Complutense de Madrid
Sugerencias