Ir al contenido

Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Viernes, 24 de noviembre de 2017

Inicio | ¿Quiénes somos? | Editar mi portal

Sonetos para la vida (1988)

 

Sonetos para la vida (con Ángela Reyes), Col. Altazor, A.P.P., Madrid, 1988. 

 

Una serie de sonetos escrita con mi compañera de vida y gran poetisa, Ángela Reyes, a lo largo de dos años.

 

 

Introducción

El arte del soneto, más cuando escrito a dos manos, no deja de ser un hermoso ejercicio; quizás no se le pueda llamar "arte", porque la unidad de intención raramente ocurre. En estos poemas, escritos con Ángela Reyes, "al alimón" como otras veces e incluso en varios de las casos sin acuerdo previo sobre el tema, se puede observar que sólo la clave surrealista salva el escollo. En otros, cuando el tema -que no el modo- se acuerda previamente de modo general (los dedicados a Quevedo, los de tipo gastronómico) la unidad se conserva mejor, con detrimento de la espontaneidad.

No deja de ser curioso que, aun desde presupuestos tan distintos respecto al verso como son el de Angela y el mío, hoy ya no podría decidir cuáles de los versos los escribió ella y cuáles yo. El sincretismo que aporta el trabajo en común puede llevar a este curioso desenlace.

 

 

Tres sonetos

 

 

No de sol o de luna

(1986)

 

No de sol o de luna, no de viento

es el amor que empapa nuestras manos.

Ascua feliz, el dios de seis veranos

dióle magia, color y sentimiento.

 

En la playa que cruza el firmamento

amanece esta barca que lejanos

planetas conociera, meridianos

nítidos, lunas vírgenes de acento.

 

Mas, ¿quién podrá decir que Amor escucha

si en solitario el Hombre le reclama?

Que corto es el soñar, y la sed mucha

 

cuando el viaje cumplimos sin testigo.

Henos, así, vibrantes en la llama

del corazón certero del amigo.

(Enviado a todos los amigos que participaron en nuestra boda)

  

 

Viaje de la sombra

(1987) 

 

Más allá de la encina y de la jara

serpentea el camino. Ya declina,

nocturnea ya el sol. En la vecina

sombra, se yerguen ojos, una cara

 

como de un trasgo antiguo que buscara

a su amor más allá de la calina.

El verano se agota, desafina,

se torna muelle, ya no es ciega vara.

 

Mas el rostro que vela en la espesura

no tiembla, no se rinde. Rubio empeño,

sus pálpitos desvelan pasión honda,

 

muerta de amor en el doblar del sueño.

¿Quién en la soledad es levadura

de estío, claridad y virgen fronda?

 

 

Acantilado de los Gigantes

(1988) 

 

                   Puerto Santiago, Tenerife

 

Nacido vertical, llora el basalto

que esté lejano al mar, a los corales

que lo vieran nacer. En los cristales

de la espuma hierve hacia lo alto,

 

caballero en las olas. ¡Al asalto

del verde platanar, de los pitales!

(En una cueva azul, los manantiales

afinan su voz tibia de contralto).

 

Roca inocente, sístole y corona

de Tenerife, que al azul entona

la canción secular de los amantes,

 

yo te saludo, negro dios dormido.$

¿Cómo creer que fueras erigido

por el tedio mortal de unos gigantes?

 

 

Género al que pertenece la obra: Poesía
Bookmark and Share

Comentarios - 0

No hay comentarios.


Escritores complutenses 2.0. es un proyecto del Vicerrectorado de Innovación de la Universidad Complutense de Madrid
Sugerencias