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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 23 de junio de 2018

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Tremendo arcángel (2003)

Madrid, Ediciones de La Discreta, 2003.

Prólogo de José Ramón Fernández de Cano y Martín

 

Reseñas y artículos dedicados al libro:

  • Universia.es, 10 de mayo de 2003
  • El Adelantado de Segovia, 12 de mayo de 2003, p. 13
  • La Lupa digital, nº 15
  • Boletín del Colegio de Doctores y Licenciados de octubre de 2003, p. 38
  • "El decano poeta", artículo de Apuleyo Soto publicado en El Adelantado de Segovia el día 1 de octubre de 2003, p. 3;
  • "El poeta Santiago A. López Navia y las ediciones de La Discreta", artículo de Pilar Serrano de Menchén publicado en el diario Lanza de Ciudad Real el 10 de noviembre de 2003, p. 2
  • "Santiago López Navia, poeta y militante de la docencia", artículo y entrevista de Manuel Dobaño publicados en Onada de cultures, Barcelona, nº 17, marzo de 2004, p. 38.

 

A la goma de borrar

 

(Soneto purgativo)

 

Igual que tú, no puedo ser eterno

porque mi esencia acaba en muertes lentas,

y alumbro las palabras casi a tientas

borrando cada niebla de mi infierno.

 

Igual que tú yo dejo en el cuaderno

girones de mi alma, y las trescientas

sesenta y cinco páginas son cuentas

que borro al calendario cada invierno.

 

Igual que tú mi forma se desgasta

limando en las aristas su contorno

quebrado en la traición de un movimiento,

 

y un solo borrador me sobra y basta

para fundir poemas en el horno

que enciende el fuego breve de mi aliento.

 

 

Y no hay más

 

A veces pienso que la vida basta,

que no hay por qué explicar por qué se vive.

Se da lo que en su día se recibe,

y el paso de los días lo desgasta.

 

No hay más que comprender, al menos hasta

que acabe este renglón que Dios escribe,

y mientras llega el fin, ni Dios prohíbe

andar las sendas de región tan vasta.

 

No nos falta el espacio; faltan horas

para jugar de nuevo aquella mano

que nos ganó la suerte en los descartes.

 

El tiempo va muriendo en las demoras.

Cualquier esfuerzo por correr es vano.

Vivir es llegar tarde a todas partes.

 

 

Reivindicación de monstruos y espantos

 (Premio Internacional Pedro Alonso Morgado 2002)

 

1

 

El vampiro

 

que reclama la fuerza de su inmarcesibilidad  invitando al triste mortal  a trascender los límites de la vida para disfrutar de una inmortalidad libre y oscura

 

La noche huele a sangre en cada esquina.

La sed arrasa mi alma de no muerto.

Mi cálido ataúd espera abierto

mi fuga de la luz, esa asesina.

 

Yo soy la gran promesa en que termina

tu tránsito mortal. Seguro puerto.

Mis brazos son refugio, abrigo cierto

donde la muerte vive y es divina.

 

Yo te daré otras vidas, aún más lejos,

la niebla con su cómplice celada,

la fuerza de los siglos sin medida.

 

Para no verte más en tus espejos

me aleja de tu sangre enamorada

tan sólo el privilegio de una herida.

 

2

 

El licántropo

 

el cual, tras haber paladeado las suaves mieles de la animalidad, lamenta con áspero dolor la imperfección  de su naturaleza, aún parcialmente humana

 

En esta luna nace mi condena:

ser lobo una vez más. La noche espera.

Hermosa es la ciudad para una fiera

que ha roto el lastre cruel de su cadena.

 

Todo es distinto y yo no siento pena.

Si aúllo es porque el sol me desespera.

El sol (maldito sol), la verdadera,

terrible maldición que me envenena.

 

Es dulce ser un lobo cada noche.

Mi bestia aguarda dulce en mi recuerdo.

No puedo renegar de mi fortuna.

 

Sólo me brota a veces un reproche

cuando descubro todo lo que pierdo

al ser hombre otra vez cuando no hay luna.

 

 3

 

La criatura de Frankenstein

 

que reprocha con oportunos y muy bien traídos argumentos a su creador, el doctor Víctor Frankenstein, su negativa a  crear a  una mujer que mitigue con su amor la pena de su soledad monstruosa

 

Si miras más adentro de mis ojos

oirás que laten muchos corazones.

Mi cuerpo, mapa atroz de costurones,

es más que un monumento de despojos.

 

Curtí mis pies pisando los abrojos.

Lloré mi soledad por los rincones.

No me convencen, Víctor, tus razones.

Tu inútil odio alienta mis enojos.

 

¿Es mucho, creador, que te reclame

el cálido sosiego de otras manos

donde mi rabia encuentre su consuelo?

 

La dulce compañera que me ame

con un amor que ignoran los humanos,

con un amor feliz de monstruo en celo.

 

4

 

Mr. Hyde

 

que expone con sinceridad y aplomo no usados las muchas y muy variadas informaciones que se desprenden del lado perverso de  su doble identidad

 

Aquí tenéis el lado más oscuro

que esconden los hipócritas mortales:

el trono de los vicios capitales,

el monstruo en su esplendor, el yo más puro.

 

La bestia desatada, el pecho duro

que encierra los instintos naturales,

la fragua del poder donde los males

se funden con el fuego más seguro:

 

ese fuego maldito del infierno

que enciende los deseos olvidados

donde duerme un incendio de pasiones.

 

El fuego enardecido, el fuego eterno

donde se anuncian todos los pecados

que han roto la pared de sus prisiones.

 

5

 

El coco

 

el cual contempla, amoroso, y absolutamente ajeno a las macabras competencias que se le atribuyen, el rostro de un niño mientras duerme, y dice así:

 

He aquí mi triste cédula de trasgo:

yo soy aquel que todos llaman coco,

engendro de una orgía de dios loco,

traición de horror y pena en cada rasgo.

 

En mi callado mundo de tiniebla

por donde vago -dicen- ululando,

noche tras noche lloro derramando

mis lágrimas, las  flores de la niebla.

 

Mi nombre es el castigo de los sueños.

Me hicieron para aullar tras las ventanas

robándome la luz de las mañanas,

 

robándome la luz de los pequeños

resquicios de alegría. Hoy tengo muerta

la risa al otro lado de tu puerta.

 

 

y 6

 

El fantasma

 

que describe con desolación lo incomprensible de las sensaciones y experiencias de  su nuevo estado tras su tránsito

 

La eternidad se funde en un segundo.

Qué soledad terrible, qué vacío.

De pronto se perdió cuanto fue mío.

Apenas la memoria me une al mundo.

 

En este mar sin fondo en que me hundo

se diluyó el caudal que fue mi río.

No sé si siento. Acaso tengo frío,

y un resto de dolor triste y profundo.

 

Tendré que acostumbrarme a este infinito,

a este silencio enorme que me envuelve,

a este inmenso camino que no entiendo.

 

Ya nadie oye mi angustia cuando grito.

Soy sólo un alma en fuga que no vuelve,

algo que fue y que ya no sigue siendo.

Género al que pertenece la obra: Poesía
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Comentarios - 1

Lamisil Tablets otc

1
Lamisil Tablets otc - 11-04-2013 - 00:00:31h

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