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Post-incunables ibéricos [2ª Adenda], por Julián Martín Abad

Marta Torres Santo Domingo 21 de Junio de 2016 a las 09:21 h

Acaba de aparecer la segunda adenda de Post-incunables ibéricos, una de las grandes obras de Julián Martín Abad, junto con La imprenta en Alcalá de Henares (1502-1600) y (1601-1700) y el Catálogo bibliográfico de la colección de incunables de la Biblioteca Nacional de España, ejemplos todos ellos de excelencia en el trabajo bibliográfico e instrumentos que ponen a la bibliografía española en el mundo. Esta segunda adenda (2016) sigue a un primer repertorio (2001), con adenda incluida (1 h., 2001), y a otra enjundiosa adenda (2007), que incluía otra adenda (2 h., 2007). Pero... ¡bibliógrafos y catalogadores del futuro, dejad abierto el registro porque el autor declara su "personal compromiso de continuidad y su deseo de futuro en la pasión de un joven tipobibliógrafo"! [Seguir leyendo]

 

Pasión, rigor, empeño, y buen humor. Esas son las claves de esta nueva entrega de uno de los clásicos repertorios martínabadescos que, como dice Mercedes Fernández Valladares, firmante de la etopeya inicial, se apoya en unas vigas maestras que no me resisto a repetir:

 

. descubrimiento y descripción de nuevas ediciones

. construcción de noticias plenas a partir de ejemplares incompletos,

. localización de nuevos ejemplares de ediciones previamente conocidas,

. incorporación de ediciones tras identificar su fecha y lugar - hasta ese momento ignotos,

. detección, depuración y expurgo de noticias imaginarias.

 

Post-incunables ibéricos nació como complemento y actualización de la obra de F. J. Norton, A descriptive catalogue of printing in Spain and Portugal, 1501-1520 (Cambridge University Press, 1978). Martín Abad afrontó en esta tarea, y sigo con palabras de Fernández Valladares, "la minuciosa revisión y adecuación de cada una de sus noticias a los usos y necesidades catalográficas actuales, haciendo explícita su tradición bibliográfica, mediante la selección equilibrada de referencias previas - esencial para su control bibliográfico- y la recuperación exhaustiva de los ejemplares conservados y de su historia de transmisión y uso. Pero junto a esta labor impagable, limpiará de noticias imaginarias el universo de los post-incunables ibéricos, poblados de díscolos seres fantasmales surgidos antes y después del catálogo nortoniano".

 

Con este suplemento, la cifra de ediciones se eleva a 1.606, incluyendo entre ellas el más monumental de los post-incunables ibéricos, la Biblia Políglota Complutense, a cuyo maestro y operarios del taller está dedicada la obra. Julián Martín Abad le ha entregado a la Biblia Políglota Complutense muchas horas de investigación hasta llegar a una descripción definitiva, no sólo desde el campo de la tipobibliográfía, sino desde el estudio de los impresores Arnao Guillén de Brocar y Miguel de Eguía, de la obra como producto editorial y de los ejemplares existentes por todo el mundo. Relacionados con nuestra Universidad puedo recordar, por ejemplo, su artículo en el catálogo V Centenario de la Biblia Políglota Complutense: la Universidad del Renacimiento, el renacimiento de la universidad, con el título, "Arnao Guillén de Brocar, honrrado y muy industrioso varón en el arte de imprimir: el de la Biblia Políglota Complutense y sus otros talleres" (ver noticia en Folio Complutense), su participación en las Jornadas Fadoc XXII "El libro de los libros: la Biblia Políglota Complutense y su edición" (Ver Folio Complutense), o su aportación en la obra "La Biblia Políglota Complutense en Estudios Bíblicos" (ver Folio Complutense).

 

Fruto de todo este conocimiento es la aportación singular incluida en este suplemento de Post-incunables ibéricos y que, dada su relevancia, queda reflejada en la portada: "En el V centenario de la publicación de la Biblia Políglota Complutense (con una nueva relación de los ejemplares controlados bibliográficamente)". Desde la institución en la que nació esta obra, es emocionante ver el rigor con el que Julián Martín Abad ha ofrecido un censo definitivo (hasta la próxima adenda) cuya lectura, por cierto, tantas reflexiones puede ofrecer. El cardenal Cisneros, del que celebraremos el quinto centenarrio de su muerte el año próximo, se sentiría orgulloso. Y Brocar.

 

Esta obra está también dedicada a Julio Ollero, "generosísimo editor, en reconocimiento de su constancia y a su amistad". Desde luego, si Cisneros contó con Brocar para poder llevar a cabo sus proyectos, Julián Martín Abad ha contado, entre los maestros más reconocidos del arte del libro, con Julio Ollero. Pocos libros tan complejos y mejor editados, sin escatimar tiempo, formato, papel, tipografía, encuadernación, hasta conseguir lo imposible, crear belleza sutil a partir de un género tan alejado, en una primera lectura, de la estética de lo grácil, de lo intenso, de lo poético. Máxime en estos tiempos. Es una obra que nace rara desde sus orígenes. Como no podía ser de otra manera.

 

La obra, además de la presentación de Julián Martín Abad, tipobibliógrafo, firmada por Mercedes Fernández Valladares y escrita con la admiración y el cariño de tantos años de trajines bibliográficos compartidos, tiene la presentación del propio autor, El ojo avizorador o de la historia larga, inacabada aún, de un repertorio bibliográfico (avizorador: que avizora; avizorar: descubrir algo mirando con atención y en todas direcciones), un capítulo dedicado a la Nueva bibliografía consultada, el Catálogo propiamente dicho, dos índices (de nuevas siglas de bibliotecas, archivos e instituciones; tipográfico-cronológico) y la correspondencia de los números de las sucesivas entregas de Post-incunables, con los números del catálogo de Norton y del repertorio de incunables y post-incunables portugueses de Helga M. Jüsten.

 

El colofón, nuevamente, enlaza a Julián Martín Abad y a Julio Ollero con Brocar pues el día señalado, 26 de febrero, es el mismo en el que se concluyó la primera impresión de Arnao Guillén de Brocar en Alcalá de Henares, en 1511. Y esto pudo ser así porque dice la tradición que ese mismo día, años antes, en 1498, el cardenal Cisneros colocó la primera piedra de la Universidad que nos vio nacer a todos los complutenses para la ciencia.

 

Gracias, Julián, por tu magnífico trabajo, que el tiempo se encargará de valorar adecuadamente. Porque como dice Antonio Colinas en Memorias del estanque, pensando en poetas y en bibliógrafos como tú, "solo tiene razón de ser y es justo y meritorio lo que somos gracias a la fidelidad a nuestra vocación y a nuestro trabajo. Y por ello nos juzgará el tiempo".

 

Esperamos ya la siguiente adenda, con la seguridad de que pronto podremos disfrutar y utilizar otra de las grandes obras que sabemos tienes en  preparación.

 

 

 

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