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"Vivir sin leer es peligroso porque obliga a conformarse con la vida" (M. Houellebecq)

Golowin (y María von Krüdener)

Miguel de Diego 12 de Mayo de 2015 a las 09:23 h

Llegó a mis manos -antes a la vista por el color azulado de su tapa- Golowin de Jakob Wassermann (1873-1934). La editorial Navona, desconocida para mí hasta ese momento, había conseguido, con finura y precisión, destacar su libro entre el vasto bosque literario. El color, «tan azul como si de él pudieran crearse mil años de cielo azul», hace honor a una de las frases más poéticas del relato. Una sentencia certera, inamovible e incontestable de Tomas Mann en su portada: «Wassermann es la estrella mundial de la novela»; aporta el veredicto final, ya poco importaba de qué tratase, Golowin se había convertido en un ineludible.

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¿Quién controla el futuro?

Andoni Calderón Rehecho 4 de Mayo de 2015 a las 18:51 h

"Las nubes computacionales manejarán modelos tan precisos de nosotros que el polvo que nos rodee sabrá qué deseamos" (p. 43)

Cuando comienzo un libro de Jaron Lanier siempre me veo impulsado a devorarlo. Aunque después el efecto se atenúa, la resaca informativa está llena de tesoros interesantes. Ya ocurrió con Contra el rebaño digital y de nuevo lo consigue en ¿Quién controla el futuro? en el que de manera resumida viene a decir que los grandes servidores sirena (así los llama) están concentrando el poder, construyendo un sistema que provocará el colapso económico (es un juego de suma cero en el que el que gana se lleva todo) a no ser que se apueste por una economía de la información humanista (y no de la vigilancia), por ejemplo, haciendo que los individuos (con cuyos datos se crea la riqueza) reciban nanopagos por cada una de sus acciones que ayuda a producir valor.

 

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1948

Bárbara Berrocal 7 de Abril de 2015 a las 13:29 h

Todos sentimos la necesidad de formarnos una opinión sobre los temas de actualidad, de tomar posición, de etiquetarnos a nosotros mismos o a los demás en el blanco o en el negro para evitar la engorrosa incomodidad que nos provocan los grises. Sin embargo, si dirigimos una mirada honesta a la realidad, nos daremos cuenta de que está compuesta por una amalgama de grises de la que difícilmente podemos zafarnos. Tal es el caso del añejo conflicto palestino-israelí: si profundizamos un poco empezamos a echar de menos el blanco y el negro. Y dentro de esta amalgama particular de grises encontramos un tono muy peculiar en Yoram Kaniuk y su obra 1948. Año de la Fundación para unos, de la Ocupación para otros, esa fecha se carga de significados, se difuminan los límites. Kaniuk fue unos de los jóvenes que lucharon en la Guerra de la Independencia inmediatamente anterior a la fundación del Estado de Israel; uno de esos jóvenes que, como él dice, sin saberlo fundaron una nación. Kaniuk es un abra (lit. higo chumbo), miembro de una de las primeras generaciones nacidas en tierra palestina, cuya lengua materna es el hebreo (ese hebreo resucitado por los pioneros) y que se siente completamente ajeno a Europa -a la vez que profundamente conmocionado ante sus supervivientes y las historias que relatan mientras colabora en su desembarco clandestino en costas israelíes-.

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La saeta

Beatriz Álvarez 18 de Marzo de 2015 a las 09:01 h

¿Quién me presta una escalera,
para subir al madero,
para quitarle los clavos
a Jesús el Nazareno?

Saeta popular

¡Oh, la saeta, el cantar
al Cristo de los gitanos,
siempre con sangre en las manos,
siempre por desenclavar!.

¡Cantar del pueblo andaluz,
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz!

¡Cantar de la tierra mía
que echa flores
al Jesús de la agonía,
y es la fe de mis mayores!.

¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar ni quiero
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en la mar!

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El impostor

Javier Gimeno Perelló 6 de Marzo de 2015 a las 11:39 h

Aunque se presenta como novela, el último libro de Javier Cercas no lo es, estrictamente hablando. Pero la destreza de un buen escritor puede hacer de una no novela una obra que se pueda leer como tal. Estamos ante un fenómeno de esa naturaleza.

El impostor son dos historias en una, algo de lo que nuestro autor es un gran aficionado y sin duda convertido con el tiempo en un genio en el manejo de esa difícil técnica narrativa, más compleja aun cuando se trata de mezclar la literatura con lo metaliterario: la trama con la forma de contarla sin que ésta se deslinde de aquélla y sin perder un ápice de fuerza.

 

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El libro de los amores ridículos (o el goce de estar vivos)

Rafael Sánchez-Grande Moreno 7 de Enero de 2015 a las 11:50 h

Antes de empezar esta breve reseña, me gustaría primero reivindicar las colecciones de relatos breves o cuentos. Nunca he entendido muy bien por qué se ha considerado al relato breve un género menor, en comparación con su hermana mayor, la novela. Lejos de ello, el cuento ha de resumir en el microcosmos de unas pocas páginas todo un universo narrativo, muchas veces comparable a la más extensa de las novelas. Condensar una historia de una forma eficaz y amena, requiere una técnica narrativa que no está al alcance de cualquier pluma. Vivimos tiempos en los que, a tenor de los últimos best-sellers, se deduce que lo más valorado por el consumidor literario es el gran tamaño de los libros. Parece que cuanto más gordos sean mucho mejor; pero todos sabemos que no siempre cantidad y calidad van de la mano, y que a veces, un breve relato puede ser en sí una obra maestra. ¿Nos hemos parado alguna vez a pensar en cuánto de paja hay en muchas de esas gruesas novelas de moda? El cuento, por el contrario, libre de la tiranía de la gran extensión, nos ofrece el relato desnudo, en su esencia pura.

 

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Gangsterismo económico

Andoni Calderón Rehecho 16 de Diciembre de 2014 a las 23:15 h

"Nuestras escuelas y nuestros periódicos nos han enseñado a percibir como actos de altruismo todo lo que hacemos"

"El engaño no estaba en lo que decían, sino en lo que callaban"

Siempre me he preguntado por qué la deuda generada por dictadores o similares, cuyo principal capital se encuentra en cuentas particulares de prestigiosos bancos de algunos de los más respetables países del mundo, debía ser afrontada por la población del país, abandonada a su suerte y engañada o meramente ignorante o ajena a todos los tejemanejes de sus gobernantes; cuando hace dos meses me encuentro con un libro curioso (Confesiones de un gángster económico) en el que se explica una forma de actuar que está muy relacionada, aunque en realidad tiene otros objetivos. Se trata de un personal especializado preparado para hacer análisis económicos a medio y largo plazo prediciendo grandes éxitos a países con especial interés (grandes reservas energéticas, recursos naturales, posición estratégica, etc.). Este éxito precisa de la construcción de infraestructuras sólidas y extremadamente caras que llevarán a cabo sobre todo empresas estadounidenses. Y la previsión rigurosamente científica permite que se realice la financiación por parte de las instituciones oportunas. El truco consiste en lograr que ésta sea tan grande que no pueda ser devuelta en su totalidad (sí la parte que pague a las empresas constructuras) y deje a los países en manos de acreedores, a la sazón bancos (incluyendo el mundial), FMI y el Gobierno estadounidense que pueden utilizar a los gobiernos de esos países a su antojo. Algo me suena...

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Todo este pobre negocio de años y de afanes de que está hecha la vida

Javier Gimeno Perelló 13 de Noviembre de 2014 a las 14:48 h

Cuando un gran escritor como Luis Landero nos advierte de que su última obra no es literaria en sentido estricto, podemos no creerle y estaremos acertados. Incluso podemos pensar que si todas las obras consideradas no literarias por sus autores lo fueran tanto como ésta, estaríamos más rodeados de literatura y tal vez la vida no sólo estaría hecha de años y de afanes, como nos dice el autor al principio.

Y como estamos ante una obra que sin ser estrictamente novela podría serlo, resulta que su lectura nos produce el placer de toda gran novela. De toda gran literatura.

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Limónov existe y yo lo conozco

Javier Gimeno Perelló 22 de Octubre de 2014 a las 22:36 h

Estamos ante una magnífica novela del género que viene en llamarse biográfico o biografía novelada como la que comentamos en la reseña anterior de Juan Bonilla sobre el poeta futurista ruso Vladimir Maiakovski. Pero a diferencia del autor jerezano, no se puede decir de Carrère que practique la objetividad como narrador ajeno al protagonista. No en vano, nos advierte desde el principio que «Limónov no es un personaje de ficción. Existe y yo lo conozco». A partir de aquí, no oculta su admiración por el personaje, tanto de sus luces como de sus no pocas sombras.

Como en la anterior novela, ambos autores muestran la difícil habilidad poética de convertir a alguien de la vida real en un personaje literario sin abandonar la veracidad -que no siempre es verosimilitud- que toda biografía requiere. De ambos biografiados también hay que decir que son en sí mismos personajes de novela. Biografías noveladas en todo caso que no sustraen la pulsión creativa de toda buena novela, sea o no biográfica, que se precie.

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Conversaciones en Perú

Andoni Calderón Rehecho 7 de Octubre de 2014 a las 20:28 h

Desde que leyera La ciudad y los perros han pasado muchos años. Después vendrían otras lecturas de las obras de Vargas Llosa, entre ellas la magistral La fiesta del chivo; pero nunca -a pesar de haberlo intentado en otras ocasiones- conseguía encauzar la lectura de Conversación en la catedral, tal vez influido porque me evocaba la en ocasiones difícil lectura adolescente de nuestro bautizo con su literatura. Sin embargo, hace unos días conseguí enlazar una y otra página hasta llegar en relativo poco tiempo al lugar donde pone Fin.

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