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José Luis Amorós, maestro de la Cristalografía en España y fundador de la Biblioteca de Geología de la Universidad Complutense

Javier Gimeno Perelló 19 de Septiembre de 2017 a las 13:31 h

 

José Luis Amorós: La gran aventura del cristal. Madrid: Ediciones Complutense, 2017 (Serie Docencia). Edición coordinada por Victoria López-Acevedo

Cuando las profesoras Victoria López-Acevedo y Sol López-Andrés me propusieron publicar en el blog de crítica de libros de la BUC una reseña sobre La gran aventura del cristal, del gran maestro y divulgador de la Cristalografía en España, José Luis Amorós, mi primera sensación fue la de sentirme un intruso en un campo absolutamente desconocido y lejano. Así se lo manifesté a ellas, pero me animaron a emprender esta aventura, justamente de alguien ajeno a ese mundo. Cuando comencé la lectura del libro, con la convicción de que no iba a entender nada, en seguida me encontré metido de lleno en esa increíble y maravillosa aventura del mundo del cristal, aún incluso en sus intrincados y opacos entresijos para un profano.

 

La gran aventura es una historia casi novelada, es un paseo bien narrado por la historia de la ciencia de los cristales, desde sus orígenes en Grecia hasta el descubrimiento de la difracción de los rayos X. Es buena literatura que a la vez incorpora un sesudo análisis histórico”, explica Juan Manuel García-Ruiz en el prólogo (p. 20).

En efecto, estamos ante un excelente texto literario. Leer párrafos incomprensibles para un profano de una ciencia desconocida, y sin embargo escritos de manera sencilla pero literaria, con un estilo impecable y un exquisito cuidado del lenguaje, es como leer un poema colmado de hipérbatos, intrincadas sinécdoques, bellas metáforas, complicados retruécanos o hermosos oxímoros que quizá dificulten la perfecta comprensión del verso pero cuya lectura es en sí misma un inmenso placer:

“Huygens imaginó que cada punto de un frente de onda era en realidad el centro de una onda elemental, idea que le sirvió para desarrollar su célebre construcción geométrica de la refracción de la luz. Suponía este autor que las ondas luminosas se propagaban a través de un éter, que llenaba los poros que dejaban entre sí las partículas que forman un material. La diferencia de velocidad en un medio frente al espacio libre derivaba, según Huygens, de que las partículas materiales que forman el cuerpo obligan a las ondas luminosas a que se propaguen alrededor de dichas partículas” (p. 122)

Éste y otros muchos párrafos acerca de la refracción de la luz y otros fenómenos físicos podrían ser la explicación científica, si se quiere, de cientos de poemas dedicados a la luz en la historia de la poesía: Antonio Gamoneda, Pedro Salinas, Francisco Brines, Walt Whitman, Kavafis y tantos otros poetas cuyos versos son preciosos cantos a la luz:


"¿Es la luz esta sustancia que atraviesan los pájaros?

En el temblor del sílice se depositan cuarzo y espinas pulimentadas por el vértigo.

Sientes

el gemido del mar. Después,

frío de límite"

                     Antonio Gamoneda


La gran aventura del cristal es una reedición de 1978, publicada también por la editorial de la Universidad Complutense, con el mismo título y el subtítulo que la edición actual no conserva: Naturaleza y evolución de la ciencia de los cristales. Tras muchas indagaciones, las biógrafas de Amorós, Sol López-Andrés y Victoria López-Acevedo, han averiguado que ese libro procedía, a su vez, de una traducción de un manuscrito anterior, nunca publicado. Dicho manuscrito, del que se conserva una copia, fue escrito en inglés por el propio autor, probablemente durante su estancia en la Southern University of Illinois, donde estuvo durante un período de once años hasta 1975, el año de su incorporación a la Universidad Complutense.

Tras la lectura del prólogo de Juan Manuel García-Ruiz, confirmado después por la propia lectura del libro, podemos afirmar que La gran aventura cumple una doble función: por un lado, como historia de la Cristalografía y de la Mineralogía, no sólo en España, sino también en general, y por otro lado, como historia de la ciencia a partir, precisamente, de la historia de esta disciplina científica. La primera publicación de Amorós sobre aquélla fue en 1959 en el Boletín de la Real Sociedad Española de Historia Natural, a partir de la cual se dedicó en cuerpo y alma a la historia y epistemología de la ciencia que, como objeto de estudio, consideraba una ciencia en sí misma.

No cabe duda, por consiguiente, de que, además del indudable interés que La gran aventura del cristal pueda tener para los cristalógrafos y otros especialistas en ésta y otras disciplinas afines, la obra lo tiene, y mucho, para quienes nos interesamos por la historia de la ciencia y la epistemología. En especial, para aquellos cuyo interés se centre en la evolución de la cristalografía desde sus comienzos en el contexto de la filosofía entendida por los clásicos como estudio del conocimiento y de las ideas en general, y de las ideas científicas, en particular, desde los presocráticos como Tales de Mileto, astrónomo e introductor de la geometría abstracta en Grecia, Anaximandro, precursor del atomismo, cuyo concepto de discontinuidad “iba a ser fundamental, con el devenir del tiempo, para el desarrollo de la ciencia de los cristales” (p. 34), Anaxágoras o Pitágoras. Ya en la Grecia clásica se desarrollaron estudios sobre los minerales, cuya evolución daría origen, siglos más tarde, a la ciencia de los cristales, siendo de Teofrasto, discípulo de Aristóteles, el primer documento escrito que conocemos sobre los minerales, del año 315 a.C., aproximadamente.

La evolución del estudio de los minerales, primero, y luego de los cristales, constituye una aventura que la lectura de este libro hace apasionante y cuyo final nos deja con ganas de continuar viviendo. Pero ya tendrá que ser de la mano de otros autores porque esta historia magistral del profesor Amorós finaliza en 1912 con la prueba experimental de la difracción de los rayos X por los cristales. “La puerta se había abierto, y un campo ilimitado de posibilidades se abría a una ciencia que con dicho experimento se había súbitamente rejuvenecido. Pero esto constituye material para otra obra” (p. 331)

El profesor Amorós, además de un excelente científico, y de ser el principal introductor y divulgador de la ciencia de los cristales en España, fue decano de la Facultad de CC. Geológicas de la Universidad Complutense en dos períodos: 1975-1977 y 1981-1986. Entre sus muchas acciones como decano, destaca la fundación de la Biblioteca de la Facultad de Geológicas, mediante la centralización de las bibliotecas departamentales en un único local habilitado para aquélla. Por ello, nuestra biblioteca debe conocerse como Biblioteca de Ciencias Geológicas José Luis Amorós.

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