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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 22 de julio de 2017

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La confusión (La fragua del trovador, 2017)

Relato seleccionado en el IX Certamen de Relato Breve (2017) de la editorial La fragua del trovador

 

No puedo descubrir otra causa y esta misma es confusa.
Juan Carlos Onetti

 

Quedaba una silla vacía en el cuarto de estar, y el teniente Soto tomó asiento mientras los agentes, que habían estado rondando por cocina, baño, dormitorio y salón con la impunidad vulgar de los representantes de la ley que ya no creen demasiado en ella ni la respetan, terminaban su trabajo. El resto del mobiliario presentaba desperfectos recientes y roturas; el desorden era generalizado.

Finalmente, cuando el teniente Soto dio la orden, los demás policías desaparecieron, y en el apartamento de Roxana quedaron únicamente dos personas; esto sin contar el cadáver, indiferente ya a todo lo que a su alrededor se estaba llevando a cabo, y que un poco antes le habría concernido pero ante lo que nada podría haber hecho u opinado, justo como ahora mismo: aquello era el triste reconocimiento de una muerte prematura, una muerte en vida; o una vida sin futuro, que en su caso eran sinónimos.

El doctor Sánchez dedujo que lo más acertado sería volver a su trabajo, o mejor dicho fingir que aún tenía algo que hacer allí, pues sus notas estaban completadas y para saber más tendría que proceder a una autopsia que los trámites demorarían todavía unas cuantas horas más.


-Déme datos, doctor -ordenó el teniente Soto, con voz cansada, sin dirigir su mirada al futuro, al inmediato interlocutor-. Pero no me abrume con detalles innecesarios.

El doctor Sánchez tragó saliva, carraspeó un poco para aclarar la voz, pues no quería delatar su temor, además de su rabia, y contestó con la misma sequedad que había empleado el otro, aunque sin tanta pericia.

-Mujer blanca, joven aunque de edad indeterminada, sin marcas visibles, apuñalada en el vientre. La hora exacta del fallecimiento es difícil de determinar; cuando lleve a cabo la autopsia podré afirmar algo con seguridad -recitó el doctor con aplicación de colegial.

-¿Nada más? -preguntó Soto, casi más por costumbre que por interés.

-Un único navajazo, suficiente para provocar la muerte -informó el doctor, que esperó unos segundos antes de añadir un sarcasmo que llevaba rato doliéndole en lo más hondo de su garganta-: Aunque tampoco querría abrumarle con detalles innecesarios, mi teniente.

-No se pase de listo, doctor -dijo Soto, y zanjó así la posible disputa. Una trifulca de parvulario no entraba en sus planes, y por eso creyó conveniente atajarla incluso antes de producirse. (...)

 

Texto íntegro incluido en el Cuaderno de Narrativa nº 9 Palabras Contadas

Género al que pertenece la obra: Narrativa
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