Ir al contenido

Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Lunes, 25 de septiembre de 2017

Inicio | ¿Quiénes somos? | Editar mi portal

Las pruebas de laboratorio en el diagnóstico (1992)

El médico, para llegar al diagnóstico de su paciente, ordena en la mayoría de los casos la realización de algunas pruebas de laboratorio. Se estima que el número de éstas que es solicitado en Estados Unidos -y lo mismo puede decirse de otros países de nuestro ámbito occidental-, crece en torno al 10% anual. Sin embargo, y según estudios ya antiguos, el porcentaje de estas pruebas que es aprovechado realmente en el diagnóstico o tratamiento de los pacientes podría ser inferior al 10%. Por citar datos más recientes (no publicados), mencionaré el análisis que hemos efectuado, en 1991, de un grupo de técnicas de cierta complejidad remitidas a un laboratorio de referencia. Se trataría, por definición, de peticiones meditadas y enviadas fuera del hospital por la sospecha fundada de su trascendencia para seguir la evolución del paciente. Pues bien, sólo un 12,1% de los resultados estuvieron fuera del intervalo de referencia, en el sentido de confirmación del diagnóstico de presunción, mientras que un 7,6% excedía dicho intervalo, pero en el sentido opuesto. Únicamente se valoró esta relación de los resultados con el intervalo de referencia, ya que diversos estudios han demostrado la correlación entre los resultados anormales obtenidos en una muestra de pacientes y los resultados clínicamente significativos, aunque estos dos conceptos no sean totalmente superponibles. 

 

 

En esta realidad algo parece intrínsecamente indeseable y distorsionado, por dos razones. La primera es de índole puramente intelectual: estas pruebas, como se verá en los artículos de esta monografía, se piden en una etapa avanzada de la investigación del paciente, cuando existe, en general, un diagnóstico de presunción, por lo que tan bajo índice de utilidad sólo puede ser consecuencia de hipótesis equivocadas o de investigaciones no justificadas. La segunda es de naturaleza económica: los gastos sanitarios continúan creciendo incontroladamente, originando desequilibrios nacionales en la distribución de recursos. Alguien ha llegado a decir que existen dos clases de precios: los precios regulares y los de la sanidad. Los primeros parecen seguir ciertas leyes de oferta y demanda, mientras que los segundos surgen en un mundo surrealista en el que la ciencia parece haber perdido su conexión con la realidad. En Estados Unidos, por ejemplo, desde 1980 a 1991, el índice de precios al consumo ha subido un 63% y los gastos federales en educación el 107%, pero los dedicados a la sanidad han tenido un incremento de 193%4. Estos últimos suponen el 12,3% del producto nacional bruto, frente al 9,4% en 1980. En otros países la situación es parecida, aunque no siempre tan grave. Para el conjunto de la OCDE, este porcentaje sería de casi el 8% en 1990, con un ligero aumento sobre 1980. En España, estas cifras son algo menores: 6,8% y 5,8% respectivamente.

Se comprende que, a la vista de todo lo anterior, se intente influir en los médicos para que empleen más racionalmente las pruebas diagnósticas, insistiendo en los aspectos económicos reseñados, de los que no trataremos más, y precisando claramente el papel que dichas pruebas han de desempeñar en el proceso de inferencia diagnóstica. De esta última realidad sí nos ocuparemos extensamente aquí.

 

 

Género al que pertenece la obra: Literatura digital
Bookmark and Share

Comentarios - 0

No hay comentarios.


Escritores complutenses 2.0. es un proyecto del Vicerrectorado de Innovación de la Universidad Complutense de Madrid
Sugerencias