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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Jueves, 19 de octubre de 2017

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La vida nueva (1996)

 

 Barcelona, Lumen, 1996.

Julia está en la cárcel porque ha asesinado a su prima Olga. Allí se niega a comer y se muestra indiferente ante la posibilidad de obtener un indulto. En las distintas fases de su delirio recuerda su infancia feliz con su madre y su apasionada y destructiva relación con Carlos, un hombre casado al que ha alejado de su vida. Así como en la "Vita Nuova" Dante cuenta la interiorización progresiva de su amor por Beatriz, en este libro Julia describe todas sus experiencias dejando penetrar al lector en su vida y sus sueños, verdaderas encarnaciones de las alegorías dantescas. Una desgarrada reflexión sobre la naturaleza del sentimiento amoroso, basada en la certeza de que el amor es algo que se nos da, un don radicalmente extraño al amante, que le exige realizar un salto a un exterior amenazante y oscuro.  

Reseña


Más que una historia de amor/desamor, "La vida nueva" propone una reflexión desgarrada sobre la naturaleza del sentimiento amoroso. Según Julia, quien narra en primera persona, el amor es algo desconocido, incluso raro, que nos llega inopinadamente de fuera, conmociona los cimientos de nuestra vida y exige sin más disponibilidad absoluta y plena adaptación a sus exigencias. Tiene por ello un componente de amenaza al no poder dominarlo y atentar contra el libre albedrío de quien sucumbe a él, lo que en ocasiones da lugar a un repliegue que en definitiva se traduce en incomunicación. Queda sólo el recuerdo lacerante, obsesivo, que agranda el sentido de la pérdida y la distancia cósmica que separa la realidad escueta de la fantasía onírica que la magnifica. [...]
"La vida nueva" es asimismo un relato costumbrista en una ciudad provinciana, recreada con líneas muy simples que recuerda la estética geométrica de Klee, en los años que median entre la posguerra y una vaga actualidad. ¿De qué manera encaja Martín Garzo las diferentes espirales temáticas en la unidad de un texto que se caracteriza por ser breve y ameno, cuya intensidad nunca agobia? En primer lugar conjugando con maestría la realidad con los varios sueños del personaje, hasta imbricarlos en un orden cotidiano que enriquece el desenvolvimiento realista de la narración.
Pero es que, al mismo tiempo, de la alianza de ambos elementos surge una tal abundancia de imágenes, metáforas, alegorías y parábolas, que al fin el relato nos va pareciendo inmaterial, como evanescente, y acaba por imponer al lector su oculta naturaleza simbólica. Incluso la vertiente costumbrista, si se quiere anodina, de repente cobra un significado al menos inquietante. Entonces uno tiene la impresión de que la historia fragmentada de la mujer asida a su memoria de los sentimientos tiene un a doble o triple lectura y que todas ellas, en conjunto o por separado, describen sin titubeos la misteriosa, profunda y escandalosa conmoción primaria de la vida.
En estos momentos otros autores modernos buscan nombrar lo mismo replegándose en lo subjetivo, pero Martín Garzo lo consigue sin esfuerzo aparente para el lector. Después de transitar por este libro, estoy convencido de que su aportación a la narrativa española de ahora consiste en proponer y desarrollar con éxito una poética de la novela. En ninguna de sus obras hay atisbos de experimentación siquiera formal, ni oscuros entramados que dificulten la compresión absoluta del texto. Al contrario, su mayor rasgo distintivo es la precisión, el rigor, la hermosa naturalidad del lenguaje que maneja. El atributo está, pues, en otra parte. Al igual que hizo Kafka en su tiempo, Martín Garzo incorpora al discurso novelístico recursos que son substanciales de la poesía y gracias a ellos logra trascender, por encima pero sobre todo por debajo, los límites del realismo, o sea, de las estricta realidad que se doblega a lo efímero y lo mediocre. Creo que esa es la originalidad de su talento creador, y la clave del interés que despierta cada nuevo título donde su mirada abierta de poeta se asoma e interroga los vacíos de quien se fragua en la propia soledad.

Robert Saladrigas en "La Vanguardia". 22 de marzo de 1996.

Género al que pertenece la obra: Narrativa
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