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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Miércoles, 26 de abril de 2017

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MUESTRA MÍNIMA DE POESÍA

Trece poemas como muestra de mi poesía publicada (unos 1800 poemas) entre 1965 y 2010.    

 

Tijeras

(1965, Un camino al futuro)

 

 

Aquí estoy. Aquí estás.

                                  Los dos presentes.

Buscando en el quehacer de cada hora

la excusa de un amor que no sentimos.

En la cansada

batalla del segundo tras segundo.

Nos sentimos sin sentirnos mutuamente

en la infiel paradoja de la imagen,

del ser-no ser inconcebible,

de una ilusión inútil.

 

¡Tijeras! Necesito unas tijeras.

Para cortar por fin esta atadura.

Y dejarte - y dejarme - en libertad.

 

 

En el rincón

(1979, Poesía para sobrevivir)

 

 

En el rincón, hay algo que se mueve.

 

Es como un animal oscuro

o como doble sombra de un murciélago.

 

Se siente inquieto, algo molesto.

No tendría por qué moverse,

no hay derecho, se dice.

Sus rincones, las cosas suyas

están en un perfecto orden.

 

Busca su libro: no es el mismo,

el que estaba leyendo.

 

De pronto,

empieza a descubrir en torno suyo

inconsistencias, cosas que no debieran ser,

amigos que le llaman pero que no recuerda,

muebles, objetos que él nunca compró.

 

Lleno de alarma, llama a su mujer

y no la reconoce.

 

Se mira en el espejo,

pero un desconocido le contempla.

 

Corre hacia la ventana, y se lanza al vacío.

 

 

 

Flores de mi silencio

(1982, Crisantemos

 

 

      ¿Puede el poeta acaso

      describir el misterio de una hoja?

              Fumío Haruyama

 

 

Flores

de mi silencio,

crisantemos.

Luces, heridas

por la dureza del cerrado mundo,

venid, acompañadme.

                    Pido sólo

presencia, vibración doliente.

Contemplar un larguísimo segundo

el delicado tallo,

los elegantes cálices.

 

Ah, flores, que ya ni mías

vuelvo a llamar, porque perdí las ansias,

¿querréis estar, así, quedar

agitando el color ante mis ojos?

¿Retener un instante

la mirada del que os ha creado?

¿Y no dejarme huir,

rescatarme del vértigo?

 

 

 

Esta mujer

(1983, Arista de poliedro)

 

 

Esta mujer que duerme

sobre el lecho en penumbra;

una docena larga de amapolas

en mis horas de trilla del recuerdo;

algún libro, delgado y necesario

como el vino y la sal: esa es mi vida.

Y cuando el día llegue

que deba devolverlos,

espero que me dejen hacer trampa

y escapar con su aroma,

su magia, su latido.

 

 

 

Minotauro

(1985, Trece por cinco)

 

 

Cierro los ojos, y las grietas veo

del muro tembloroso de una vida

que ya se desmorona. La partida

intuyen mi conciencia y mi deseo.

 

Sin fuerzas voy, anémico Teseo

de esta fiera en acecho, de esta herida

que no acierto a cerrar. Por la aterida

cuesta abajo final creo y no creo,

 

busco a tientas la puerta, me incorporo

para caer de nuevo. Pero en vano:

no me asustan las astas de ese toro.

 

Mi instinto largo fue; la espera, corta.

Debo al amor un cálido verano.

Si muero de vivir, poco me importa.

 

 

 

El loco

(2010, Última Puerta del Silencio)

 

Cuando el loco abrió la puerta,

entró una ventolera de años verdirrojos.

Todavía lloraba el invierno.

En cada esquina, pequeños amorcillos

y estiradas virtudes se batían a sable.

Pero acechaba el autoelogio.

En cuanto se abrió la veda,

el loco supo que llegaba la hora.

Y en el momento justo,

saltó desde el vacío al universo.

E hízose la Luz.

 

 

 

             (1995, El hombre de Ur)

 

Porque hubo primaveras,

hubo otoños, inviernos y veranos,

escalofríos, sed y vientos suaves

para mi piel de niño, para mi mano antigua;

 

porque cien labios me besaron

y amasaron amor en mis hogazas

y fueron humus fértil a mi simiente hambrienta;

 

porque en Ur de Caldea, en Harán, en Egipto,

en Horeb, en Pentápolis, en tanta tierra ardiente,

planté mi tienda, gentes y ganados;

 

porque aprendí lo húmedo, lo fresco, lo amarillo,

lo seco, lo aromado, lo sabroso y lo terso,

lo oscuro, lo sonoro;

 

porque supe de ríos, amistad y montañas,

dolor y atardeceres, montes y pececillos,

aves, flores, estrellas

y fui testigo lúcido del regalo del mundo;

 

porque tuve a Ismael y tuve a Isaac

y tuve tardes, noches y mañanas,

vivir valió la pena.

 

 

 

A romper

(1998, Última Puerta del Silencio)

 

 

A romper,

a romper.

 

Tanto verso fallido.

 

Fotos.

Y diccionarios.

Poemas como ombligos

o crucigramas.

 

Sólo el instante único

se resuelve en poema.

 

El resto es vanidad,

tiempo al amor perdido.

 

A romper.

Incluso este manual.

 

Hay que salvar los bosques.

 

 

 

Siete besos a la izquierda

(2001, Última Puerta del Silencio

 

 

Beso en el trasluz del párpado izquierdo,

        el tuyo.

en la comisura izquierda de la boca dormida,

        la tuya.

Al nacer de tu cuello, junto al hombro izquierdo y los cabellos,

        los tuyos,

trastorno mis sentidos con cada lugar del seno izquierdo,

        el tuyo,

recorro con mi beso todo el oriente del incitante ombligo,

        el tuyo,

intento dar calor con mi beso al glúteo izquierdo,

        el tuyo.

Zurdo impenitente, beso el largo recorrido de la pierna izquierda,

        la tuya,

        cuyo tobillo debería abrazar una ajorca incisa

        con mi nombre.

 

 

 

                   (1982, Casa del Tiempo)

 

debajo de los pájaros

estallaron tus venas

voló tu cuerpo en todas direcciones

ya para qué buscar las ansias

en el cuarto de atrás con la jeringa rota

tu brazo sobre el suelo me aproxima

a la caída azul bajo el alero

de una vida en penumbra

corrías sin aliento vagamente

hasta fundirte en brazos de la angustia

pero una vez mil veces abrazaste memorias

o tanta tarde triste sin caballo

por rincones sin fin en las calles de agosto

debajo de los pájaros

fuiste orillando espejos

y en mil trozos quebraste aquella rabia

que cubriera castillos y ardiera en la mentira

de las agujas sucias y del beso quemante

debajo de los pájaros

horas desesperadas

pero decías siempre que el viento es el más fuerte

que tendrían que hablarnos esqueletos y sombras

que partir es ligero

(ha quedado

el rastro de una ausencia

un innoble

revaho de amapolas y de cal apagada

esa llanura negra un pez un grito

y poco más

debajo de los pájaros

y el vientre abominable de tu muerte).

 

 

 

Utopía en el zoológico 

(2003, Regreso a Sic transit)

 

 

Por fin, hoy se quitó el cartel

tantos siglos expuesto

("Animal peligroso.

Viola, maltrata y asesina")

en la jaula del macho

de la especie "Homo Sapiens".

 

 

  

                (2004, Última Puerta del Silencio

 

Vivir es habituarse

a una larga serpiente de pequeños fracasos.

 

 

                  

                   (2005, El bosque del tiempo)      

   

Rocío, ruinas, 

una tela de araña...

¿Dónde, las Torres? 

 

Género al que pertenece la obra: Poesía
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