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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 21 de octubre de 2017

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Poesía completa (1950-2008; edición digital)

 

Col. Casa del Tiempo, Altorrey Editorial, Madrid, 2008.

 

Recoge este CD la última revisión  de la obra publicada entre 1965 y 2008; los poemas de 1950 (primera fecha conservada) a 1965, fecha del primer poemario, están dispersos entre varios poemarios de esa primera época.  El CD contiene: 0. Biografía e índices; 1. Poemarios y plaquetas; 2. Poéticas; 3. Sobre JRT (estudios, comentarios, reseñas); 4. Grabaciones; 5. Memoria gráfica.

 

 

Introducción 

Esta sección de mi Poesía completa, edición digital, Madrid, 2007, contiene toda la poesía que he escrito; la parte de ella sin publicar se recoge en la sección (o capítulo, o libro) Fuera del papel *.

La edición se puede consultar de muchas formas, si el lector tiene el capricho de emprender tal tarea. Está organizada en grupos, a los que se accede a través de una sucesión de "menús" (palabra que la Informática nos ha enseñado, como distinta a la tradicional de la búsqueda de platos suculentos). Cuando se sale de uno de ellos, se puede acceder a los siguientes, o cerrar la consulta, temporal o definitivamente. Espero que no haya ninguna dificultad en el proceso.

Escribir poesía: ¡qué pérdida de tiempo tan sabrosa! Nunca me he podido explicar que alguien como yo, con evidente actitud y (no probada) aptitud hacia el mundo físico, haya empleado millares de horas, qué digo horas, de días, a algo tan poco productivo y, en última instancia, tan poco satisfactorio como ha sido mi poesía.

Claro, hubo placer pasajero cuando un aplauso, y sobre todo mi propia relectura me colmaron un momento, Pero, qué rápidamente pasó. Tengo una mirada tan crítica a cuanto escribo ¾algo seguramente compartido con la mayoría de los poetas¾ que a poco de pergeñarla, y no importa  cuántos halagos amistosos reciba, quisiera borrar lo escrito, sepultarlo. No me encuentro, y eso en ciertos instantes, mas que en algunos de mis últimos "dísticos".

Mas tengo cariño a mis poemas ¾hijos míos son, aun deformes¾, y los guardo, y retoco, y coloco del derecho y del revés. Pero muy consciente siempre de que su valor es escaso, aunque en momentos de buen talante se lo encuentre. Bien es cierto que tampoco me satisface mucho la poesía universal que leo en mis tardos años; la acidez de la vejez es mala compañera de lectura. Todo sumado, echo la mía a ese rincón amado y olvidable donde se guardan los osos de peluche de la niñez (aunque nunca tuve uno; estos son mis juguetes infantiles).

En esta edición digital recojo cuanta poesía escribí, con las solas excepciones de los poemas de "Diecinueve años", escritos entre 1947 y 1951 y recogidos en un cuaderno mecanografiado que será quemado en cuanto lo encuentre; fueron meros ejercicios de entrenamiento (que no sirvió de mucho, claro). Más unos pocos posteriores, que se unirán a aquellos en la quema. En total, sesenta publicaciones (incluida esta edición digital): mucho más allá de lo razonable.

El lector, si hasta aquí llegó, se preguntará: "Si este señor tiene tan poco aprecio a cuanto escribió, ¿por qué lo publica? Sobre todo, si entiende a estas horas tanto de poesía como él cree..."   Una pregunta muy pertinente y para la que no tengo contestación. Quizás sea ella que mis libros andan por ahí, y que quiero dejar su versión definitiva recogida, por si hay incautos que los quieran consultar.    

No obstante lo dicho, debo expresar mi admiración y agradecimiento a otros poetas que nos precedieron y de quienes aprendí lo poco que sé; de ello escribo con amplitud en el capítulo "Poéticas". Y desde luego, agradecer la poesía, compañía y favor de mis contemporáneos (citados en muchos lugares de esta edición), singularmente de Ángela Reyes, que pasó de discípula a especial y aguda consejera.

A veces pienso que mis poemas no son peores que otros que están bien considerados. Pero eso no significa que sean buenos, lo que se dice buenos. Yo participo del ansia de todos los poetas: llegar a escribir el poema. Ese día, todos nos rendiremos, y dejaremos de intentarlo. Mas ese "poema" no ha sido escrito aún, o ya todos lo sabríamos y este trabajo no tendría objeto. 

Si un lector cree encontrarlo entre los míos, sepa que se equivocó.

Madrid, 2008

* Publicada "en papel", con bastantes modificaciones, en 2010, como Última Puerta del Silencio.

 

 

Poética ene-sima 

Cantar y contar.  Escribir cuando se puede, no cuando se quiere.  Y luego depurar, sobre todo quitar (sistema Groucho Marx; casi todo sobra en los poemas que escribimos.  Quién dejara un solo poema memorable antes que veinte libros olvidables).  Usar las herramientas inventadas por los poetas del pasado, pero que sólo sean herramientas, no fines en sí.  No pretender decirlo todo; dejar algo para los demás poetas, los pobres.  Y para los lectores.

(1997)

 

Vida y voz de España en la "Herencia" de Juan Ruiz de Torres

El encantamiento de España y de su alma en América se recoge en este poemario 2 que contiene textos escritos en un lapso de veinticinco años. El emisor lírico, dromómano de espíritu, sella su paso en versos de variados tonos donde prevalecen el amor y la nostalgia. Camino de perfección interior, de búsqueda del lenguaje más raigal, es este libro que reconstruye la "ida en su toponimia, personajes y circunstancias, algunas humorísticas, y siempre vitales. El mundo es imperfecto, dicen los griegos y la belleza lo eleva; las artes consideradas superiores por Pessoa: la filosofía, la música y la literatura conllevan a lo sublime, a la esfera de las esencias. De ahí la elevación de lo cotidiano por medio de la palabra del poeta.

Las mesetas, las ciudades, las islas, los mares, la gente, la lengua son sensaciones rescatadas a la memoria y reconstruidas a partir de eventos familiares o históricos, bien escogidos y tratados a partir del mundo interior del emisor o de los personajes (véanse: "Del diario de la ciudad de Toledo", "El Papa Luna", "Sanz y Forés 2"). El recuerdo revive la andadura amorosa, el periplo vital en sus filones existenciales en tono fluido y humano.

Poesía de la vida: "Castilla" canta lo ancestral, las profundas y duras raíces castellanas de austera belleza. De su sequedad y obstinación, de su ternura y silencio está hecho el poeta. La tierra lo fortalece y en tono amatorio la invoca:

    Tómame.

    hazme ganar a pulso esa herencia de hierro,

    de sed y mediodía.

    Que no me sienta débil

    y me acomode un sol menos brillante.

    Que mi mano castiguen tus ortigas,

    mis ojos tus resoles,

    mi olfato la acritud de tus establos.

    ("Castilla", p. 15)

La indagación vital en "Madrid, esto y algo más" rememora la ciudad en tres momentos cronológicos denotados: 1945, 1965 y l985. La historia personal del momento más remoto se liga al recuerdo urbano en los juegos infantiles, la merienda, el tranvía, la encantadora idiosincracia de aquellos madrileños: "pendencieros", "amables", "sabihondos", "lugareños".

La nostalgia prevalece en el poema del regreso (1965) cuando no consigue el Madrid del pasado, y en el tercer momento, mediante un lenguaje que utiliza la jerga juvenil, se critica el deterioro urbano, sin embargo prima el misterio de la ciudad, indefinible en su encanto. Estos poemas ven la ciudad desde una perspectiva moderna por su condición de ente agresor por su lado oscuro, visión antecedida por los simbolistas franceses, cuestionadores del Paris heredero de la ciudad industrial. Ya la ciudad no es el centro sagrado de la infancia y del habitante comunicativo, Madrid desconcierta, pero no pierde algo especial que la define y es difícil de identificar. Este elemento forma parte del "actas aurea" que cultiva la memoria del poeta al reconstruir Madrid.

El río Manzanares es metáfora de humildad y benevolencia en el poema "Lleva bien pocas" escrito, según el autor como "admonición al Rey de España, al estilo de las Odas del Shih Jing, de la dinastía Zhou". La frase leit motiv: "lleva bien pocas aguas el río Manzanares", además de eufónica, plantea semánticamente la contraposición entre el bajo caudal y las virtudes del río acogedor, humilde, bondadoso y prudente. Cierra admonitoriamente: deseando que el río no se haga demasiado poderoso ni se envanezca.

El encuentro con personajes del pueblo. con personas comunes, algunas disminuidas por enfermedad o pobreza, otras exaltadas por sus conocimientos artesanales, protagonizan algunos poemas de este libro, pero sin caer en costumbrismos literarios. Son seres que pelearán por su precaria vida: la de protagonista de un poema ("Protagonista"). Un moro venido a Sevilla, digno, hierático, reclama Al-Andalus como patria; una gallega, hija de una meiga encarna la sensualidad, la superstición de su raza; un cantaor bebe en la fuente del amor; al soplador de vidrios, heredero de gremios medievales lo califica como "noble artesano". Cierto misterio poético rodea a estos seres fijados en el verso de Ruiz de Torres.

Ciertamente, como se nos advierte en la contraportada, este no es un libro descriptivo, más bien es un diario del alma, un largo diario temporalmente espaciado que sustenta estados interiores, imágenes permanentemente resguardadas como la del peregrino, signo de desapego y libertad, o la de la gitana en su belleza, instinto y misterio. La arquetipal figura paterna y la de España no se describen, se las vive en textos donde lo anecdótico resguarda el encanto de la poesía a par de lo humano. Por eso España se ama, aunque es ilógica el ansia que despierta en el Yo lírico.

La evocación se liga a hitos existenciales como la infancia o los primeros amores de juventud; el recuerdo surge de sonidos pequeños como el rebote de la pelota de un niño en "Jai Alai" o de viejas canciones juveniles, voces de la tierra, "Emociones antiguas de mis gentes" ("Cantaba de muchacho", p.111). Entre los poemas, no evocativos, sino que parten de observación inmediata, diríamos, destaca por su alta calidad "Muerte de una flor en Lanzarote", soneto donde el canto en lo seco se da a la vida en la imagen del polen. Es un poema de antología, sin duda alguna.

Ruiz de Torres degusta los sonidos de la lengua, característica de su poesía que siendo culta, inserta, a veces, idiolectos y no pierde el sabor conversacional. Valoriza el catalán en sus rasgos fónicos en el poema: "Llueve en Platja D'Aro", y el español de América, tesoro común con la madre patria. Nos dice: "Dejad que nos empape / amerohispanos todos / el sabor de las palabras / que en todos hallan eco" ("Castillo del Morro", p. 104). Andalucía vive en la palabra florida de "La hija de la frontera"

España en su totalidad es el amor ilógico, ancestral, definitivo del poeta, y así lo expresa en verso libre o tradicional en este libro de vivencia poética y humana que conmueve por su fuerza, persistencia y bella expresión.

2.  Ruiz de Torres, Juan: Herencia, Editorial Verbum,. Madrid, 1999, 116 p.

* Rosalina GARCÍA, profesora venezolana, poetisa, ensayista; Miembro Colaboradora de la A.P.P.

Género al que pertenece la obra: Poesía
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