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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Viernes, 15 de diciembre de 2017

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70 justos. Poemas de homenaje y afecto (2006)

 

Col. La Pérgola Amarilla, Casa del Tiempo, Madrid, 2006.

 

Contiene poemas (setenta, inéditos en su mayoría) dedicados, por lo general, a poetas y amigos.

 

 

Prólogo

Género, menor sin duda, el de estos poemas, aunque honrado por muchos poetas a lo largo de los siglos. Alguno adquirió gloria imperecedera, como el dedicado por Don Miguel al túmulo de Felipe II (aunque su intención no fuera áulica, con seguridad). Ninguno de los míos la alcanzará, pero al fin los publico, al menos en recuerdo de aquellos para quienes los escribí, y a ellos los dedico. Y entrego, aunque no a todos por desgracia.

En verdad y en general, me divertí mucho haciéndolos.

Madrid, 2006

 

 

Tres poemas

 

 

César Vallejo

(1988)

 

Ser César,

ser triunfo mal pagado,

ser puente y autopista

porque dejaste abierto, a golpes de semántica,

el sendero larguísimo

que va desde Rubén hasta Aleixandre.

 

Ser Vallejo, y amar

uno a uno a los hombres

con su dolor de lengua y su placer de sábado,

arrimar los dos hombros, y más si hicieran falta,

y que esa prima antigua reaparezca,

y Pedro el combatiente resucite.

 

Ser cholo, y aguantar lo que te echen

¾incluso el aguacero asesinante¾

con tan solo un amigo y un 'demi' de cerveza...

¿Qué hemos hecho, y qué hemos merecido

para las fauces-hambre del futuro?

Apenas unos versos balbucientes,

apenas un rescoldo que tirita.

                                               ¡Qué más da!

 De todas formas,

nos das tu abrazo enorme, emocionado.

 

 

Miguel entre las peñas

(1991, de Verano, verano)

 

                      Nos decían en Orihuela que Miguel Hernández  solía apacentar el rebaño

                      montaña arriba, y se llevaba consigo una máquina de escribir.

 

Alegre, bajo el peso

de la Underwood feroz,

por la áspera pendiente

lleva Miguel sus cabras.

 

Ni un árbol, ni una nube.

De su casa, el sendero,

como una sierpe, trepa

al trono de las águilas.

 

El más joven poeta

lleva un reino en sus ojos,

un corazón abierto,

una pluma afilada.

 

Ya la piedra propicia

en mágico equilibrio;

corren sus tibios dedos

sobre la negra máquina.

 

Quizá presiente lejos

los amigos futuros,

un Madrid agridulce,

quizá una guerra bárbara.

 

O la estela purísima

de una esposa y dos hijos

que apenas serán suyos,

versos sólo, palabras.

 

La sombra de un gran pájaro

se posa entre las teclas.

El fugaz sueño oscuro

parte en batir de alas.

 

Y cuando vuelve absorto

a sus endecasílabos,

siente en la nuca el beso

húmedo de una cabra.

 

 

Luz en el verso oscuro

(2005)

 

      Decilira, estrofa inventada

      como homenaje a Juan Antonio Villacañas 

 

Un hombre diferente,                                                   

Juan Antonio, que fue genial amigo,                           

me descubrió un testigo:

la voz del inconsciente.

 

Esa mágica fuerza de la mente

que  te eleva de incontenible modo     

hasta que ves el todo

como gestalt seguro,

abarcadora luz en verso oscuro,

firme caudal y nodo.

 

Género al que pertenece la obra: Poesía
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