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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Domingo, 20 de agosto de 2017

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Verano, verano (1991)

Verano, verano, Col. Puerta de Alcalá, Madrid, 1991.

 

Una celebración del amor y la amistad, en sus múltiples vertientes.

 

 

Introducción

Tengo especial debilidad por este poemario, en realidad reunión de muchos poemas escritos en celebración de amor y amistad, que no están nada lejanos entre sí, si son de ley. Y el lector se percatará de mi pudor en desvelarlos, cuando lea que la mayor parte de ellos ¾nada menos que sesenta y ocho de un total de setenta y ocho¾ estaban inéditos en 1991, fecha de la publicación del libro.

 

Lo organicé el libro: la mujer, la familia, el amigo, la naturaleza... En rigor, tal división era innecesaria. Todos los poemas expresan de una u otra forma, mi convicción, verbalizada más tarde en un dístico, de que "sólo amor y amistad  / van más allá del tiempo". Esto es: solo nuestra entrega a los demás justifica la propia vida.

 

El resto es "bárbara lisonja y vanìdad". Y esto lo escribí en 1952.

 

 

Ocho poemas

 

 

                         La mujer

                         (1991)

 

                                   Quien ha pensado lo más hondo, ama lo más vivo.

                                   Hölderlin

 

Recuerdo que subía algunas tardes por la amada cuesta que lleva al barrio de Metz, en Atenas, el alma a rastras, solo y triste de solemnidad, con alguna muchacha amable al brazo.  Porque no es en la frecuencia de las mujeres, sino en la univecidad de la mujer, donde el hombre se hace y se deshace.  Y eso ocurre en la suerte del hallazgo singular, no en la muchedumbre de los encuentros; no en el tanto recibir sin dar, como en el mucho dar sin nada esperar a cambio.  Que el que dio, será dado.  Hölderlin y yo lo sabemos.

 

Amada-tornasol  

(1980)

 

Ella vino, y me amaba:

corinto era su voz.

 

Como de madrugada

fuimos hambre los dos

(cuando el aire aclaraba

y ardía el ruiseñor).

Ay, amiga, qué ingratas

mis aguas ahora son,

qué serias mis almohadas,

qué torpe mi calor.

 

Rosa, turquesa, blanca

mi amada-tornasol.

Cabe la flor de jara

su malva me arropó.

 

Ella se fue, y lloraba

mi ciego corazón.

 

 

                         La naturaleza       

                   (1991)

 

                      Todo fluye eternamente, como este río, sin pausa, día y noche.

                      Confucio: Lun Yí

 

Al agua, y a la arena, y a los mil insectos y los aromas mil de las tardes de otoño; a la azul madrugada, a los peces en la espuma del torrente, a ellos me debo.  Porque sólo tras el pálido temblor de las hojas del bosque, apenas en la majestad de la montaña, los humanos se encuentran con su propia esencia, y con esa implacable reina de la vida que es su alma. En este río que eterno fluye, desde las mesetas que auscultó Confucio, encontramos nuestra segura barca, a veces extraviada en el laberinto del asfalto.

 

Pájaros

(1983)

 

Vuelan ya los pájaros

buscando la nube.

Un hilo caliente

de vida los une.

 

Después de la lluvia

su milagro surge:

llaman a otros tantos

que a su vuelo sumen.

 

¡Qué recta delicia

que nadie les culpe!

El ojo brillante

y las alas dulces.

 

Sobre la montaña

-donde nunca estuve-,

¡cómo les deseo

que un tanto les dure!

 

Nacen flores blancas

allí, donde suben.

Y a traición, la pólvora

su vida consume.

 

 

                         El amigo

                         (1991)                                 

                     

                                    Un corazón alegre genera una actitud animosa; pero con la pena

                           del corazón se quiebra el espíritu.

                           Salomón: Proverbios

 

Vinieron y marcharon, mas a pocos olvidé.  Mujeres y hombres maravillosos que me dieron su bien más puro e irreemplazable: su afectuosa compañía, su tiempo único, en suma. ¿Cómo, pues, pedirles además consejo, ayuda y aun dinero?  Sólo el más feroz egoísta deseará extraérselos, exprimirlos como a pasa de Corinto, 'porque para eso es el amigo'.  Salomón los habría dividido en dos mitades con la espada; yo, simplemente siento su avaricia desmedida, y me niego a imitarlos: es el amigo un bien precioso, que debe cuidarse como la flor de la memoria que es.

 

Levantadas sus ansias

(1988)

 

                         Para Jacque Canales, por La Rioja.

 

Levantadas sus ansias,

trasnochando sus mínimas

dudas frente el poema, sus deseos

de triunfar sobre el tedio y la costumbre,

ella, mi amiga Jacque,

infalible, gozosa prometea,

va del hilván al verso, de la hornilla

a la increíblemente tarda

máquina de escribir.

 

Eterna compañera

de la Xerox, la Kodak y el correo,

abre rutas extremas a esos díscolos

animalillos que son los adjetivos,

lo hermético, la anáfora.

 

Y en su larga partida contra el futuro incierto,

son sus triunfos

la búsqueda,

                     la gracia,

                                     la ternura.

 

 

                         La vida

                   (1991)

 

                               Una lucha directa de la voluntad pura contra las potencias impulsivas 

                               es un imposible; intentar esa lucha no es más que excitar a esos

                               impulsos a seguir su propia y exclusiva dirección.

                               Max Scheler: El puesto del hombre en el cosmos

 

Uno comienza -o cree que comienza- a aprender cómo vivir cuando el tiempo de hacerlo se empieza a agotar.  Quizás es bueno que así ocurra.  Porque la agridulcedumbre del fracaso, del desengaño, de la desolación y de la impotencia son parte de ese vivir.  Y si bien viviste, de lo otro, de la llamada 'felicidad', obtendrás de seguro tu medida.  Lo suficiente; que más sería pecado de gula. En esos impulsos que se cumplieron, a pesar de la voluntad, estaban las semillas de las intensas horas de infortunio, que tanto alimentan nuestro insomnio.  Y eso no lo supo nunca Max Scheler.

 

Desafío

(1989)

 

 

Se incorpora del suelo

(donde apenas

ha dormido unas horas)

exhausto, enronquecido

de gritar,

de repetir consignas

en Tiananmen.

 

En torno suyo,

cientos de compañeros

duermen, sobresaltados,

sobre las piedras tibias

de Tiananmen.

 

Los ojos contra el sol,

ve pancartas, banderas,

muchachas y muchachos,

y olvida el desaliento

de estos días -a veces-

en Tiananmen.

 

Un fragor ominoso

sube por la avenida:

dos docenas de tanques

llegan hacia los niños.

No lo piensa:

da el alto con su cuerpo.

Wang Dan, muralla viva

de Tiananmen.

 

                          La poesía, el arte

                          (1991) 

 

                                     Amigo mío, observar e interpretar nuestros propios sueños es

                                     hacer poesía.  Créeme: el más auténtico delirio del hombre es el

                                     que sus sueños le muestran.  Toda la poesía no es sino una

                                     interpretación de los sueños verdaderos.

                                     Richard Wagner: Los Maestros Cantores, acto III

 

Vivir en lo incierto de la lengua, "vivere pericolosamente" -que dijera D'Annunzio- tras la magia y la metáfora, amar ese temblor mientras se busca la palabra precisa: eso es ser poeta.  Leer lleno de celos, encelarse en el segundo terceto, terciar con pedantería en la discusión sobre Mallarmé: eso no es ser poeta. Escuchar el vuelo de los átomos, husmear en las fronteras de lo inverosímil, enlazar sabia y como descuidadamente áreas inesperadas del lenguaje: eso es hacer poesía.  Y soñar, soñar mucho; que Wagner velará  nuestra vigilia.

 

Despiértate, pueblo 

(1981)

 

Despiértate, pueblo,

que llegan poetas

que hay una tierra

para abrir sus fuentes

en tu boca seca.

 

Poetas que traen

en su verso nuevo

luz a tu tiniebla,

fronteras al tiempo.

 

Pueblo amigo, dime

si aún vive en tu alma

aliento de ayeres,

aire de mañana.

 

Porque los poetas,

sangre de tu sangre,

lloverán palabras          

que hay una tierra

sobre tus eriales.

 

Dime, pueblo mío,

si en tu oscura noche

un rincón espera

luces de los hombres.

 

Vienen tus poetas:

llevan en sus cantos

el dolor divino

y el placer humano.

 

 

                         La familia

                         (1991)  

 

                                 Muchos olvidamos que lo esencial de la relación entre padres e hijos

                                 es la transmisión de conocimiento. Algunos creen que es el amor, otros

                                 que es el control. Pero puedes dar a un hijo tanto amor como pueda

                                 absorber y al tiempo hacer de él un idiota incapaz de enfrentarse con el 

                                 mundo.

                                 Gilbert Highet: El arte de enseñar

 

He sido padre varias veces, y ninguno de mis hijos se educó conmigo.  En las noches me atormenta la idea de que no he podido cumplir con la más alta obligación a que empeña la paternidad: enseñarles, o al menos mostrarles, mi personal experiencia en esos meandros escurridizos y a veces lamentables por los que el vivir discurre, a través de los estudios, el otro sexo, el empleador, el desprecio controlado hacia el dinero.  Ah, si Highet me hubiera ayudado en su momento, con una breve charla, o al menos con una llamada telefónica a sus madres...

 

Hijos

(1990)

 

Ellos abren los brazos

a la vida, a los sueños

que amanecen brillantes.

Y te colma la euforia.

 

En tus momentos lúcidos

quizás los ves, absorto:

¿son fuente permanente,

o accidente de vida?

 

Amanecen sus ojos

a ilusiones ajenas.

O te los llevan patria,

olvidos y quehaceres.

 

Eran sus manos  vidas,

sus ojos claros, tiernos.

Te persiguen y llaman

en las noches de insomnio.

 

Ellos corren afuera,

sin mirar a su espalda:

les aguarda la vida,

no importa lo que lleve.

 

Melancólicamente,

te van llegando horas.

Ya eres sombra en sus vidas,

algo que fue y se ha ido.

 

No importa; del futuro

volverán tus palabras.

Quizás ellos recuerden.

O quizás no las oigan.

 

 

                         Dios

                   (1991)

 

                                  El arte no mira más allá de sí mismo para -en más alta instancia-

                                  mirar hacia Dios, porque la mirada del arte es mirada de belleza, es

                                  mirar la Belleza, Dios.

                                  Pedro Antonio Urbina: Filocalía o Amor a la Belleza

 

Ahí, delante de nosotros, rodeado de su silencio que clama, inflexible en su ser como es.  O detrás, o arriba.  Pero manantial de lo puro, lo perfecto.  De la belleza, en suma.  Que "kalós" fue para mis abuelos griegos igual a 'bello' y a 'bueno'.  Pero, qué despacio reconocemos esa exigencia última.  Qué pereza -resto de la rebeldía de Luzbel- en nuestro mirar de soslayo a esa Luz que llena, que colma, aunque nos exija tanto.  Urbina lo llama 'filocalía'.

 

A la Cruz

(1990)

 

Del cuerpo de algún árbol, con madera

-fresno, roble, castaño, quizá encina-

de dura fibra y pálida resina,

te alzaron, viernes gris de primavera.

 

Perdonando perpetua al hombre-fiera,

tus brazos testimonian la divina

compasión por un ser que desatina,

que no encuentra su paz ni su frontera.

 

Cruz que fueras imán de sacrificio,

de la entrega al amor más firme y alto,

¿cómo ante ti ceder al mal, al vicio,

 

a la atrición en que ardo y me confundo?

Préstame, Cruz, tu fuerza para el salto

final que me arrebate de este mundo.

 

 

                         Homenajes

                   (1991) 

 

                                 Aun con la mejor voluntad del mundo, nos es imposible incluir a la

                                 muerte entre las propiedades de un ser vivo.

                                 J. Von Uexküll: Teoría de la Vida

 

No es justo, venimos a decir con nuestra impaciencia, con nuestro rostro duro ante la muerte.  No es justo, pero ella llega puntual a cada encuentro, y no se va sin compañía.  Aunque sea con la de los mejores, los insustituibles.  Los que son en el mundo como los cipreses: altos, precisos, únicos.  Así, nuestra desolación ante su ausencia.  Así, nuestro planto que intenta perpetuarlos.  Y que Von Uexküll nos perdone.

 

Paseo Marítimo, 29D

(1981) 

 

                  ¡Sea la tarde para el Sol! (Jorge Guillén)

                  Málaga naufragaba y emergía (Manuel Alcántara)

 

Jorge y azul y mar, y mar de nuevo.

Bajo la transparencia, coral rojo.

La tarde se disuelve en el remojo

continuo de la luz. (Apenas llevo

 

la cuenta de las olas). Un efebo

salpica las arenas. Y en el ojo

maligno del radar, un aire flojo,

templado por la brisa, un aire-huevo.

 

El maestro su Málaga recrea

¾a Manuel naufragaba y emergía¾:

azul y sal y luz y la marea.

 

(La flota amenazante se desvía,

perdí la cuenta al fin; un rey: "¡Arrea!").

Y tarde y Sol y Jorge en la bahía.

 

Género al que pertenece la obra: Poesía
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