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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Viernes, 28 de abril de 2017

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La luz y la sombra (1965)

 

La luz y la sombra, Col. Poesía Nueva, Ateneo de Cali, Cali (Colombia), 1965; traducción al griego, To fos ke i skiá, Bruselas (Nélgica), 1975.

 

La primera edición de La luz y la sombra se presentó en la Librería Nacional, Cali (Colombia), en 1965.

 

Xeni María ("Marimina") Moustaka hizo una traducción del libro al griego moderno, que apareció en Bruselas, en 1975, como To fos kai i sk.

 

 

Introducción

 

Mi primer libro de poesía publicado se preparó bajo la influencia de mi experiencia poética en la "tertulia-taller" de poesía (1962 a 1965) del Ateneo de Cali, que fundé en 1960 como grupo de teatro y que evolucionó hacia más actividades culturales.  Época importante, pues me permitió entrar en contacto con otros poetas -algo que jamás había hecho-, iniciarme en la crítica, leer poesía sistemáticamente y hacer un primer lúdicro experimento de "juicios de poesía", que iban a durar varios años. Dice la contraportada:

 

El contenido de este tercer libro de poemas de Ruiz de Torres  (...) tiene por denominador común el amor y la amistad. Las dos partes de la obra reflejan la dualidad temperamental del autor, introvertido en su poesía y lleno de enérgica actividad en su vida de relación.

 

Aunque eso rece en el poemario, que sea el "tercer libro" de poemas es una verdad a medias; si fue el primero en publicarse, no cabe duda de que es el "primer" libro. De los anteriores, "Diecinueve años" nunca se publicaría, y Un camino al futuro, publicado en 1975, estaba en 1965 lejos de tener forma y contenido definitivos. 

 

Muchos de estos poemas, en los que ensayé temas y formas compositivas, han reaparecido luego en otras publicaciones, en general con variantes; aquí se muestra la versión que considero final. En el índice, la fecha es la de su primera composición.

 

 

Ocho poemas 

 

 

Balada de la luz, 1 

(1954)

 

Luz.

         Canción

vibrante y vaga

del Sol en el azul.

 

Y en lo alto de los cielos, más allá 

de las nubes de plata,

un vencejo brillante

mira hacia la tierra.

De la altura,

mortal, vertiginoso,

se lanza hacia la selva

¾verde y negro en el hondo del abismo¾,

vigilante e inquieto.

 

Como piedra hacia el agua

turquesa de los lagos himalayos,

surca el aire y cae, cae siempre

-apenas si le alcanzan

los rayos que acarician en el parque

la estatua de escayola

cubierta de verdor-.

Las hojuelas de hierba,

los pequeños insectos, los granitos de arena,

se ocultan en la sombra.

 

Después, abierto el valle,

la hojuela, los insectos,

la selva,

penetra el pájaro silbando.

Un sordo, rumoroso himno gigante

salido de los montes,

del valle, de la hojuela, del insecto,

de la selva profunda, negra y verde,

saluda al pajarillo.

 

Y encima

luz.

Canción brillante y clara

del Sol en el azul.

 

  

Gaudielas

(1955)

 

¡Ay, amor, que no estás!

 

Del prado verde

-mil sombras blancas-

son las violetas

que hay en tu cara.

 

Al viento triste

tu risa hermosa.

La risa vaga

que hay en tu boca.

 

¡Ay, amor, que te vas!

 

En una noche

¾mil sombras negras¾

con amapolas

voy por la vega.

 

Y tú te alejas

siempre riendo,

con pasos leves,

pasos de viento.

 

¡Ay, amor, que te irás

y no te veré más!

 

 

En todo este tiempo que ha pasado 

(1958)

 

En todo este tiempo que ha pasado

después de aquello nuestro,

no sé si estuve vivo, dormitando,

o simplemente muerto.

 

Sólo sé que tu imagen se marchaba,

que toda tú te ibas

al igual que la niebla se levanta

al Sol de mediodía.

 

Hasta hoy, que en las sombras de la tarde,

en una de tus cartas,

el hambre antigua ha vuelto inevitable,

y sé que me haces falta.

 

En este largo, oscuro laberinto,

después de aquello nuestro,

no puedo recordar que haya latido

mi corazón desierto.

 

 

Sol 

(1958)

 

¡Eh, tú,

Sol redondo y luminoso,

amarillo queso, harto

de luz!

 

Soplas, riendo, tu fuego

cada día

y lanzas un grito sobrehumano

cuando, siguiendo la costumbre,

te despeñas en la tarde tras el monte.

 

¿Qué eres?

¿Quizás el fiel reflejo

de nuestra vanidad?

¿O una casual linterna que colgaron

antiguos peregrinos

por nuestro rincón oscuro en la Galaxia?

 

¡Qué lástima que seas rubicundo!

Podrías, tal vez, de ser moreno

-o incluso pelirrojo-,

obtener un permiso

para aparcar de vez en vez el carro,

como los labradores

o como ese cochero

que pasa por las tardes debajo de mi casa.

 

Mas sólo eres gordo y luminoso.

Un amarillo queso, fatuo

de luz.

 

 

Tus manos

(1961)

 

Tus manos en mis manos

un instante han buscado su calor.

Y un instante enlazadas firmemente

¾unidas por la suerte¾,

se han hablado sin voz.

 

¿Qué historias se han contado?

¿Qué conjunción, qué vínculo secreto

ha nacido entre ellas, que más tarde,

en su adiós entrañable

temblaron un momento?

 

No importa la mañana,

que yo parta, o que sigamos juntos.

Solamente ese instante irrepetible

en que latió una virgen

ilusión de amor puro.

 

 

Amada

(1964)

 

Amada,

lo que busco está en ti:

lo bello,

lo ardiente,

lo eterno.

 

Amada,

ojos para mi ceguera,

una piel para mi sueño,

dedos para mis arrugas,

fiebre para mi recuerdo.

 

Nada son distancias

en nuestro desierto,

si sé que me esperas,

si sabes que espero,

¡amada!

  

 

Virgen necia

(1957)

  

Virgen necia, virgen loca,

soñadora de milagros.

 

Deja que tu lengua roja

venga a abrasarme los labios;

 

tus dientes sobre mis dientes

deja que se abracen; deja

 

que resbalen estas manos

sobre tus senos en fiebre.

 

Virgen loca, virgen necia,

de virginidad de barro.

 

 

Debajo de mi mano

(1958)

 

Debajo de mi mano una caricia

que tú dejaste fuera.

Una caricia que soñé crecida

sobre tu piel abierta.

 

Que no pude sembrar en ti aquel día

¾tiempo de primavera¾

porque tú te negaste a recibirla,

besana no despierta.

 

Una caricia larga, estremecida

por mil siglos de espera.

Vibrante de emociones contenidas

mas de ilusión incierta.

 

Y ahora, que tu tarde necesita

de luz y de frontera,

debajo de mi mano, la caricia

se me ha quedado muerta.

 

 

Género al que pertenece la obra: Poesía
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