Biblioteca Complutense

Medallística: Oficios puestos de relieve

Aula de medallas

En nuestra sociedad el buen hacer se ha desplazado por la novedad en el proponer y la dedicación atenta por la inmediatez, razones por las que los oficios no encuentran en ella demasiado predicamento.
Al mismo tiempo, la habilidad necesaria para su desarrollo es considerada un distintivo  menor propio de pacientes desocupados, una discreta pérdida de tiempo.
Si estos oficios, además, atienden a la escala reducida podemos pensar que sus intenciones se parecen a los delicados matices con que se adornan esos pequeños machos de crustáceos que tienen hembras sin ojos. Un aparente absurdo, dada la visibilidad de los colosales desarrollos actuales.
Pero precisamente, por todo ello, para algunos tienen un particular encanto. Realizan su propia revolución:
Reivindican la paciencia en nuestra acelerada sociedad a través de numerosas horas para su aprendizaje y cuantiosas experiencias en su desarrollo.
Exigen atención plena, donde cuerpo y alma se unifican expresándose en un único gesto, consiguiendo gracilidad, sencillez y rotundidad.
Invitan a la comprensión de la materia de la que se ocupan y gracias a ello amplían la sensibilidad hacia otros oficios igualmente delicados o precisos.
Y no nos engañemos, quien no crea en la eficacia e impacto de su pequeña escala, es que nunca ha dormido con un mosquito en la habitación.
Los oficios, como todo, han evolucionado necesariamente. Los desarrollos industriales cambiaron totalmente su perfil con la intervención de la máquina como intermediaria ineludible. Pero fueron especializaciones, como la de la máquina reductora para el troquelado de las medallas, que aumentaban el alcance de lo pretendido, otorgando a la mano medios para llegar más lejos y con mayor precisión.
El mayor cambio en su esencia lo ha ocasionado la revolución digital acelerando exponencialmente el mundo, saturándolo de información, convirtiéndonos a todos en entendidos. El hágalo usted mismo ha devaluado el oficio, rebajándolo en muchas ocasiones a facsímil.
Porque el término digital, del latín dígitus, correspondiente a los 10 dedos asociados con los 10 dígitos en el sistema numérico, nada tiene que ver con los dedos sensibles y experimentados aplicados a los oficios. Se refiere a cifras o acaso dedos para teclado y pantalla –tableta, móvil, ordenador- sin la diferenciación de las técnicas de cada uno de los oficios, con su utilidad y hábitos asociados a ellos.
Los oficios van desaparecido sin darnos cuenta, calladamente, siendo sustituidos por programas insertos en ordenadores. Están muy asociados al término artesanal y dentro del gremio de los artistas ha sido empleado de modo despectivo. Para mí, por el contrario, la palabra asocia la salud al arte, queriendo subrayar la importancia para el desarrollo completo del ser humano de todos sus aspectos, el corporal y el intelectual, así como del tiempo necesario para acompasar estas dos vertientes.
Podríamos ser tan rápidos como los vencejos o los guepardos, tan pacientes como las tortugas o tan gráciles como los felinos, pero no lo somos. Tenemos nuestros modos y nuestros tiempos para adecuar los movimientos corporales a los intelectuales y viceversa. El artesano cuida de esta simultaneidad y unicidad, otras artes pudiera ser que desarrollaran excesivamente una vertiente en detrimento de la otra.
De los llamados oficios artísticos, en unas ocasiones son arte y en otras no. Pero, al menos, si el oficio es bueno, el resultado funcionará en alguna dirección, si además es Arte, a la humanidad entera se le habrá desvelado algún misterio. Es verdad que sería conveniente en ocasiones que la inspiración ocultara más el oficio, pero si la habilidad es importante y, como corresponde al terreno artístico, empleada de modo desinteresado resultará siempre un bello espectáculo.
Como afirmaba el biólogo Jean Rostand, por medio del esfuerzo las cosas se hacen mejor de lo que se puede.
Es curioso que todas las Artes – música, danza, literatura, arquitectura… – requieran del conocimiento previo del oficio para su interpretación. Solo las llamadas artes bellas, quizás a partir de la intervención Duchampiana, sean las únicas que afirman no necesitar del oficio en el momento que niegan la interpretación como finalidad artística.
Pero en esta ocasión, presentamos una exposición de Medallística que versa sobre los oficios. Oficios que aparecen bellamente documentados en magníficos ejemplares de ediciones antiguas que celosamente cuida nuestra Biblioteca Histórica. Ejemplares únicos que tratan sobre los oficios y son una buena muestra ellos: escritores, grabadores, impresores, encuadernadores, editores y un largo etc. Y estos numerosos oficios recogidos en cada ejemplar se encuentran en el punto de mira de otro oficio, el de la Medallística, en ocasiones Arte y que en esta ocasión juega a dialogar con todos aquellos que paciente, atenta, delicada y minuciosamente, nos comunicaron sus ideas, costumbres, técnicas y estilos a través de su bien aprendido oficio.
El aprendizaje de la Medallística curte y marca carácter a quien lo practica. Todo el esfuerzo realizado –que es mucho- tiene como finalidad conseguir lo necesario en nuestro oficio: corazón, habilidad y descaro. Oficios puestos de relieve a través de la Medallística con mucha sencillez en el alma y bastante aderezo en el estilo.
 
Consuelo de la Cuadra
Comisaria de la Exposición