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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Martes, 25 de julio de 2017

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La soga al cuello

Argentina, año 2022.

-El viaje en el tiempo -decía el joven profesor Hirsh, que enseñaba física cuántica en la Universidad de Buenos Aires a su nutrida y atenta clase- es teóricamente posible. La teoría de la Relatividad...

Mientras daba la clase, no notó que una misteriosa figura se introdujo furtivamente al salón. Se trataba de un hombre de poblada barba y de brillante calva, algo regordete, que vestía un traje negro.

El timbre resonó haciéndolo finalizar la clase, sus estudiantes se levantaron de sus asientos mientras él recogía los papeles de su escritorio.

-¿Profesor Alberto Hirsh? -preguntó aquel sujeto aproximándose a su escritorio con un notorio acento alemán.

-Sí.

-Permítame presentarme, mi nombre es Erich von Horbinger, y soy representante de una asociación científica privada llamada el Instituto Frankenstein.

-Curioso nombre...

-Es un apellido común en Alemania. Quisiera hablar con usted... en privado.

-Vamos a mi oficina -dijo él y en instantes se encontraban dentro de la desordenada oficina del académico, repleta de innumerables libros y revistas de ciencia. Hirsh removió algunos volúmenes de las sillas lo que les permitió sentarse. -¿Qué puedo hacer por ustedes?

-Bueno, Profesor -continuó von Horbinger- hemos leído su trabajo, especialmente sus teorías sobre el viaje en el tiempo y nos encontramos maravillados. Ciertamente es una labor digna de un genio.

-Gracias.

-Es por esto que el Instituto Frankenstein y las Naciones Unidas me han autorizado para rebelarle la verdad.

-¿Y cuál verdad es esa?

-Que el viaje en el tiempo es más que hipotético, ya ha sido realizado.

-¿Perdón?

-Como lo escucha, profesor Hirsh. Diferentes países han avanzado en la temática y las Naciones Unidas tomaron cartas en el asunto para evitar que fuera utilizado con fines militares desde el 2016, pero se ha mantenido en secreto por razones de seguridad. Los gringos descubrieron la forma por accidente en 1943 y desde entonces muchos científicos se han abocado a la tarea pero... aunque somos capaces de viajar en el tiempo mediante lo que llamamos la Esfera Takamura (bautizada así en honor a su inventora) no podemos controlar la fecha o lugar exacto del salto, solo podemos viajar aleatoriamente. Creemos que usted ha dado en el clavo para resolver el tema gracias a su teoría del doble agujero de gusano y queremos ofrecerle un cargo en el proyecto.

-Miren -amenazó Hirsh- si esto es una broma de unos estudiantes les aseguro que los involucrados van a ser expulsados...

-Profesor Hirsh ¡por favor! -intervino- entiendo su escepticismo pero esto es muy serio. Podemos estar a las puertas de una nueva sociedad humana y de una comprensión del universo muy diferente.

-De acuerdo... de acuerdo... Supongamos que lo que usted dice es cierto. ¿Qué tengo que hacer?

 

Hirsh fue llevado en un jet privado hasta Alemania, a la sede mundial del Instituto Frankenstein, un enorme complejo de edificios con bastos laboratorios y recintos de investigación ultrasecretos.

Tras atravesar las estrictas medidas de seguridad llegaron hasta el Área del Proyecto Welles, bajando varios pisos hasta el subsótano. El espacio estaba perfectamente iluminado por luces fluorescentes y acondicionado con un aséptico aire acondicionado.

En una de las instalaciones se localizaba un hangar de unos 10 por 20 rodeado por tres paredes de concreto y un vidrio blindado perfectamente translúcido desde el cual los científicos monitoreaban todo a través de cámaras de video desde todos los ángulos y unas complicadas consolas. Dentro del hangar había una extraña esfera como de seis ó siete metros de diámetro.

-Bienvenido, profesor Hirsh -le dijo una joven de unos veinte años de cabello rizado y vestida con un uniforme negro- mi nombre es Carolina, y soy compatriota suya.

-Mucho gusto -respondió Hirsh.

-He leído su trabajo -continuó ella- y es realmente brillante. Sin duda es usted un hombre muy inteligente. Llegó muy lejos siendo tan joven.

-Gracias.

-Carolina fue recientemente ingresada al proyecto -explicó von Horbinger- y se ha destacado como una de nuestras mejores crononautas. ¡Pero bueno! Solo hay una forma de que usted se convenza de nuestras palabras -dijo el alemán mientras comenzaba a accionar comandos en las consolas. -Acompáñelo por favor, Carolina.

-Por supuesto -respondió ella y mediante lo que parecía ser un complicado aparato electrónico que fungía como control remoto accionado por Carolina, la Esfera abrió sus compuertas dejando un espacio abierto para el ingreso de personas a su interior. Ella tomó de la mano al profesor Hirsh llevándolo hasta el interior del hangar. -Haga todo lo que yo le diga, Profesor. El viaje es perfectamente seguro pero existen riesgos una vez que hayamos llegado al destino secundario.

Atónito, Hirsh ingresó con Carolina al interior de la Esfera que no era esférico por dentro, sino más bien cúbico, acondicionado con asientos, cascos, un elaborado sistema de cómputo, así como compartimentos donde se guardaban máscaras de oxígeno, medicamentos, pistolas y municiones, etc.

La compuerta se cerró. Hirsh tragó saliva y se acomodó en uno de los asientos abrochándose los cinturones de seguridad. Carolina hizo lo mismo pero sentada al frente de la consola y se comunicó mediante el sistema diciendo:

-Control de navegación, aquí la Esfera, estamos listos.

-Entendido Esfera -dijo von Horbinger- pueden partir.

Desde afuera podía apreciarse cómo la Esfera súbitamente comenzaba a destellar luz nacarada y luego era engullida por un círculo de energía que la hacía desaparecer dejando como vestigio solo una humareda, pero por dentro nada de esto era perceptible, el viajero sencillamente perdía la consciencia por algunos instantes después de ver un cegador flash de luz azulada.

Hirsh abrió los ojos. El interior de la Esfera no había cambiado en nada. Carolina se encontraba revisando la información en el monitor.

-¡Asombroso!

-¿Qué sucede?

-Las temperaturas externas son muy elevadas, aunque soportables para el ser humano. Se detecta una actividad volcánica cercana. ¿Será posible? Tome, póngase esto -dijo entregándole una máscara de oxígeno similar a la que ella se colocó. Las compuertas se abrieron y ambos salieron. La Esfera había reaparecido en una especie de pantano y las cálidas aguas les llegaban a las rodillas. Estaban rodeados por un paisaje tropical de selva con infinidad de plantas y helechos sin flores, una cordillera que serpenteaba a lo largo del horizonte de entre la cual sobresalía un enorme volcán activo y expulsando una humarasca pero, más sorprendente aún, era la gigantesca manada de saurópodos de cuello largo que pastaban tranquilamente muy cerca de ellos trasladándose en las tierras cenagosas y alimentándose de la arboleda. Las bestias eran como de doce a catorce metros de altura y pesados como un autobús, tenían un color pardo y emitían un curioso hedor muy difícil de describir pero que era entre acre y dulzón.

-¡Dios mío! -expresó Hirsh- ¡Madre mía! ¡Esto es increíble!

-Según la computadora retrocedimos 95 millones de años, nos encontramos en el Cretácico Superior. Nunca habíamos retrocedido tanto en el tiempo... somos los primeros humanos que viajamos tan atrás en el tiempo.

-¿Por qué las máscaras? Pensé que abría oxígeno suficiente para que un humano respirara en esta época...

-No es por eso, es porque no sabemos qué agentes patógenos puedan existir en el ambiente. Si nos contagiamos de algún bacilo desconocido por la ciencia y lo llevamos al siglo XXI podríamos provocar una epidemia mortal pues no tendríamos anticuerpos para combatirlo.

-Entiendo. Y dice que nunca se había viajado tan lejos en el pasado ¿por qué?

-Pensábamos que no era posible. No teníamos energía suficiente para un salto tan largo, sin embargo pareciera que sí. Espero que no vaya  a afectarnos el regreso... Ese es el gran problema que tenemos actualmente con el viaje en el tiempo, no hay forma de controlar el lugar o la época. Solo podemos saltar al azar sin definir una fecha o lugar específicos.

-Imagino que saltan produciendo un agujero de gusano en el tiempo-espacio, ¿cierto?

-Sí, mediante campos electromagnéticos. Por eso es tan importante la Esfera, porque protege el cuerpo del crononauta, de otra forma sería desgarrado por el electromagnetismo.

-Ahora entiendo por qué me necesitan. Mi teoría del doble agujero de gusano solucionaría su problema.

-Exacto. Si como usted dice hay un agujero de gusano dentro de un agujero de gusano (uno para el viaje en el tiempo y otro para el viaje en el espacio) podríamos determinar la fecha y el lugar calculando la posición de la Tierra en ese momento. Pero requeriría de una ecuación muy elaborada y...

Pero Carolina se interrumpió al escuchar las pisadas colosales y ensordecedoras de una criatura aproximándose. Ambos miraron hacia su franco derecho y contemplaron aterrados cómo un monstruoso carnosaurio, probablemente un gigantosaurio de cinco metros de altura y doce de longitud, con afilados colmillos corría hacia ellos con rostro entre hambriento y curioso. El monstruo tenía la piel de color verde musgo y rayas similares a las de un tigre de color negro para camuflarse en el paisaje.

-¡Pronto! -gritó Carolina- ¡A la Esfera!

En segundos ambos se introdujeron a la estructura y cerraron las compuertas instantes antes de que la Esfera fuera embestida por la criatura haciéndolos girar por entre los pantanosos páramos. Aunque algo golpeados por los giros, una vez que la esfera se detuvo se colocaron dentro de los asientos, se abrocharon los cinturones y Carolina procedió a encender la Esfera.

El carnosaurio se encontraba intentando morder la Esfera incrustándole sus afilados colmillos en la superficie justo cuando esta produjo la misma reacción cuántica desvaneciéndose en ases de luz nacarada. El infortunado dinosaurio sufrió una muerte horrible al ser carbonizado vivo por efecto de la energía producida y en cuestión de segundos cada fibra de su cuerpo se transformó en cenizas.

La Esfera reapareció en el hangar de donde había salido y de ella emergieron Carolina y Hirsh -este último estaba pálido y trémulo por la experiencia.

Sobre la superficie de la Esfera aún quedaban los rastros de ceniza del dinosaurio.

-¿Qué le pasó? -preguntó Hirsh.

-Toda forma de vida que toque la Esfera antes del salto resultará vaporizada por la radiación -explicó ella.

-¿Y bien? -preguntó von Horbinger- ¿Nos cree ahora, Profesor?

-¡Esto es lo más maravilloso que me ha pasado en la vida! -respondió el académico- nunca pensé que vería dinosaurios con mis propios ojos.

-¿Dinosaurios? -preguntó von Horbinger.

-Realizamos el viaje más largo en el tiempo del que se tiene registro -explicó Carolina- al Cretácico Superior.

-¡Así que fueron ustedes!

-¿Qué quiere decir? -inquirió Carolina.

-Los que dejaron sus huellas en la Formación de Glen Rose, en Texas. Es una formación geológica que guarda huellas fosilizadas que datan de hace 95 millones de años y donde de pueden observar pisadas de saurópodos, terópodos, incluso un carnosauio y, para intriga de muchos científicos, lo que parecían ser pisadas humanas. ¡Eso se llama dejar huella para la posteridad!

 

Hirsh se encontraba fascinado y se dedicó a realizar una investigación matemática concienzuda para determinar la ecuación adecuada que les permitiera manipular los agujeros de gusano como un fenómeno doble. Repletó pizarras enteras con cálculos y ecuaciones interminables hasta que veía números al cerrar los ojos.

-¡Eureka! -dijo finalmente y colocó las últimas dos cifras debajo de una raya vertical. Era de madrugada pero quería probar el resultado inmediatamente, así que llamó a Carolina, quien residía en las habitaciones acondicionadas para el personal del Instituto.

-Descuide, profesor Hirsh -dijo ella con voz adormilada- no tengo inconveniente en ir al hangar a probar sus cálculos. Pero no despertemos al resto, bastará con nosotros dos. De todas maneras el viaje es seguro, aun si sus cálculos no funcionaran, lo peor que puede pasar es que yo haga un salto aleatorio de rutina.

Algunos momentos después se encontraba en el hangar de la Esfera para probar su teoría. Carolina se ofreció de voluntaria y se introdujo a la máquina del tiempo.

-Estoy lista, Profesor -le dijo a través del intercomunicador.

-Bien -adujo él- si mis cálculos son correctos las coordenadas que voy a ingresar a los sistemas de navegación te permitirán viajar exactamente al 22 de noviembre de 1915, en Alemania, para escuchar una de las primeras conferencias de Albert Einstein respecto a la relatividad general en la Academia de Ciencias de Prusia, algo muy memorable sin duda.

-Gracias por la oportunidad -dijo ella sonriente y cuando vio que el profesor Hirsh se disponía a iniciar el proceso de salto lo detuvo de inmediato diciendo- ¡Espere! ¡Alto! No he cerrado la compuerta y saltar así me mataría...

-Discúlpeme, Carolina, casi lo olvido.

 Ella oprimió el botón del control remoto y la compuerta se cerró. Los monitores le hubieran advertido a Hirsh que la compuerta estaba abierta, de todas maneras, pero era mejor no arriesgarse. Carolina saltó en el tiempo y reapareció en la Alemania de 1915 con una exactitud cronométrica. Incluso la hora, el minuto y el segundo fueron acertados.

-¡Es un genio! -aseguró ella y luego sus pensamientos se volvieron turbios. Salió de la Esfera, afuera brillaba el sol de la mañana y observó que la máquina del tiempo estaba escondida entre matorrales. Previendo el posible éxito de la prueba, Carolina había guardado un atuendo de mujer de la época entre las dispensas y se cambió el uniforme negro por él. Tras atravesar el ramaje llegó hasta el campus de la Universidad de Prusia con las largas faldas y la blusa blanca de cualquier joven del entorno y llegó justo a tiempo para escuchar al profesor Einstein dando su histórica charla. Tenía un tono de voz pausado y vehemente y ya se notaba su estilo característico de cabello despeinado. Una vez terminada la conferencia muchos de sus colegas desalojaron el salón criticando la teoría que consideraban un disparate, así que Carolina aprovechó para aproximársele.

-¿Profesor Einstein? -le dijo, hablando alemán que dominaba perfectamente.

-¿Sí? -respondió él mirándola amistosamente.

-Mi nombre es Carolina y soy una gran admiradora suya.

-Gracias, es usted muy amable, aunque no veo que tanto tiene que admirar. Mis logros no son nada del otro mundo...

-Aún no...

-¿Cómo?

-Quiero decir que... Sé reconocer a un genio y sin duda usted hará historia. La teoría de la relatividad general pronto será comprobada.

-¿Por qué tan segura?

-Un presentimiento.

-Eso no es muy científico.

-Ya veremos.

-Si gusta podemos hablar más del tema tomándonos un café -sugirió Einstein con rostro de lobo hambriento y tomándole de la mano. La fama de Einstein de mujeriego era bien conocida, y Carolina la sabía, pero no pensó que hiciera sus avances tan rápido.

Justo entonces se escuchó la voz de una mujer aclarándose la garganta a espaldas de Carolina y cuando ella se giró observó a Mileva Maric, la esposa en aquella época del científico, una inteligente matemática serbia. Era joven y atractiva pero de mirada gélida y rostro inexpresivo. Usaba el cabello negro ondulado corto y tenía un bonito cuerpo que cubría con las recatadas modas del momento.

-Disculpe, Señorita -sonrió Einstein nervioso y se alejó rápidamente de Carolina. Mileva comenzó a reclamarle en un alemán plagado de un fuerte acento serbio y la disfuncional pareja salió del salón.

Sin mayores razones para quedarse, Carolina abordó la Esfera y programó los sistemas para que la devolvieran a su tiempo. Sin que nadie pudiera verlo la Esfera desapareció de entre los jardines del campus y reapareció en el hangar.

Para Hirsh habían pasado solo dos segundos. Carolina salió de la Esfera corroborando el éxito de sus cálculos.

-¡Excelente! ¡Maravilloso! -dijo Hirsh entrando al hangar y rozando con su mano la Esfera.

-Siempre supe que usted tendría éxito, profesor Hirsh -le dijo Carolina- nunca lo dudé.

-Gracias, muchísimas gracias -adujo él distraído y pensando en lo que acarrearía para su carrera profesional este éxito. Cuando Hirsh colocó la mano sobre la entrada de la estructura, Carolina aprovechó la oportunidad y accionó el botón que cerraba la compuerta aprisionándole el brazo al científico.

-¡Mierda! -maldijo Hirsh con el antebrazo lastimado por el impacto- ¿Qué le pasa, Carolina?

-Su aporte a la tecnología de viaje en el tiempo ha sido ciertamente importante, Hirsh, pero vendrán otros. En el 2035 un científico de apellido Moraga descubrirá cómo viajar en el tiempo sin necesidad de una Esfera. Con un simple cinturón que genera una burbuja electromagnética estable alrededor del usuario y le permite saltar en el tiempo sin peligro -dijo levantándose la blusa y permitiendo que Hirsh viera un extraño cinturón de un material plateado y misterioso y que tenía una especie de sistema computarizado pequeño en vez de hebilla.

-¿Qué? ¿2035? ¡Usted está loca!

Carolina rió:

-No... créame que estoy muy cuerda. Durante muchos años estuve esperando este momento. ¿Sabe qué es lo más doloroso de ser violada por un profesor? Que nadie te crea solo porque él es un afamado científico y porque tiene muchísimo dinero. Que el cerdo que te violó no pase ni un solo día en prisión por lo que hizo gracias a su fortuna.

-¿Qué...? ¿De que está hablando?

-Usted me violó, Hirsh. En su casa, una noche en que me invitó a repasar las lecciones. ¡Qué tonta fui! Claro, había licor y usted se excedió en tragos y perdió el control...

-¡Usted está loca! Jamás en mi vida la había visto antes de llegar aquí y nunca he violado a nadie...

-No. Aún no. Verá... en estos momentos yo soy una bebé de dos años. Usted me atacará dentro de 16 años exactos cuando ya era un acaudalado científico gracias a sus aportes a este proyecto y daba clases de física por puro narcisismo, mientras yo era una joven e incauta muchacha de 18 años recién ingresada a la Universidad. Como es lógico mi denuncia no prosperó ya que usted usó sus influencias para desprestigiarme.

-¿Usted es del futuro?

-Sí. Fue difícil para mí lograr que me aceptaran en este programa del Instituto Frankenstein. Tuve que falsificar papeles y de todo, pero lo logré.

-¿Qué me va a hacer...?

-Voy a hacer saltar la Esfera en el tiempo -dijo ella con una sonrisa sádica.

-¡No por Dios! ¡Me matará!

-Esa es la idea.

-¡Hay cámaras de video! ¡La condenarán a prisión!

-En cuanto lo haya matado utilizaré mi cinturón crononáutico para viajar a otra época. Solo utilizaba la Esfera para preservar mi identidad encubierta, pero nunca la he necesitado para viajar en el tiempo.   

-¡Se lo suplico, por favor! ¡Yo no he hecho nada!

-Pero lo hará. Lo hubiera matado antes pero necesitaba que descubriera el agujero de gusano doble antes de hacerlo, o el cronometraje del viaje en el tiempo no hubiera sido posible y, por ende, yo no habría podido venir a esta época. ¡Que ironía! Usted hizo el descubrimiento que me permitió a mí, su víctima y su asesina, venir a matarlo. Se puso la soga al cuello...

Carolina salió del hangar y comenzó a utilizar los sistemas de navegación. Una voz computarizada en las consolas le dijo:

-¡Peligro, la compuerta de la Esfera está abierta! ¡Peligro, la compuerta de la Esfera está abierta!

Carolina ignoró la advertencia y oprimió los comandos necesarios y, finalmente, el botón rojo que producía el salto.

Mientras Hirsh gritaba ensordecedoramente e intentaba frenéticamente zafar su brazo de las compuertas, el proceso dio inicio, la Esfera produjo los resplandores nacarados y emitió flujos de energía que transformaron a Hirsh en un puñado de ceniza poco antes de que la Esfera se desvaneciera.

Carolina sonrió. Se sentía aliviada. Como si se hubiera quitado un peso de encima que había cargado por muchos años. Luego encendió la mini-consola en su cinturón crononáutico y esta emitió luces de colores y generó una burbuja electromagnética alrededor del cuerpo de la joven y, en segundos, la muchacha desapareció sin dejar vestigio alguno.

Excepto por los restos de ceniza que ensuciaron el hangar y que solían ser el profesor Hirsh.

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Comentarios - 3

Chicasincera

3
Chicasincera - 3-08-2011 - 03:54:32h

Escritartista, redacta usted claramente. No obstante, el argumento me suena al de esas peliculas que pasan por la television comunmente; un lugar comun, mas bien, una tematica demasiado gastada, a la que han recurrido infinitud de ocasiones, con diversa forma de plasmacion. Respecto al final, no creo que fuese necesario escribir dos veces el destino del "Dr. Hirsh":

 

"flujos de energía que transformaron a Hirsh en un puñado de ceniza", Antepenultimo parrafo.

 

"Excepto por los restos de ceniza que ensuciaron el hangar y que solían ser el profesor Hirsh.", Ultimo parrafo.
(Resultaria mejor escribirlo una sola vez).

 

Esperaba un final distinto; logico, de deduccion a partir del argumento, ya que si el descubridor del "segundo agujero de gusano" muere en el momento del descubrimiento, sin testigos mas que su verdugo, el cinturon de Carolina "no existiria". De modo que hay un error de concordancia; mas bien, falta de concordancia, entre la causa y su efecto.

 

No se, si es idea mia o que, pero antes de publicar un escrito, es necesario releerlo; en mi caso, lo hago mas de tres veces, por lo menos cinco. En la quinta, por lo general, decido si se lo envio a otros allegados para que lo juzguen, o si lo desecho...

Lux Wolf

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Lux Wolf - 31-07-2011 - 00:29:50h

sobre los comentarios primeros, es evidente que fueron escritos por la misma persona; Se escribieron con dos minutos de diferencia, la redacción es similar (usa tres puntos para separar las oraciones en vez de punto o coma, no usa mayúsculas y tiene faltas de ortografía similares), salvo porque uno de los tres está a escrito en caps para disimular evidentemente los tres están escritos por un mismo individuo que aparentemente odia al autor. Me parece que deberían borrar esos comentarios que parecen mas de una ex novia despechada que otra cosa.

poka

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poka - 31-07-2011 - 00:22:12h

Hay que gente mas negativa!! a mi me suena que es pura envidia xq el cuento si esta bueno... y tranqui dany xq fijo son un poco de fracasados los que pusieron eso, ud siga adelante xq habra gente que si valore su trabajo :3


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