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Sarah Waters: Los huéspedes de pago

José Antonio Gómez Hernández 20 de Abril de 2017 a las 13:20 h

Recién acabada Los huéspedes de pago, de Sarah Waters, me animo a estrenar reseña sobre ella en Sinololeonolocreo. Desde que leí El lustre de la perla (adaptada como miniserie por la BBC con el título Tipping the velvet) me hice fan de esta escritora británica, deseando leer cada uno de sus títulos, publicados todos por Anagrama en su Panorama de narrativas.

Los huéspedes de pago de esta novela son Leonard y Lilian, un joven matrimonio que llega a ocupar las habitaciones en alquiler de la mansión de una familia señorial venida a menos, como consecuencia de la Primera Guerra Mundial. La madre viuda y su hija Frances tienen que renunciar a parte de su intimidad para mantener un caserón deteriorado que no les gusta pero que las ata. Con un evidente dominio del oficio, Sarah Waters nos va introduciendo en el drama con precisión, haciendo surgir el deseo y el amor prohibido, que se verá interrumpido por un asesinato más o menos azaroso que llevará a las protagonistas a un angustioso juicio. Con ello la historia se hace atormentada, cruzándose con el deseo la culpa, el miedo y los sentimientos destructivos. Argumentos para leer casi de un tirón las 600 páginas de una tensión sostenida.

Aunque esta novela es más comedida, Waters en general retuerce los argumentos hasta el extremo, lo que tiene el riesgo de llevar al lector al abandono por inverosimilitud, pero yo creo que merece la pena dejarse llevar. Sus novelas son intrigas folletinescas que tienen de fondo (o en la superficie) el tema de la pasión amorosa lesbiana que ha que aflorar y vivirse de modo clandestino en el contexto de la época victoriana, sus postrimerías y los años posteriores. Es brillante en la narración del deseo, en las reconstrucciones históricas, en la recreación de espacios que resultan claustrofóbicos para las protagonistas, en enredos que pueden acabar en crímenes que persiguen o marcan el destino de los personajes.

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Edward Carpenter. El sexo intermedio

Juan Carlos Suárez Quevedo 11 de Enero de 2016 a las 17:38 h

Este libro se publicó por primera vez en 1908. No se ha editado en español hasta 2015, más de cien años después.

Estos son los datos de la publicación original: The intermediate sex: a study of some transitional types of men & women. London: George Allen & Unwin, 1908.

Edward Carpenter (1844-1929) fue una persona muy peculiar y avanzada a su tiempo, no solamente por este libro, sino por su propia personalidad y por su manera de afrontar la vida. Fue nudista y vegetariano. Además de escritor de poesía y prosa, fue filósofo y un luchador por los derechos sociales, así como un gran activista homosexual. Fue una figura importante en la fundación de la Sociedad Fabiana y en el Partido Laborista. Nacido en una familia de la burguesía británica, siempre sintió más atracción y simpatía por las clases populares, encontrándose "fuera de lugar" entre los de su misma posición social. Tras pasar por la Universidad se unió a la iglesia anglicana, y estuvo muy cercano a lo que se llamaba el socialismo cristiano. Incómodo entre  sus "iguales" se estableció en la ciudad industrial de Sheffield, donde tomó verdadero contacto con la clase obrera, y fue allí donde empezó a escribir poesía. Pero lo que le atraía sobre todo era la vida en el campo y el disfrute de la naturaleza, así que con la herencia de su familia dio rienda suelta a su espíritu libre y se estableció en una granja en Millthorpe, junto con el que sería su compañero sentimental, George Merrill, un hombre de clase trabajadora, veinte y tantos años más joven que él, con quien mantuvo una relación de casi cuarenta años, hasta la muerte de George en 1928 y al que apenas sobrevivió, pues Edward Carpenter murió en 1929, tan solo unos trece meses más tarde. El hecho de que dos hombres vivieran juntos en el campo era un enorme desafío a la moralidad sexual de la época victoriana y también a su estricto sistema de estratificación y separación entre clases sociales. Pese a lo eso, su relación se consolidó y permanecieron juntos toda la vida, si bien siempre llevaron una relación digamos "abierta". Carpenter mantenía la idea de que el amor homosexual tenía el poder de subvertir las barreras sociales, de que en el futuro los homosexuales serían la causa de un cambio radical en las condiciones sociales de los hombres.

 

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