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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Martes, 17 de julio de 2018

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El doctor Kasparov (2008)

El doctor Kasparov en un peculiar psiquiatra que tiene una curiosa forma de entender a sus pacientes...

EL DOCTOR KASPAROV

En la consulta del doctor kasparov se encontraba un muchacho de unos veintitantos años, parecía intrigado, y no era para menos: Las innovaciones en el terreno de la psicología y psiquiatría del doctor eran harta conocidas en el orbe, trataba a artistas de todo tipo, eran exageradamente innovadoras aunque algunos especialistas dudaban de su profesionalidad.
-Bien don Mario, dígame, ¿Ha hecho lo que le ordené que hiciera?
-Sí.
-Bien, pues léamelo por favor-dijo el doctor mientras se apretujaba en su silla y sacaba un bolígrafo del cajón-adelante -insistió al ver que Mario se enrojecía en un principio. Este repuesto, empezó a leer:
‹‹ Lo más interesante de los cines no es lo que vemos sino lo que se deja de ver por una cabeza de techo insaciable, el palpitar de las palomitas del vecino o el romanticismo de unos dedos que se acercan a los tuyos y te interrumpen: pero hija mía si es una película de humor, a qué esas monadas. Y allí, en el asiento de mi nave, por un momento me hubiera abrochado el cinturón, pero no todavía, son los anuncios, más y más.
Esos signos semióticos van en caballos y llevan lazos magnéticos: ¡Cazadores de miradas! Con el dolby aquel, el de más allá, mas bien, porque que yo sepa no sonó ninguna banda sonora, cuando al intentar besar a mi chica por primera vez pisé un truño. Y lo mismo ocurre con las tragedias griegas, pero dónde está la verisimilitud en eso del coro, otro tanto en la ópera, (bueno esta no pretendía serlo). El cine es el séptimo arte, indudable. Una imagen vale más que mil palabras, ¡Más anuncios!››
-Le gusta el cine, bien -dijo esto Kasparov y se inclinó para darle algo- tres pastillas de estas y tome estos libros. Se los lee usted y en quince días nos volvemos a ver, a ver si va mejorando la cosa -
-¿Sobre qué tratan? -preguntó el muchacho muy intrigado.
-Aristóteles, La poética -confirmó Kasparov con rotundidad. Bueno y tome estas entradas para el teatro...
-¿Cree que estoy loco?
-De remate, pero tiene solución, lo importante es que no vea más cine, no es recomendable, ni para usted ni para nadie, tampoco la televisión, ¡vamos!, ¡que entre el siguiente!
Apareció un chico joven, de no más de veinte años, llevaba en la mano derecha un violín con su funda, lo apoyó cerca de un mueble y con el asentimiento del doctor Kasparov se sentó. Inmediatamente dijo el doctor:
-Bien caballero, esto funciona así: usted me lee el informe artístico que le mandé y yo le receto algo -.El chico sacó una hoja del bolsillo y empezó a leer:
‹‹ No sabemos si la música es igual para el universo; el oído, tubería sujeta al tímpano del alma, es diferente según la materia, se reconoce el vuelo de las notas que agasajan el interior. En las carreteras eléctricas se danza y se llora, y se ríe, según el alma que escucha. La piedra, que escucha el terremoto, se abre del quebranto, igual que crecen las olas cuando suena el tifón asesino de voz horrenda. La música ya existía antes de que sonara, se encontraba en la naturaleza, en el cerebro y el corazón; según la estructura del destinatario, sentimos la melodía del universo: ¿quién nos puede determinar que aquel big-bang no era sino el concierto en sol mayor de la vida?
¿Quién podría determinar el tono, las frecuencias y las armonías creadas por ese son
primogéneo? Todo se hizo en silencio... ¡Imposible! ¡Qué canal de aire necesitas! más que el aliento de ese choque de partículas inventando el tiempo en la cuna de las estrellas.
Digo que la luz transporta corcheas, calderones, notas, acordes y estribillos. Digo que hay silencios y que el timbre lo crea el destinatario, pues la música es la misma para todos: para la piedra, la montaña, el astro y el animal no existe el silencio total en la expansión. Si hay movimiento suena la música, nace en las raíces de la luz, dentro del átomo una coral de Viena, o quizás una ópera de electrones magnéticos, y más allá de la masa...los instrumentos, tan pequeños como el quark, y tan rápidos como la luz. La música es un circuito de frecuencias, emanaciones desde el mismo corazón del aire, desde el centro de la tierra, en un rayo de fuego que el sol envía existe una armonía, esa música no está capacitada para el sentido del oído, pero sí la siente la vista, y la presiente la piel, pues del gozo se pone morena››

-Bien doctor, ¿qué le parece?
-Seré sincero, está usted como una chota.
-Me refería a mi prosa.
-Amigo siento decirle que es una bazofia. Pero no se preocupe, siga mis instrucciones que le dejo aquí escritas en esta hoja y viene en quince días -El chico salía algo confuso de la consulta mientras leía la hoja que le había dado el doctor; decía esto:
Lo elemental es esto: Váyase a la playa, a tomar el sol. Por supuesto tome las pastillas que le dejo escritas en el anverso: olvide la música para siempre, puede tocar el violín, en eso no hay duda. Y lo más importante: Léase a Tolomeo, mejorará sin problemas la cosa.

Entró otro chico. Este estaba más pálido de lo normal, puro mármol y con muchos nervios. Se sentó, sacó una hoja de una carpeta que llevaba y se la entregó al doctor.
-Bien, quiere que yo lo lea, a ver... -en el papel ponía esto: ‹‹ Estoy enamorado de un ángel, la amo, la amo muchísimo, amo a Manolo››
- ¿Es muy grave doctor? preguntó el chico trémolo.
-Tiene que ingresar en el manicomio una temporadita - aseveró el doctor muy convencido-Pero no se preocupe, le curaremos, enamorarse es una enfermedad como las demás. Y que no me digan que todos la sufrimos alguna vez, yo no, y además ese nombre... ¿es usted maricón?
-Oiga, sin faltar. A usted no le quiso nadie, amigo... -respondió el chico algo alterado y se fue tan rápido que dejó al doctor con agrias palabras en la boca.


Entró otro hombre en la consulta, de unos treinta y tantos, tenía cara de poeta, era indudable, pero a su vez llevaba la bragueta abierta. La comisura del labio derecho del doctor se movió ligeramente hacia arriba saboreando su sonrisilla esta evidente coincidencia. El hombre se sentó y comenzó a leer directamente, era su segunda consulta:
‹‹ Cansado de no encontrar el alma entre la brisa del mar de mi cuerpo, me la imagino en los rincones del mundo. Hay almas... que aúllan en el arrecife de las canciones para después volverse con la manada y explicar profundidades; otras gozan escuchando al hermano, enardecido del pasado compartido. Hay almas en las hojas de un periódico local
(sobre todo cuando hacen de mantas de un vagabundo) y el lector es llevado en las barcas del mundo, desde el cielo, camino del arroyo de bruma, entre arboledas de nubes, todo recto, ya en un río de aire, ya en el lomo de la aurora, descendiendo en cataratas de humo, para volver después, anochecido, por los andamios subterráneos. Todo es alma, latentes almitas en cada pétalo de una rosa, alma ficticia si digo que la rosa eran labios, que gira como un molino y suelta su aroma en compactos trofeos de perfume, que son el alma de la higiene
y un nova más de lo bien visto. Hay un alma en la mirada brillante de la luna, aunque esta luz
sea prestada. El alma es el beso, la guerra, las estrellas y la muerte pero me pregunto por qué se nos encomendó a nosotros tal misión de conciencia, quiénes somos, quizás los bibliotecarios del universo, que llevamos en nuestras venas los conocimientos, el sufrimiento y las pasiones... Ojalá la conciencia propia no sea más que un engaño del cerebro mal usado por el ser humano››
-Aquí tiene usted caballero-El doctor Kasparov le dio unas pastillas y en la otra mano lo que parecía un libro muy grande.
-¿Y este libro doctor?
-Es la biblia. Le hará a usted falta. Léala dos veces al día y todas las noches dedíquese a los Salmos. Bien muchas gracias. Lo suyo no es grave.

Pasados unos años apareció un artículo en un periódico con el siguiente encabezamiento:
‹‹ Un titulado y experto en filología clásica se hace pasar por psiquiatra gracias a la falsificación de su titulación oficial. Se hacía llamar el doctor Kasparov››

 

Género al que pertenece la obra: Narrativa
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