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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Martes, 23 de octubre de 2018

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Balada de una estrella al caer al mar

Esta es solo la historia de la estrella que cayó al mar, porque son solo canciones lo que palpitan los corazones y son solo sabores lo que destila su amor.
Son solo escenas de la vida de ella y él al ser ellos.
Son solo el sonido de las gaviotas al llegar al faro de luz intermitente sobre su sangre.

 

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Todos los derechos reservados ©

[ESTADO: Borrador]

 

BORRADOR DE BALADA DE UNA ESTRELLA AL CAER AL MAR, SILVANIA FREECELLWIND.

 


 
[TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS]

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LO QUE ENDULZA

SNOW PATROL, MILEY CYRUS, ED SHEERAN Y SIA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CHASING CARS, SNOW PATROL

 

Bajo las estrellas, como ellos, tan eternas.

Comían regaliz bajo la nada difuminada.

Solo ellos, la estrella fugaz.

"¡Acabo de ver una!" Dicen por ahí, pero las voces de sus amigos están muy lejos, muy muy lejos de allí.

Tumbada con la cabeza en su pecho olvidó el mundo: la estrella aterrizó en sus ojos; el Mediterráneo en plena marea.

El tiempo se había parado aquella noche de verano bajo las estrellas, como ellos, tan eternas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

WHEN I LOOK AT YOU, MILEY CYRUS

 

Estaba llorando sobre tu hombro. Su pecho golpeaba el tuyo, agitado, angustiado y herido.

La apretaste más fuerte contra ti. Te dolía verla así.

 

Estabas llorando sobre su hombro. Te habías intentado hacer la fuerte, pero no podías mantenerlo dentro de ti durante mucho más. Sentías que eras una fracasada. Sin embargo, su abrazo lo hizo todo más fácil.

 

Le dijiste que la querías y que no pasaba nada. Solo era un examen. La escuchaste cuando te contó sus penas y te rebatió que no era solo eso.

 

Le miraste a los ojos y te sentiste como en casa. Le volviste a abrazar. Te avergonzaste y le pediste perdón mil y una veces por llorar mientras él te secaba las lágrimas. De pronto, volvíais a ser solo vosotros dos: un corazón que, al ahogarse, el otro volvía a hacer respirar.

 

Era aquella certeza de que nunca iba a estar sola la que le hizo flotar en tu hechizo. La amabas tal y cómo era: suspendiendo exámenes de la autoescuela, con el pelo rizo siempre alborotado y con esos labios que susurraban tu nombre. Tenía unos ojos preciosos. Era preciosa incluso con sus medias de abeja para ir al cine.

Muchas veces te había preguntado por qué ella. Sorprendido, siempre decías "¿Por qué no?"

Y es que erais figuras calidoscópicas y granizo en julio; el rayo que divide los mundos.

 

 

 

TENERIFE SEA, ED SHEERAN

 

Agarrados de la mano ellos caminan. Hace calor, pero el sol les ilumina.

Él la mira.

Ella le mira.

Sonríen como dos bobalicones. Su abuelo ya lo decía: "Quien se enamora no lo nota, pero poco a poco se vuelve idiota".

Ella lleva un vestido blanco y azul con falda de gasa añil y un corpiño que le marca el pecho. Él llevaba puesto su típico sombrero. Forman una bonita y peculiar pareja.

Observan las aves atravesar el cielo, todavía agarrados de la mano. "¡No hay nubes a la vista, capitana!" dice él y ella replica "¡Entonces bésame, grumete!".

Continúan andando y se paran cada dos pasos para asegurarse de que el otro todavía sigue ahí. Son reales: esto es real. Son felices.

Se encuentran ajenos del mundanal ruido cuando ella le canta. Lleva semanas practicando, pero si él hubiese preguntado, lo habría negado. Tenía que parecer casual, tan casual como ellos dos: una coincidencia, un sueño bajo las rocas del mar, una verosimilitud de irreal tejido al tacto tan palpable...

Él la admira mientras canta. Es tan perfecta...

Ella admira sus ojos azules donde cayó su estrella. Es tan perfecto...

Están tan enamorados... Son perfectamente imperfectos.

 

 

 

 

 

 

 

 

MY LOVE, SIA

 

En aquel ridículo momento ellos estaban atrapados en los brazos del otro sin saber realmente lo que estaban haciendo, sin saber lo que iban a hacer. Era solo un instinto animal y primitivo lo que endulzaba sus bocas sedientas.

 

En aquel ridículo momento ella se quitó la camiseta sin saber qué iba a pasar. Ella estaba encima de él, sintiendo la adrenalina por debajo de sus cuerpos.

 

Él, pese a todo, no bajó ni por un segundo la mirada de sus ojos. Colocó sus manos sobre sus mejillas y sintió el calor que emanaba su piel.

 

Ella también le miró, cerró los ojos y se apoyó sobre una de sus manos. Volvió a abrir los ojos y también le cogió la cara entre las suyas. Movió los pulgares a modo de caricia y susurró: "Tienes las pupilas dilatadas" y él dijo, casi sin mover sus labios entreabiertos: "Tú también".

 

Entonces, dejó de sentirse ridícula, dejó de sentirse avergonzada por no saber qué hacer. Dejó que sus olas la arrastrasen a las rocas y pegó su pecho contra el suyo para sumirse en un beso feroz, en un estallar de la marea de sus venas y cuerpos enrollados para fundirse en caracolas.

 

Ella vuelve a oír el susurro del mar cuando la caracola reposa en su oído y vuelve a verse diciendo que sus pupilas están dilatas y vuelve a verle a él, mirándola con más que un simple y lujurioso deseo que la hubiese, de algún modo, hecho sentirse sucia; sino con un amor que erosionaba sus bocas secas, dulces y apasionadas, abriéndose al otro sin importar hacerse arena.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

AGRIDULCE

Radiohead

 

 

 

 

 

 

 

 

 

BLACK STAR

Había empezado el invierno.

Ha empezado el verano.

No importó ni importa la estación: ella pensó y piensa en una estrella antes viva y ahora muerta.

Toma aire, se auto-silencia.

Culpa a la estrella negra, al satélite que les arrastra a casa.

¿Por qué les tuvo que consumir?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PRESENT TENSE

 

Ella estaba envuelta en humos con la música extremadamente alta y un altavoz a su oreja derecha para sentir que estaba borracha cuando solo saltaban las notas en el estómago y los vapores en su cabeza.

Él estaba con ella y con ellos; amigos de ambos.

Era la noche de Halloween, lo cual es tan típico como la fiesta a la que fueron en medio del frío.

Ella era una vampiresa, él era un ser humano corriente sujetando un vaso de cerveza y con los ojos clavados en los movimientos de ella.

La vampiresa bailaba como siempre lo hacía, no sabía si era lo correcto o si era sexy o qué demonios pensarían sus amigos de aquello. Ella solo bailaba: movía los brazos, las manos y los dedos al compás de la música de modo aleatorio mientras meneaba la cadera de arriba a abajo. No sabía si era un baile un tanto hippie o tribal, pero era consciente de que podía verse ridículo.

Él, sin embargo, estaba embobado.

Ella se acercó a él con los ojos cerrados. La música le recorría el cuerpo como electricidad.

Los abrió y le miró en medio de la oscuridad. Siguió cantando y le intentó hacer bailar.

Él no sabía. Ella se rió, pensó que era tierno. Dijo que ella tampoco.

Se besaron.

Él sabía a cerveza y ella hizo una mueca. No bebía.

Él se rió, pensó que era tierno.

Se volvieron a besar y tiraron el uno del otro, apretando los cuerpos y ella le besó en la yugular. A él le gustó eso. La miró, la besó en la frente y se separaron de nuevo para bailar.

Llegaron tarde a casa.

 

Nueve meses han pasado y ellos de verdad se separaron.

Ella vuelve a sentirse sola, piensa que a nadie ya le importa. Él está enfrente, sujetando un vaso de cerveza en la mano y hablando con otra gente. Ambos están rodeados de sus amigos.

Ella ya no siente que sean sus amigos y ella no será una vampiresa nunca más.

La música suena en aquel sótano y todos se han puesto a jugar al beer-pong. Ella les observa y finge una sonrisa.

Él la mira cuando ella no lo hace e intenta no preguntarse si se encuentra bien; después de todo, no es ahora de su incumbencia. Después de todo, a nadie le importa.

Ella se pone a bailar y, aunque siga sin beber, desea sentirse borracha de verdad.

Le mira y se pregunta, sin querer, qué sentirá él cuando la ve bailar como aquella noche envueltos en humo y tinieblas.

Intenta no ponerse a llorar. Cierra los ojos y se ríe. Algunos la miran, parece divertirse.

No habrá beso en la frente esta vez, ni mordida crepuscular. Solo el llanto de aquellos que lloran en su propia oscuridad.

 

Ella volvió pronto a casa.

Él dio otro trago más.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TRUE LOVE WAITS

 

Aquella chica había descubierto hacía ya mucho que el verdadero amor se encontraba esculpido en sus ojos azules de estrella.

Aquella chica descubrió esa noche que el verdadero amor residía en sus empanadillas frías, en sus amateur huevos fritos, en sus suaves labios, en su aroma familiar y en el latido de su corazón cuando ella reposaba su cabeza sobre su pecho.

Aquella chica supo entonces que todo aquello había desaparecido.

Después de que él la acompañase a casa por última vez, de que la besase en la frente por última vez, abrió los brazos y ella le abrazó con el corazón en mil pedazos.

"No te vayas, no me dejes" quiso decir, pero sabía que no podía.

Le dio las gracias por todo entre hipidos y lágrimas.

Salió corriendo a su casa, cerró la puerta y él se fue.

 

Un caluroso mes de julio varios amigos caminaban y pronto dos dejaron atrás a los demás.

Ella parloteaba sobre el romanticismo, Keats y lo genial y revolucionario que fue el movimiento. Él realmente no comprendía por qué hablaba de ello; sin embargo, no le importaba. Le gustaban sus manos pequeñas, su sonrisa loca de gatito, el sonido de campanillas cuando reía y aquel parloteo sin sentido sobre algo que no sabía si entendía.

Ella le descubrió algo desconcertado y él le dijo que era más cubista. Ella fue entonces la desconcertada.

Se rieron.

Él no sabía exactamente qué quería decir con eso.

Llegaron antes que nadie al apartamento y ella se despidió. Él, socarronamente, abrió los brazos pidiendo un abrazo. Ella se hizo la difícil y giró la llave en la cerradura.

No te vayas, dijo el chico.

Ella se volvió, le dio un abrazo y las llaves de su bloque. "Me voy a duchar, dáselas al resto cuando lleguen".

Salió corriendo, cerró la puerta y se fue.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DAYDREAMING

 

Estaba a punto de quedarse dormida, de flotar en un vacío indoloro y perderse entre ideas cuando le asalta a la cabeza el recuerdo de ellos dos en una noche tan calurosa como aquella.

Ambos semidesnudos.

Ambos en la cama.

Ambos sudados.

Casi como ella está ahora en su cama mirando el techo.

Se pregunta por qué le gustó entonces esa sensación que ahora la desgastaba.

 

Abre la ventana.

Ella también lo hizo aquella noche que parece tan lejana. Una mosca le rozó la mano con sus alas al salir de la habitación.

 

Se tiró sobre él haciéndose la despistada.

Se besaron.

Se besaron la boca, el cuello, las orejas, el ombligo, la espalda, las rodillas, las ingles y, conteniendo el aire viciado, el sexo.

No llegaron a más. Estaban cansados.

 

Seguían semidesnudos.

Seguían sudados.

Seguían en la cama.

 

Ella pasa la mano por las sábanas húmedas.

Está semidesnuda, sudada y tumbada en la cama, tal y como estuvo aquel día.

 

"Quiero dormir contigo" dijo.

"Duerme conmigo" dice.

 

La mosca revolotea.

 

Cierra los ojos y no sé queda dormida.

Cerró los ojos y la atrapó el sueño.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los lugares que solían visitar claman su nombre, chillan en idiomas de absoluto silencio.

Aquel fue el banco donde ella se tumbó y bajo el sol le cantó Malibu de Miley Cyrus.

Aquel fue el banco en el que meses más tarde comerían por adelantado las chocolatinas de su recién adquirido calendario de adviento.

No obstante, su relación se rompió antes de Navidad y duró menos que aquellas chocolatinas y que aquel calendario que, dijeron, supondría un buen recuerdo.

 

Ella se muerde el labio, debería tirar aquel calendario. Sin embargo, recorre con la yema de los dedos los huecos que él había dejado en la caja, las ventanitas abiertas, Papá Noel sin corazón... Detiene el dedo y, llorando, se lo lleva a su pecho, también vacío.

 

Todavía se acuerda.

"Será un gran recuerdo" dice imitándole y su mente está muy lejos de allí. Lo guarda de nuevo en el cajón y, con la mirada en otra parte, vive de nuevo la experiencia dulce de aquella tarde en la que pensó que sería feliz.

"Será un gran recuerdo" repite entre sollozos.

 "Será un gran error" susurra su lengua ahora agridulce.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LO QUE AMARGA

TAYLOR SWIFT, RADIOHEAD, BILLIE MARTEN

 

 

 

LAST KISS, TAYLOR SWIFT

 

Parecían bailarines representando la escena del balcón de Romeo y Julieta, deslizando sus pies y sus versos empalagosos a la par que honestos por toda la ciudad de Verona hasta llegar a la casa de ella. "Adiós" susurraban, adioses rozando el envés de sus orejas, cosquilleando en el tímpano.

"Adiós" con miradas juguetonas y de nuevo un "te quiero" con la cara descompuesta en nostalgia y amor.

Se abrazaron y sus corazones salieron de sus pechos para unirse también, un hilo invisible les había atado hace tiempo y ese hilo se hacía cuerda para volverse a anudar.

El nudo marinero apretaba su respiración cada vez que se soltaban y se despedían. Cada vez.

Se querían tanto... ella le quiso tanto, él la amó tanto.

Ella cerraba la puerta de la verja, volviendo a casa a regañadientes y esa cuerda se tensaba y el nudo de alguna forma, subía a sus gargantas y quedaba en sus labios incapaces de no besarse. El nudo volvía a su corazón, ella subía las escaleras mientras se lanzaban besos desde la lejanía y él los cogía. Los cogía.

Ella bajaba de nuevo para besarle y besarle y volverle a besar. Ella subía de nuevo y los besos flotaban en el aire. Al final, no tenía más remedio que entrar a casa y él se iba. Él se iba.

Ella se quedaba observándole desde la ventana hasta que se hacía un puntito irreconocible, después, se tocaba el pecho y su mente decía su nombre con la más dulce de las voces.

 

Aquella noche ellos no pensaron que ese fuese a ser su último beso, no sabían que en menos de una semana el nudo se desharía en él, dejándola presa de su nombre en aquellos labios y ella dejaría de tocarse el pecho al recordarle, apretaría sus labios tal y como él la apretaba al achucharse y cada mañana, al salir de casa, miraría en busca de un beso que él no hubiese cogido porque se sentiría tan sola que necesitaría alguno. Necesita alguno...

 

 

ALL TOO WELL, TAYLOR SWIFT

 

 

Hacía frío.

Ella llegaba demasiado puntual y cuando vio que él también lo hacía, no supo donde esconderse hasta que llegasen los demás.

Él le sonrió. Ella intentó devolverle la sonrisa.

Le preguntó por la universidad y ella le contó que bien, pero estresada como siempre. Se rieron y todo fue, por un instante, como antes.

Dejó de reírse, le dolía el alma melancólica de nuevo.

Siguieron hablando como si nunca hubiese pasado nada; como si ella nunca hubiese sido nada para él más que una amiga.

Se preguntó por que los lobos solo aullaban en sus oídos y cazaban los sueños de sus pestañas cuando intentaba dormir por las noches. Se preguntó si él seguiría haciendo promesas sobre el futuro cuando ella las sentía tan frágiles como sus rodillas de cristal, a punto de caerse y romperse como ellos. Como ellos... Ahora ese pronombre no existía.

La magia había desaparecido, su olor se había evaporado de sus vestidos de junio hacía tiempo. Sin embargo, lo más cruel queda escondido y ella no puede escapar del reflejo de la estrella cuando él todavía se refleja en su mar. "Apágate, apágate, apágame" susurra cuando los lobos desgarran su latir con recuerdos y él va y viene como las olas.

Se supone que ella está bien, pero no lo está en absoluto; ella es un fantasma de sábanas acorchadas. Lo amargo, supone, es que no puede olvidar cuando lo recuerda demasiado bien.

 

 

 

 

 

 

 

BACK TO DECEMBER, TAYLOR SWIFT

 

Vuelve a diciembre, a llorar como hicieron y grita, grita por dentro.

Cada vez que te mira, se tambalea; no puede soportar el peso de la gravedad cuando un día colgó de la luna.

Te ve de nuevo en la buhardilla tirado en el sofá haciéndole hueco para tumbaros juntos.

Discutís por política y ella se levanta. Tú la agarras por la muñeca, rogándole que no se vaya. Ella se suelta sin saber realmente qué la está pasando.

Entonces tú, liebre de Alaska, te vas y ella corre tras de ti. Si hubiese mirado hacia abajo hubiera visto la sangre que derramabas.

Te alcanzó, compungida y avergonzada. Os disculpasteis y te secó las lágrimas.

Tenía la voz entrecortada y no sabía si abrazarte o ponerse de rodillas porque, al fin y al cabo, sabía que hiciese lo que hiciese nada cambiaría. El primer copo cayó aquella noche y viste que algún día no podríais seguir siendo pareja. Ella quiso morir. No mentía cuando dijo que lo sentía.

Fue así cómo la estrella acabó hundida en el mar; el mar que envuelve, retuerce y enfría y, aún así, ella mira y mira. La rosa muere apuñalada por sus espinas y sabe que un tímido saludo y una falsa sonrisa no derriten la herida.

Si volviese a diciembre no se separaría. Se pregunta si tú lo harías.

Ojalá la recuerdes y la tengas guardada como aquella chica de la que te enamoraste y que te quería, porque lo hace y lo hacía. No mentía, ¿sabes? No mentía.

El muérdago son solo algas que la encadenan bajo tu superficie y aunque sales los cortes, no se curan, solo duelen.

Ella espera que te esté yendo bien, te echa de menos, pero es consciente del hecho de que habéis muerto enterrados bajo nieve de diciembre y hielo.

 

 

 

 

NO SURPRISES, RADIOHEAD

 

Esta noche ella apagará las luces y cerrará los ojos. Te verá en aquella casa, haciendo cola, como ella, para entrar al baño y tú la sonreirás y le rozarás la mano. Ella sentirá electricidad. Os sonrojareis y ella intentará alcanzar un libro de la estantería -algo de poesía-. Tú le dirás que se va a caer, la sujetarás por la cintura y le entregarás el libro. Ella tendrá ganas de besarte, pero nunca lo ha hecho y no sabe cómo. Tú también querrás besarla; tampoco lo harás, esperarás al momento oportuno.

Por fin se duerme y os desvanecéis sobre el agua, riéndoos, felices y, en realidad, tan irreales y pretéritos como la luz de las estrellas que te acunan esta noche.

Dormid bien, no dejéis que nada os desvele.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TEETH, BILLIE MARTEN

 

Verle fumar amarga su garganta. Le juró que nunca lo haría.

Ha cambiado y ella no sabe cómo aceptar que su mariposa se volvió gusano.

El humo había consumido sus alas, su nuevo comportamiento les robó el color.

Ahora él solo repta y ella se siente culpable por estar al mismo tiempo asqueada y apenada por el pobre insecto que probó de su corazón de pétalos azul mar.

Los rumores sobre su ruptura con ella son crueles, pero ella no hace caso; sigue siendo su amigo, ¿no?

Sin embargo, ha dejado de idealizar a aquella estrella que resultó meteorito y se da cuenta de que está marchito.

Todo está marchito.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LO QUE SALA Y CURA

POMME

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ON BRÛLERA, POMME

 

Las batallas más difíciles son contra los fantasmas.

Ella no le ama, a él no. Ama sus fantasmas, a la novia y al novio del mar y a la estrella dorada. Se ha dado cuenta de que a los seres de ultratumba da igual enterrarlos, no pueden olvidarse pues no dejan de perseguirla por mucho que pase el tiempo.

Tumbada en la cama se ha despertado de un insomnio perpetuo y ha decidido jugar sus cartas contra ellos, los fantasmas.

Ha escrito una carta de despedida siendo un espíritu enamorado y empapado en agua. Ha susurrado a su amante sus típicas cursiladas, le ha abrazado y ha dejado las manos sobre su difunto pecho.

El espíritu brillante le ha besado la frente y con ella ha cantado confesiones de dos almas que se aman.

Sin darse cuenta, los fantasmas se han hundido en el mar de porcelana. Encerrados en el recuerdo, la mar ha consumido sus cuerpos y la sal ha purificado los corazones para que la marea esté en calma.

Ella está en calma: se ha dado cuenta que el amor no se olvida, mas los muertos no pertenecen a la vida.

Ella está en calma, volvió a la noche estrellada.

 

 

Género al que pertenece la obra: Narrativa
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