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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Lunes, 22 de octubre de 2018

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Centenario de Cajal (Real Academia Doctores España)

Una visión desde diferentes puntos de vista de la vida y obra de Don Santiago Ramon y Cajal

Primer Centenario,

concesión del Premio Nobel

Don Santiago Ramón y Cajal

REAL ACADEMIA DE DOCTORES DE ESPAÑA

2006

Depósito legal: M. 48.508-2006

Impreso en Realigraf, S. A.

Pedro Tezano, 26

28039 Madrid

5

ÍNDICE

Introducción ....................................................................

Dr. Alberto Portera:

«Cajal en su infancia y juventud» ....................................

Dr. Antonio Bascones:

«Cajal, profesor e investigador» .......................................

Dr. Gonzalo Bravo:

«Trascendencia de la teoría de la neurona» ......................

Dr. Benjamín Fernández:

«Cajal naturalista» ............................................................

Dr. Jesús Martínez-Falero:

«Don Santiago: humanismo y su obra literaria» .............

7

9

37

43

49

65

 

7

INTRODUCCIÓN

Dr. JESÚS MARTÍNEZ-FALERO MARTÍNEZ

Un hito fundamental en la historia de nuestra ciencia es la

concesión del Premio Nobel de Medicina a Cajal, el científico

español más importante que ha tenido España en el siglo XX

y que alcanzó gran relieve universal.

La comunicación oficial del Real Instituto Carolino de Estocolmo,

decía literalmente, en perfecto castellano así: «El Instituto

Carolino de Medicina y Cirugía está facultado para

recompensar con el premio fundado por don Alfredo Nobel,

el descubrimiento científico más importante que durante los

últimos tiempos haya venido a enriquecer la Fisiología y

la Medicina, ha acordado, el día de la fecha, conceder a don

Santiago Ramón y Cajal la mitad del premio, correspondiente

al año 1906, en atención a sus méritos y trabajos sobre

la estructura del sistema nervioso. Estocolmo, 25 de octubre

de 1906».

Todos sabemos que el Premio fue compartido con Camilo

Golgi, científico italiano de Pavía, pero que no tuvo el reconocimiento

internacional como don Santiago. Cada uno dotado

con veintitrés mil duros (115.000 ptas.).

Nosotros a quien vamos a glosar es a Cajal, que nació en

Petilla de Aragón, pueblo de Navarra y enclave en la provincia

de Zaragoza en el año 1852.

 

9

CAJAL EN SU INFANCIA Y JUVENTUD

Dr. ALBERTO PORTERA SÁNCHEZ

Cajal inicia así su autobiografía:

. Nací el 1 de mayo de 1852 en Petilla de Aragón. Los

azares de la profesión médica llevaron a mi padre Justo Ram

ón, aragonés de pura cepa y modesto cirujano, a la insignificante

aldea en la cual transcurrieron los dos primeros años de

mi vida (Fig. 1 y 2).

. Fue mi padre de un carácter enérgico laborioso... lleno

de noble ambición. Era mi madre... joven, hermosa y robusta

montañesa (Fig. 3).

A pesar de las confrontaciones que existieron entre el padre

y el hijo, Cajal reconoce su enorme deuda:

. No puedo quejarme de la herencia biológica paterna.

Con su sangre me legó prendas morales a las que debo todo lo

que soy: la voluntad soberana, la fe en el trabajo, la convicción

de que el esfuerzo perseverante es capaz de modelar y organizar

desde el músculo hasta el cerebro...

10

Primer Centenario, concesión del Premio Nobel Don Santiago Ramón y Cajal

Figura 1

Figura 2

11

Cajal en su infancia y juventud

. De él adquirí... la hermosa ambición de ser algo... de no

reparar en sacrificios para el logro de mis aspiraciones ni torcer

jamás mi trayectoria por motivos segundos y causas menudas.

. Es innegable que las ideas y ejemplos paternos representan

normas decisivas en la educación de los hijos y causas

principalísimas de los gustos e inclinaciones de los mismos.

A la edad de cuarenta años visitó Petilla de Aragón, donde

había vivido los dos primeros años de su vida:

. He sentido más de una vez vehementes deseos de conocer

la aldehuela humilde donde nací.

. Deploro no haber visto la luz en una gran ciudad...

pero... debí contentarme con mi villorrio triste y humilde.

Figura 3

12

Primer Centenario, concesión del Premio Nobel Don Santiago Ramón y Cajal

Impulsado por tan naturales sentimientos emprendí... cierto

viaje a Perilla.

. Caballero en mulo... púseme en camino cierta mañana

del mes de agosto... aparecióseme la típica, la desolada, la trist

ísima tierra española... montañas desnudas de tierra vegetal

(Fig. 4).

Figura 4

. Es Petilla uno de los pueblos más pobres y abandonados

del Alto Aragón sin carreteras ni caminos vecinales. Sólo sendas

ásperas angostas conducen a la humilde aldehuela (Fig. 5).

. El panorama... no puede ser más romántico y, a la vez,

más triste y desolado... parece ser lugar de castigo y expiación.

. Una gran montaña, áspera y peñascosa... llena con su

mole casi todo el horizonte... colosales peñas... especie de murallas

ciclópeas surgidas allí a impulso de algún cataclismo geol

ógico.

13

Cajal en su infancia y juventud

. ...recuerdo... la humilde casa en que nací, fábrica ruinosa,

casi abandonada (Figs. 6 y 7).

Figura 5

Figura 6

14

Primer Centenario, concesión del Premio Nobel Don Santiago Ramón y Cajal

Figura 7

15

Cajal en su infancia y juventud

A los cuatro años de edad inicia su escolaridad:

. Mi educación e instrucción comenzaron en Valpalmas

cuando yo tenía cuatro años de edad... en la modesta escuela...

aprendí los primeros rudimentos de las letras... (Figs. 8 y 9).

Figura 8

. ...pero... mi verdadero maestro fue mi padre, que

tomó... la tarea de enseñarme a leer y escribir y de inculcarme

nociones... de geografía, física, aritmética y gramática... para él

la ignorancia era la mayor de las desgracias, y el enseñar, el más

noble de los deberes.

. Gracias a los cuidados de mi padre... a los seis años

escribía correctamente y poseía nociones de geografía, francés

y aritmética (Fig. 10).

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Primer Centenario, concesión del Premio Nobel Don Santiago Ramón y Cajal

Figura 9

Figura 10

17

Cajal en su infancia y juventud

Simultáneamente surgía en él un intenso deseo de admirar

el mundo que le rodeaba:

. ...era yo... entusiasta de la vida al aire libre... cultivador

de los juegos atléticos y de agilidad (Fig. 11).

. Entre mis inclinaciones naturales, dos predominaban...

el curioseo y contemplación de los fenómenos naturales y cierta

antipatía... por el trato social.

La admiración de los fenómenos naturales le producía, adem

ás de una clara satisfacción, una reclusión en sí mismo:

. Durante mi niñez fui criatura díscola, excesivamente

misteriosa, retraída y antipática... Aún hoy... perdura en mí

algo de esa arisca insociabilidad tan censurada por mis padres

y amigos.

Figura 11

18

Primer Centenario, concesión del Premio Nobel Don Santiago Ramón y Cajal

. ...hay un egoísmo refinado en rumiar las propias ideas...

Ello aporta cierto deleite... Lejos de los hombres nos hacemos

la ilusión de ser completamente libres. La soledad produce algo

así como una autoposesión.

. La admiración de la naturaleza constituía... una de las tendencias

irrefrenables de mi espíritu... los esplendores del sol, la

magia de los crepúsculos, la alternativa de la vida vegetal, la decoraci

ón variada y pintoresca de las montañas (Fig. 11).

. Sobrevino en mí la pasión por los animales... por los

pájaros de los que hacía gran colección... llegando a contar con

30 ejemplares diferentes... asistí al maravilloso proceso de la incubaci

ón... seguir paso a paso la metamorfosis del recién nacido.

A la edad de siete años surgen sus primeros pensamientos

y dudas filosófico-religiosos como consecuencia de la enorme

impresión que le produjo la muerte de un ser humano:

. Estábamos los niños reunidos en la escuela... tarde, encapot

óse rápidamente el cielo... cuando, de repente, sonó formidable

y horrísono estampido que heló la sangre en nuestras

venas... espantados, corriendo como locos, buscábamos ansiosamente

la salida.

. Una voz salida de entre el gentío nos llamó la atención

acerca de cierta figura extraña, negruzca, colgante en el pretil

del campanario... allí, bajo la campana, yacía exánime, el pobre

sacerdote, que murió pocos días después (Fig. 12).

. Un rayo o centella había caído en la torre fundiendo

parcialmente la campana y electrocutando al párroco. Por

primera vez cruzó por mi espíritu, profundamente conmovido,

la idea del desorden y de la inarmonía.

19

Cajal en su infancia y juventud

. ...sabido es que para el niño la naturaleza constituye

perpetuo milagro... adquirido por las enseñanzas del catecismo,

de que existe en las alturas un Dios que vigila piadosamente la

marcha del gran artículo cósmico e impone y sostiene la concordia

entre los elementos.

. ...de improviso tan hermosa concepción, que yo había

adoptado, se tambalea. La riente paleta del sublime Artista se

entenebrece; inopinadamente, el idilio se trueca en tragedia. Mi

espíritu flotaba en un mar de confusiones, y las interrogaciones

angustiosas se sucedían sin hallar respuesta satisfactoria.

A los ocho años su familia se traslada a Ayerbe:

. Cumplidos mis ocho años, mi padre solicitó y obtuvo

el partido médico de Ayerbe, villa importante de la provincia

de Huesca... su ruinoso y romántico castillo, desde lo

Figura 12

20

Primer Centenario, concesión del Premio Nobel Don Santiago Ramón y Cajal

alto del monte, parecía contarnos heroicas leyendas y lejanas

grandezas.

Consciente del desarrollo muscular propio de la adolescencia,

disfrutaba de la utilización de su cuerpo:

. Merced a gimnasia incesante, mis músculos adquirieron

vigor, mis articulaciones agilidad y mi vista perspicacia. Brincaba

como un saltamontes; trepaba como un mono; corría

como un gamo. Mi habilidad en asaltar tapias y en trepar a los

árboles diéronme pronto triste celebridad (Fig. 13).

Su habilidad natural por el dibujo y la pintura iba a ser

causa de persistentes problemas con su padre:

. Por entonces comenzaron con gran incremento mis instintos

artísticos... tendría yo como ocho o nueve años.

. Una pared lisa y blanca ejercía sobre mí irresistible

fascinación... más como no podría dibujar en casa, porque mis

padres consideraban la pintura distracción nefanda, salíame al

campo y copiaba carretas, caballos, aldeanos y cuantos accidentes

del paisaje me parecían interesantes.

. Mi sistemático arrinconamiento... nació de la necesidad

de sustraerme, durante mis ensayos artísticos... a la severa vigilancia

de las personas mayores.

. Mi padre... carecía totalmente de sentido artístico... dicha

tendencia, harto positivista, no fue originaria sino adquirida;

constituía adaptación excesiva, impuesta por el hosco ambiente

moral que rodeó su juventud.

. Descontento del mundo que me rodeaba, refugiéme dentro

de mí. En el teatro de mi calenturienta fantasía sustituí los

21

Cajal en su infancia y juventud

Figura 13

22

Primer Centenario, concesión del Premio Nobel Don Santiago Ramón y Cajal

seres vulgares por hombres ideales, sin otra ocupación que la

serena contemplación de la verdad y de la belleza...

. ...viendo la ardiente vocación demostrada hacia la pintura,

decidióse mi padre a que yo renunciara a los devaneos del

dibujo y me preparara para seguir la carrera médica... así surgió

en mi padre la oposición obstinadísima contra una vocación

tan claramente afirmada y definida.

Las dificultades derivadas de sus aficiones artísticas afectaron

su integración en la escuela:

. Asistía a la escuela, pero atendía poco y aprendía menos.

En la escuela, mis caricaturas indignaban al maestro, que

más de una vez recurrió a la pena del calabozo, al clásico

cuarto oscuro.

. Hallándome próximo a cumplir los diez años, decidió

mi padre llevarme a estudiar el bachillerato a Jaca, a un colegio

que gozaba de fama de enseñar muy bien y domar a maravilla

a los muchachos díscolos y revoltosos (Fig. 14).

. Mi padre, intelectualista y practicista a ultranza, estaba

muy lejos de ser un sentimental. En su sentir, la pintura, la

escultura, la música, hasta la literatura, no constituían modos

formales de vivir, sino ocupaciones propias de gandules y de

gente... trashumante y cuyo término no podría ser otro que la

miseria y la desconsideración social.

En 1862 se desplaza a Jaca:

. Cierta hermosa mañana de septiembre púseme en camino

para la ciudad fronteriza. Era la primera vez que abandonaba

el hogar, y una impresión de vaga melancolía embargaba mi

ánimo.

23

Cajal en su infancia y juventud

Figura 14

Figura 15

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Primer Centenario, concesión del Premio Nobel Don Santiago Ramón y Cajal

. El camino, tórnase interesante. La carretera serpentea

por las orillas del Gállego, cuyas corrientes marchan en

unos puntos someras y desparramadas, en otros se concentran

y precipitan tumultuosamente (Fig. 15).

. ...quedaron profundamente grabados en mi retina los

gigantes mallos de Riglos, semejantes a columnatas de un palacio

de titanes; y el sombrío y fantástico Uruel... colosal esfinge,

que guarda la entrada del valle de Aragón.

. Llegados a Jaca, mi padre pesentóme a los reverendos

Escolapios. Encargóles que vigilaran severamente mi conducta

y me castigaran sin contemplaciones en cuanto me desmandara

en lo más mínimo.

Se siente cada vez más atraído por el mundo del arte y,

como contrapartida, se hacen más llamativos sus fracasos

escolares:

. Retoñaron vigorosamente mis delirios artísticos. Cobré

odio a la gramática latina, inauguróse en mí esa lucha sorda y

tenaz, física y moral, entre el cerebro y el libro.

. Confieso paladinamente que del mal éxito de mis estudios

soy el único responsable. Mi cuerpo ocupaba un lugar en

las aulas, pero mi alma vagaba continuamente por los espacios

imaginarios... la letra resbalaba en mi cabeza sin grabarse en el

cerebro.

La observación del mundo natural que le rodeaba era una

continua necesidad:

. Afortunadamente, hallaba yo en el cultivo del arte y en

la contemplación de la naturaleza grandes consuelos. En pre25

Cajal en su infancia y juventud

sencia de aquella decoración de ingentes montañas que rodean

la histórica ciudad del Aragón, olvidaba mis bochornos, desalientos

y tristezas.

. La ciudad misma tenía para mí inefables encantos. Gust

ábame saborear las bellezas de su vieja catedral, encaramarme

en las murallas y explorar torreones y almenas (Figs. 16-17).

. Mi aspiración suprema era remontar el río... y escalar

las cimas del Pirineo. ¿Qué habrá allí... tras esos picos gigantes,

blancos, silenciosos e inmutables? ¿Se verá Francia quizá,

con sus verdes montañas, sus fértiles valles y sus bellísimas

ciudades?

. No sentía la menor afición por los estudios llamados

clásicos y singularmente por el latín, la filología y la gramática.

Vivía aún en esa dichosa edad en que el niño siente más admiraci

ón por las obras de la Naturaleza que por las del hombre.

Los castigos en la escuela se incrementan:

. Vista la inutilidad de los castigos, acordaron los dómines

ensayar conmigo la pena del ayuno. Cada día debía cumplir

mi condena. Al acabar la clase se me encerraba en el aula

quedándome sin comer hasta la noche. Al fin dejé de asistir a

clase y escribí a mi padre lo que pasaba.

. Cuando regresé a Ayerbe mi pobre madre apenas me

reconoció... seco, filamentoso, poliédrica la cara, hundidos los

ojos, largas y juanetudas las zancas, afilados la nariz y el ment

ón, semejaba tísico en tercer grado.

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Primer Centenario, concesión del Premio Nobel Don Santiago Ramón y Cajal

Figura 16

Figura 17

27

Cajal en su infancia y juventud

En 1864 inicia sus estudios de bachillerato en Huesca y

percibe por primera vez la sensación de independencia y

libertad:

. ...el autor de mis días gestionó mi traslación a Huesca,

la antigua capital del reino de Aragón, donde me instaló en

modesta casa de huéspedes. Estaba situada cerca de la catedral,

en el llamado Arco del Obispo (Fig. 19).

Figura 19

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Primer Centenario, concesión del Premio Nobel Don Santiago Ramón y Cajal

Figura 18

. Dueño absoluto de mi voluntad, fue mi primera providencia

comprar papel y caja de colores, a fin de traducir a la

acuarela mis novísimas impresiones artísticas.

La ciudad le impresiona como objeto de admiración y como

fuente de cultura y desarrollo intelectual:

. A los doce años, la brusca inmersión en la vida ciudadana

constituye revolucionaria lección. Todo es diferente: las

calles se alargan y asean; las casas se levan y adornan; el comercio

se especializa; las sobrias iglesias se transforman en sustuosas

catedrales; las librerías aparecen y con ellas se abre una

amplia ventana hacia el Universo (Fig. 18).

. Necesita el jovenzuelo habilitar territorios cerebrales

antes en barbecho, la organización cerebral se enriquece y

refina; se sabe más y se juzga mejor.

29

Cajal en su infancia y juventud

. ...la capacidad intelectual de un hombre está en relación

con la dimensión de la ciudad donde transcurrieron su niñez

y mocedad.

. ...La catedral oscense es admirable creación del arte

ojival: la elevada torre del reloj, que franquea la hermosa fachada

labrada en el siglo XIV por el vizcaíno Juan de Olózaga. La

majestuosa puerta gótica, guarnecida por siete ojivas de amplitud

decreciente, decoradas con esculturas de apóstoles, profetas

y mártires (Figs. 20, 21, 22 y 23).

Sus lecturas infantiles son escasas. Como consecuencia se

desarrolla su espíritu romántico e imaginativo:

. ...en mi casa no se consentían libros de recreo. Mi padre

rescatábalos de nuestra insana curiosidad, pero mi madre nos

consentía leer alguna novelilla romántica, algunas poesías de

Figura 20

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Primer Centenario, concesión del Premio Nobel Don Santiago Ramón y Cajal

Figura 21

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Cajal en su infancia y juventud

Figura 22

Figura 23

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Primer Centenario, concesión del Premio Nobel Don Santiago Ramón y Cajal

romanticismo. Ningún libro de Rousseau, Chateaubrian, Victor

Hugo, etc., había llegado a mis manos.

. Un día me asomé a la ventana de cierto desván y contempl

é, ¡oh gratísima sorpresa! Variadísima colección de novelas,

versos, historia, poesías y libros de viajes... estudié un plan

de explotación de aquel inestimable tesoro y durante el sueño

de los inquilinos, coger libros codiciados de uno en uno...

saboreé las obras más interesantes de la biblioteca.

. ¡Cuántas exquisitas sensaciones de arte me trajeron aquellas

admirables novelas!

. Casi todas las novelas pertenecían a la escuela romántica,

cuyos héroes parecen forjados expresamente para subyugar

a la juventud.

En el párrafo que sigue parecen existir los rudimentos de

su mente analítica y de su insaciable curiosidad que le permiten

ser una gran descubridor, en solitario, como Robinson

Crusoe:

. El Robinson Crusoe revelóme el poder del hombre enfrente

de la naturaleza. ¡Qué soberano triunfo debe ser .pensaba

. explorar una tierra virgen, contemplar paisajes inéditos

adornados de fauna y flora originales, que parecen creados

expresamente para el descubridor...

Ante su persistente fracaso escolar, su padre toma una decisi

ón drástica:

. El 1865 interrumpí los estudios por estimar el autor de

mis días que su hijo carecía de madurez... durante mi tercer

curso de bachillerato, curso que marcó el período más agitado

y azaroso de mi vida estudiantil.

33

Cajal en su infancia y juventud

. Por castigo... debí acomodarme de mancebo en una

barbería... perseguía mi padre dos fines: atarme corto, privándome

de vagar... y, además, enseñarme un oficio con que pudiera

algún día ganarme el sustento.

. A los catorce años sentí mi esclavitud como un castigo

excesivo. ¡Precisamente cuando vibraba todavía mi alma con la

honda sacudida del choque romántico!, verme forzado a empu-

ñar la sucia y jabonosa brocha barberil.

A pesar de todo, su reintegración a los estudios continuó

ofreciendo resultado deficientes:

. Después de lo expuesto, huelga decir que mi instrucción

científica y literaria progresó muy poco durante el curso de

1866, el curso habríase salvado sin contratiempo si el catedrá-

tico de griego no me hubiese convertido en blanco de su mal

humor.

. Di por seguro el fracaso, y no me atreví a presentarme

a examen... púsose furioso mi padre, amenazándome con ejemplar

y radical escarmiento. Antes de terminar el mes de junio,

puso por obra su proyecto, asentándome de aprendiz con cierto

zapatero (Fig. 24).

. Obligóme a tragar un mal cocido, a dormir en oscuro

y destartalado desván lleno de ratones y telerañas. Privada la

fantasía de todo instrumento expresivo, vivió de sí misma.

Jamás... soñé cosas más bellas, altas y consoladoras.

. Había transcurrido un año de mi vida zapateril cuando

mi padre, satisfecho del experimento educativo, dispuso mi

vuelta a los estudios.

Poco después inicia la carrera de medicina en Zaragoza.

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Primer Centenario, concesión del Premio Nobel Don Santiago Ramón y Cajal

Figura 24

Conclusión

Los fundamentales descubrimientos de Cajal permiten, sin

lugar a dudas, otorgarle la paternidad de los conocimientos de la

estructura del sistema nervioso y considerarle como uno de los

científicos más importantes de la historia de las Neurociencias.

Teniendo en cuenta sus naturales cualidades, su tenacidad

y su imaginación, Cajal podría haber conseguido triunfar en

cualquier actividad artística o profesional. Estuvo a punto de

ser un aceptable barbero e, incluso, podría haber dirigido una

magnífica peluquería. Pudo también haber sido un excelente

diseñador de zapatos. Estuvo muy cerca de ser un médico de

familia como su padre... pero... su encuentro con el microscopio

cambió el rumbo de su vida. Este encuentro se puede

considerar como el instante más importante de las Neurociencias.

Muchos investigadores de renombre lo habían usado para

sus estudios histológicos, pero nadie había conseguido el enorme

caudal de información que acumuló Cajal (Fig. 26).

35

Cajal en su infancia y juventud

Figura 25

Figura 26

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Primer Centenario, concesión del Premio Nobel Don Santiago Ramón y Cajal

El microscopio, utilizado como instrumento, permitió a

don Santiago abrir la mágica puerta por la que su ávida mente

penetró en su propia mente para descubrir e interpretar las

maravillosas y complejas estructuras y funciones del más perfeccionado

sistema del universo hacia el que la vida ha evolucionado:

el cerebro humano.

37

CAJAL, PROFESOR E INVESTIGADOR

Dr. ANTONIO BASCONES MARTÍNEZ

Lejos quedaban ya las zalagardas y juegos de su juventud.

Ahora tenía que poner el temple del esfuerzo y tesón

en la consecución de su objetivo. Día tras día desparramaba

por doquier su ilusión, capacidad de trabajo y observaci

ón. El alma no es colágeno, ni bioquímica, ni ADN, es

sobretodo y ante todo el centro de nuestro yo, de nuestro

sentir, de nuestro palpitar y un alma excelente es el contrapunto

de un alma mediocre y mezquina y Cajal poseía la excelencia.

La generación del 98 dió a España grandes pensadores, escritores

y científicos, ya que los intelectuales, dispersos en los

distintos campos del saber, se debatían entre una profunda idea

de España y las miras a una Europa, y Cajal, junto con Unamuno,

Valle Inclán, Ganivet, Baroja, Ramiro de Maeztu, Azor

ín, los Machados, Ramón Jiménez, etc., fue un buen ejemplo

de esta élite cultural e intelectual.

Cajal siempre se consideró un patriota y continuamente

por su boca manifestaba el amor a su patria.

38

Primer Centenario, concesión del Premio Nobel Don Santiago Ramón y Cajal

En 1870 empieza la carrera de Medicina y allí destacan sus

inclinaciones a la literatura, gimnasia y filosofía.

Su padre le acomodó de mancebo en casa de don Mariano

Bailo, gran cirujano y hombre reputado y cabal, en palabras de

don Santiago. Tenía diecisiete años cuando su padre se trasladó

a Zaragoza y ocupó la plaza de profesor interino de disección.

Este entusiasmo hacia la anatomía quiso transmitir a su hijo

formándolo como un hábil disector.

Ambos trabajaron, codo con codo, en la sala de disección,

lo que hizo que al finalizar el segundo curso de Medicina obtuviera

el cargo de ayudante de disección.

Su afición era tal que se dedicó con más intensidad a la Anatom

ía y Fisiología, dejando un poco las Médicas y Quirúrgicas.

En 1873 obtiene el título de Medicina a los veinte años,

pero como médico militar fue destinado a Burgos y un año

después capitán a Cuba. Regresa en 1875 de Cuba, enfermo de

paludismo. Poco a poco fue recuperándose y en 1877, como

Doctor en Medicina, obtiene el puesto de Profesor auxiliar

interino en la Facultad de Medicina de Zaragoza.

Empieza su carrera profesional y científica. Para ello compra

a plazos un microscopio, un microtomo y con reactivos

apropiados monta su primer laboratorio en un desván. Su trabajo

era de autodidacta, lo hacía en soledad, supliendo con

ingenio, entusiasmo y fuerza de voluntad sus carencias formativas.

Su curiosidad se paseaba por los glóbulos de la sangre,

células epiteliales, corpúsculos musculares, nervios, dibujando

y fotografiando todo lo que veía, dejando para la posteridad

gran cantidad de dibujos y fotografías.

Años después, en 1878, realiza el examen de Catedrático de

las plazas de Zaragoza y Granada, en contra de su voluntad y

39

Cajal, profesor e investigador

presionado por su padre. No tuvo suerte y según su juicio,

junto con ciertos deficiencias en el conocimiento de la anatom

ía comparada, manifestó rudeza y provincianismo en su porte

y dicción, aunque llamaron la atención sus dibujos en la pizarra

y su conocimiento de la anatomía descriptiva.

Sin embargo, a pesar de los resultados finales negativos,

Cajal supo abrirse camino en las oposiciones, dejando su nombre

colocado para futuros torneos. Poco después es nombrado

Director de los Museos anatómicos y se casa. En 1880 publica

su primer trabajo científico al mismo tiempo que nace su hija

mayor, Fe. Los años transcurren con las publicaciones y los

hijos. Así en 1882 viene al mundo su hijo Santiago. Al año

siguiente gana la cátedra de Valencia, lo que le obliga a un

traslado. Aquí nace su tercera hija, Paula Vicenta, y practica

escarceos literarios en el Ateneo Valenciano, donde ingresa y

trata de formarse en este campo de la cultura, evitando la

atrofia cerebral que señala en sus compañeros que sólo conocen

la materia que practican. Vuelve a reiniciar un laboratorio

de investigación, practicando la docencia y clases particulares,

para sufragar los gastos que de él se derivaban, enriqueciéndole

con nuevos materiales. Merced a la redacción de un informe

para la Diputación de Zaragoza obtuvo como premio un microscopio

Zeiss. Nace en esta época su cuarto hijo, Jorge, y

nuestro hombre escribe y trabaja sin cesar. En 1887 obtiene la

Cátedra de Barcelona y con Simarro aprende la técnica de

tinción de Golgi. En este año nace su quinta hija, Enriqueta.

Ya es un investigador conocido, ya su nombre camina de

boca en boca y ya sus trabajos se conocen y publican, pero

sólo en España. En 1888 demuestra la individualidad de las

células nerviosas editando la Revista de Histología Normal y

Patológica. Había llegado al cénit de la madurez intelectual

y científica, pero no era conocido todavía a nivel internacional.

Es en 1889, en el Congreso de Berlín, cuando demuestra

sus descubrimientos, siendo el gran Kölliker el que le descubre

40

Primer Centenario, concesión del Premio Nobel Don Santiago Ramón y Cajal

cambiando la incredulidad y escepticismo de todos en esperanza

y admiración de algunos.

En 1890 su hermano Pedro gana la Cátedra de Cádiz, escribe

su manual de Anatomía Patológica que tuvo múltiples ediciones

y nace su sexta hija, Pilar. En 1892 consigue la Cátedra de

Histología en Madrid y nace su séptimo hijo, Luis. Es elegido

miembro de la Real Academia de Ciencias de Madrid y aquí en

su discurso sobre la investigación científica es donde se labran

los consejos y las reflexiones que hacen famoso a Cajal en esta

faceta doblemente intelectual, el escritor y el investigador.

Es en 1897 cuando es elegido Académico Numerario de la

Real de Medicina. Esta época es de grandes honores, no sólo en

las Academias de Roma, Viena, París, Lisboa, Berlín, sino en

los Doctorados Honoris Causa de Cambridge, entre otros. Escribe

las reglas y consejos de investigación y da conferencias en

Estados Unidos, Alemania, Inglaterra, Francia e Italia. En 1900

recibe el premio Moscú por el mejor trabajo científico publicado

en el mundo entero en los tres últimos años. Posteriormente

se crea el laboratorio de Investigaciones Biológicas, recibe

la Gran Cruz de Isabel la Católica y escribe el famoso

libro «Mi infancia y juventud». Sigue su trabajo con Tello, que

entra en su laboratorio, y en 1905 recibe la medalla Helmholtz

por sus importantes descubrimientos.

Pero el culmen de su trayectoria llega un día de octubre de

1906, recibe un telegrama en cinco palabras por el que se le

concedía el premio Nobel junto con el Profesor Golgi.

Los premios se suceden: Fellow de la Royal Society, Grandes

cruces, doctorados, medallas Echegaray, Plus Ultra, etc.,

que harían esta lista excesivamente larga. Fundó una escuela

importante como fueron su hermano Pedro, Tello, Lorente de

No, Río Hortega, Achúcarro, Fernando de Castro, Lafora,

Leoz, etc.

41

Cajal, profesor e investigador

Quiero destacar en Cajal, junto con su faceta de científico

e investigador, la de escritor de hondo pensamiento. Sus reflexiones

son importantes y cabales, impregnando múltiples y

diferentes facetas de la vida del momento, de su historia y de

su ciencia.

 

43

TRASCENDENCIA DE LA TEORÍA

DE LA NEURONA

Dr. GONZALO BRAVO ZABALGOITIA

Cajal no es un mito. Como no lo es Cervantes. Cajal fue

un precursor cuyos hallazgos siguen vivos hasta nuestros días.

Sobre ello se sustentan todos los conocimientos posteriores, a

lo largo del siglo XX, sobre la estructura y el funcionamiento

del sistema nervioso sobre nuestro cerebro y posiblemente de

nuestra mente.

Citemos una de las últimas frases de Cajal: «La célula nerviosa,

la aristócrata de las células del organismo, con sus brazos

gigantes prolongándose como tentáculos de un pulpo hasta las

provincias de las fronteras del mundo exterior, para vigilar

las constantes emboscadas de las fuerzas físicas y químicas».

Esa es la célula cuya disposición, estructura y conexiones

había perseguido Cajal, hasta su año de triunfo .como él lo

llama. de 1888.

En las décadas previas ya se había descrito la existencia de

células en el sistema nervioso, usando como tinción tisular el

carmín, sobre todo a partir de la utilización del microscopio

44

Primer Centenario, concesión del Premio Nobel Don Santiago Ramón y Cajal

acromático. En algunos casos, como el de Purkinje, la descripci

ón había sido tan exacta que las células por él descubiertas

aún llevan su nombre: Las células de Pukinje de la corteza del

cerebelo humano. Helmoth, que después se haría famoso por

su determinación de la velocidad del impulso en las fibras

nerviosas, también describió prolongaciones poco definidas de

las células cerebrales. Pero, ¿qué eran aquellos elementos cerebrales

atisbados y cómo funcionaban?

Unos años antes que Cajal, un histólogo italiano, Camilo

Golgi, había comunicado un método de tinción con nitrato de

plata que, en ocasiones afortunadas, permitía visualizar de forma

inconstante las células nerviosas y fragmentos de sus prolongaciones.

Golgi llegó a la conclusión de que aquellas estructuras

eran una maraña de células y conexiones desordenadas

que contituían una apretada telaraña retículo o sincitio impenetrable.

Todos hemos oído hablar de la visita de Cajal, entonces

catedrático de histología en Barcelona, al Dr. Simarro de Madrid,

quien le enseñó algunas preparaciones de cortes de tejido

nervioso teñidas por el método de Golgi.

Dos fueron las intuiciones inmediatas de Cajal: el método

de intición podía ser perfeccionado y el estudio debía llevarse

a cabo no en el complejo cerebro totalmente desarrollado y

convertido en un bosque frondoso, sino en el vivero, según sus

palabras, es decir, en el sistema nervioso de los animales inmaduros

y de los embriones.

Creó febrilmente, después de muchos intentos, el método

del bicromato argéntico con una segunda impregnación de nitrato

de plata y comenzó a estudiar los cerebros en desarrollo.

A partir de entonces debemos conocer al Cajal trabajador

infatigable y también al Cajal dotado por naturaleza para llevar

45

Trascendencia de la teoría de la neurona

a cabo su propósito: sus conocimientos previos de fotografía le

ayudaron a documentar muchos de sus hallazgos y su capacidad

artística le permitió trasladar a dibujos precisos aquellas

maravillas celulares que le enseñaba su microscopio. Así mientras

miraba por el ocular dibujaba a mano alzada en una lámina

adjunta cada uno de los detalles de sus neuronas: Cuerpos

celulares, dendritas y axones.

En 1889, después de intentar difundir sus hallazgos en una

revista trimestral que él mismo fundó y cuyo único contribuyente

era él mismo, Cajal decidió dar a conocer sus neuronas

a los sabios extranjeros que todavía desconocían los descubrimientos

del humilde histólogo español. Acudió al Congreso de

Berlín y allí, en su mal francés, trató de contar lo que estaba

haciendo y sobre todo expuso las preparaciones histológicas

que mostraban las células nerviosas y su incuestionable individualidad.

Kölliker, el gran patrón de la histología alemana, le

tomó en un admirado abrazo y desde entonces se consideró a

sí mismo como «el descubridor de Cajal».

La maraña había dejado de existir, cada célula nerviosa era

un ente individual, conectado y modulado, de tal modo que

recibía impulsos químicos o quizá también eléctricos a través

de las dentritas, y después de elaborado en el cuerpo celular el

impulso era transmitido de forma centrífuga a través del axón.

Ese concepto básico ha permanecido inmutable hasta hoy.

Sherrington, años más tarde, lo definía diciendo: «Cajal

demostró que cada senda nerviosa es una línea de tráfico de

una dirección. Dijo que los circuitos nerviosos eran valvulares,

no continuos y fue capaz de determinar dónde se hallaban las

válvulas: allí donde una célula nerviosa se encuentra con la

siguiente». Para ese punto de contacto o de mínima aposición,

separado por una hendidura de trescientos armstrongs, acuñó

Sherrington el término sinapsis. Es curioso que esta nominaci

ón .la sinapsis. aplicado a algo que Cajal había intuido

46

Primer Centenario, concesión del Premio Nobel Don Santiago Ramón y Cajal

pero que no pudo describirse con certeza hasta la aparición

años después del microscopio electrónico, fue algo que ha dado

una fama perdurable a Sherrington, y es curioso también que

el vocablo neurona no sea una denominación de Cajal, sino de

Waldeyer, como reconoció después el propio Cajal, que lo

consideraba un afortunado calificativo.

Por su contribución a la anatomía microscópica del tejido

nervioso, Cajal recibió el premio Nobel en 1906 juntamente

con su rival Golgi. El discurso de Golgi, que precedió a Cajal

en la ceremonia, dejó consternada a la audiencia porque el

histólogo italiano se dedicó a tratar de desacreditar a Cajal para

mantener su teoría del retículo o malla como estructura básica

del cerebro. Cajal se limitó a exponer con contundencia sus

miles de hallazgos que indicaban la individualidad de las neuronas

y su forma de transmitir los impulsos nerviosos.

Polarización dinámica fue el calificativo con el que Cajal

designó la transmisión del impulso nervioso desde los receptores

de las dendritas a la célula y desde ésta en forma centrífuga

a lo largo del axón hasta los botones terminales del mismo.

Este concepto, que condicionó todos los estudios de neurofisiolog

ía de muchas décadas del siglo XX, fue inicialmente disputado

por Von Gehuchgten, pero después confirmado por el

mismo Von Gehuchgten y por Cajal en sus estudios de la

médula espinal y de la retina.

Aunque intuyó algunas de las estructuras internas, como

las vesículas sinápticas y las mitocondrias, Cajal nunca pudo

penetrar en el interior de la célula, y esto quedó reservado para

los que a partir de mediados del siglo XX pudieron utilizar un

nuevo instrumento: el microscopio electrónico. Otros muchos

misterios de la comunicación neuronal fueron el resultado de

los descubrimientos no ya morfológicos sino físicos y químicos

como el potencial de acción, las bombas de sodio y potasio

y los transmisores sinápticos: acetilcolina, colinesterasa, nora47

Trascendencia de la teoría de la neurona

drenalina, dopamina, serotonina o gaba. Todos los hallazgos

están unidos a nombres ilustres como De Robertis, Whitaker,

Eccles y más recientemente los descubridores de la materia

viva intracelular: el ADN y el ARN.

Sería interminable citar los cientos o miles de trabajos sobre

el funcionamiento del sistema nervioso sustentados en la realidad

de la teoría neuronal.

A Cajal le hubiera gustado formar parte de esta pléyade,

participar de los hallazgos sucesivos sobre el funcionamiento

de sus neuronas. Él mismo había sentado las bases de cómo era

y cómo debía expresarse aquella gran orquesta. Le hubiera

gustado conocer la melodía que entonaba cada uno de los elementos

que él había descrito y cómo se unían para crear la

sinfonía cerebral.

Ni él llegó a tiempo, a pesar de sus ochenta años creativos,

ni nosotros conocemos aún el engrama final: Cómo se crean el

aprendizaje y la memoria, cómo se programan las neuronas

para hacernos sentir, sufrir y amar. Cuando estos engramas se

descubran, se analicen y se comprendan, los exploradores del

cerebro podrían haber alcanzado por fin la meta señalada por

Cervantes: «Has de poner los ojos en quien eres, procurando

conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que

puede imaginarse».

El gran investigador y neurocirujano Walter Penfield, que

tanto contribuyó al estudio de la corteza cerebral y que escudri

ñó en sus pacientes los recovecos de la memoria evocada,

visitó a Cajal poco antes de morir. Él lo describe así: «Cajal

estaba muy aislado por su sordera y me recibió en la cama con

un chaleco gris y una boina en su cabeza. Sobre sus rodillas

estaban las pruebas del último manuscrito: Neuronismo o

Reticularismo, una respuesta a los que aún después de cuarenta

años parecían dudar de su doctrina sobre la individualidad de

48

Primer Centenario, concesión del Premio Nobel Don Santiago Ramón y Cajal

la célula nerviosa. Dibujaba .nos dice Penfield. con una pluma

de ganso y las paredes junto a la cama estaban salpicadas de

tinta».

En esos últimos días Cajal seguía fiel a su lema: el éxito

depende de la perseverancia en el trabajo.

49

CAJAL NATURALISTA

Dr. BENJAMÍN FERNÁNDEZ RUIZ

Excelentísimo Señor Presidente de la Real Academia de

Doctores de España, Excelentísimos componentes de la Junta

Directiva, queridos compañeros de la Academia, respetable

público, señoras y señores:

Nuestro ínclito compañero el Doctor Jesús Martínez-Falero,

como Presidente de la Sección de Medicina, ha tenido el

feliz acierto de organizar la presente mesa redonda con motivo

de la concesión del Premio Nobel de Medicina a Don Santiago

Ramón y Cajal hace ahora cien años. Los Doctores Portera,

Bascones, Bravo, y el propio Doctor Marténez-Falero, todos

ellos miembros de la Sección de Medicina de esta Real Academia,

intervendrán abordando distintos aspectos de la vida y

obra de don Santiago. Llevado de su bonhomía, el Doctor

Martínez-Falero ha tenido la gentileza de invitarme a participar

en dicha mesa redonda pese a mi condición de biólogo

y perteneciente a la Sección de Ciencias Experimentales. Su

gentil invitación me ha llenado de agradecimiento y de ilusi

ón, pues hace tiempo que quería hacer pública la imagen de

don Santiago no tanto como médico, sino como auténtico naturalista,

y aquí tengo la ocasión en un ambiente de ilustres

50

Primer Centenario, concesión del Premio Nobel Don Santiago Ramón y Cajal

académicos de todas las ramas del saber. Gracias, querido

Maestro Cajaliano por tu invitación, procuraré no defraudarte

y mostrar al público una faceta bastante ignorada de nuestro

Nobel.

Para la presentación de este trabajo me ha sido de gran

utilidad la consulta de un trabajo presentado por mi querido

Profesor el Doctor don Dimas Fernández Galiano, que fue

publicado en 1984 en los Anales precisamente de la Real Academia

Nacional de Medicina y en donde don Dimas mostraba

algunas interesantísimas facetas de Cajal como naturalista.

El Doctor Portera nos ilustrará sobre la infancia de Cajal,

pero de ese período yo quiero destacar el estrecho contacto

que don Santiago tuvo con la naturaleza. Era lo que conocemos

como un niño de pueblo y por tanto el conocimiento de

las distintas especies animales y vegetales le eran familiares.

Particular afición sentía por los pájaros, insectos, ranas, lagartijas

e incluso llego a coleccionar distintos huevos de aves, cuya

destrucción le produjo un fuerte disgusto. El ambiente rural de

sus primeros años en Petilla, Larrés, Luna, Valpalmas, Ayerbe,

para acabar finalmente en Jaca y Huesca, condicionaron sobremanera

su amor al campo, su espíritu de observación de los

seres y de los fenómenos naturales, unido a su gran afición por

plasmar en dibujos lo que más le llamaba su atención.

Dado que otros compañeros en sus intervenciones nos

harán ver la estrecha relación de don Santiago con la neurociencia,

voy a centrarme a continuación en su vinculación con

la Real Sociedad Española de Historia Natural. Ingresó como

Socio Numerario el 1 de junio de 1892, el mismo año que se

incorporó como Catedrático de Histología y Anatomía Patol

ógica a la Facultad de Medicina de Madrid. Presidía la sesión

el zoólogo don Laureano Pérez Arcas y fue propuesto para su

ingreso por el entomólogo don Francisco de Paula Martínez y

Sáenz, Catedrático de la Facultad de Ciencias.

51

Cajal naturalista

Dentro de la Real Sociedad de Historia Natural se encontr

ó con un buen número de consocios con los que previamente

mantenía amistad como, por ejemplo, el Doctor Odón de

Buen, a quien conoció inicialmente en Barcelona y posteriormente

coincidieron en Madrid, de quien opinaba don Santiago

que «era un naturalista de mucho mérito». Sus compañeros,

profesores de la Facultad de Medicina, los Doctores Letamendi

y Olóriz; don Ignacio Bolívar, Director del Museo de Ciencias

Naturales; don Esteban López de Silva, «médico y naturalista

notable». En 1895 presentó a su hermano Pedro, igualmente

eminentísimo neurohistólogo, como socio.

Cinco años después de su ingreso, en 1897, fue elegido

Presidente de la Real Sociedad Española de Historia Natural y

en el 1901 se le designa Socio Honorario, honor reservado a las

personas «que hubieran destacado en grado sumo por su labor

científica en el campo de las Ciencias Naturales».

En 1909, junto con otros dos consocios de renombre, el

Doctor Luis Simarro y el zoólogo británico Edward P. Poulton,

ostentó la representación de la Sociedad en las solemnidades

de la Universidad de Cambridge para conmemorar el nacimiento

de Darwin.

En 1932, con motivo de cumplir ochenta años y de la

fusión de la Sociedad Española de Biología con la de Historia

Natural, se nombra a don Santiago Presidente de Honor de

la RSEHN. Dicha distinción sólo había sido otorgada con anterioridad

al gran naturalista don Ignacio Bolívar, fundador en

1871 de la Real Sociedad. Es muy probable, tal y como escribió

don Dimas Fernández Galiano, que «Cajal valorase, más que el

nombramiento mismo, el compartirlo con Bolívar, a quien

tanto respetaba y estimaba».

Desde su incorporación como miembro de la Sociedad,

don Santiago en todas las sesiones participaba con comunica52

Primer Centenario, concesión del Premio Nobel Don Santiago Ramón y Cajal

ciones orales que con posterioridad publicaba tanto en los

Anales como en el Boletín de la Sociedad. Entre los años 1892

a 1921 publicó dieciséis trabajos, que aparecen publicados tras

esta exposición y en los que puede comprobarse su interés por

la neurohistología de las más diversas especies tanto de invertebrados

como de vertebrados.

Prestando atención a las diferentes especies animales estudiadas

por don Santiago, resulta fácil comprobar cómo apenas

se ciñe a los que habitualmente llamamos animales de laboratorio

(rata, ratón, cobaya, conejo, gato) sino que estudia infinidad

de seres naturales desde los anélidos (lombriz, sanguijuela),

moluscos (caracol, calamar, sepia), insectos (abeja, avispa,

grillo, libélula, mosca, saltamontes), crustáceos (cangrejos, bogavantes,

pulga de mar, quisquilla), hasta el famoso Cefalocordado

el Amphiosus. Pero es más, los hasta aquí citados pertenecen

al mundo de los animales invertebrados, y don Santiago,

como excelente naturalista, se ocupó igualmente de las diferentes

especies de vertebrados que expongo a continuación: peces

(torpedos, truchas), anfibios (ranas, renacuajos, gallipatos y

tritones), reptiles (culebras de tierra y de agua, camaleones,

lagartijas, lagartos, tortugas), aves (gallinas, pollos, ruiseñores,

golondrinas, gorriones, palomas, patos, pichones, más un ejemplar

de perdiz, polla de agua, águila, lechuza, urraca y verder

ón), mamíferos (bueyes, caballos, carneros, cerdos, cobayas,

conejos, gatos, humanos, monos, ratones, ratas, perros, terneras,

toros y vacas). Como se puede constatar, nuestro admirado

Premio Nobel llevó su curiosidad científica a toda clase de

animales, mostrando siempre una preocupación especial por el

sistema nervioso de cada uno de ellos.

Resulta prácticamente imposible detallar todos los aportes

que don Santiago como naturalista proporcionó al desarrollo

de las ciencias y más concretamente de las neurociencias, por

ello voy a elegir algunas que considero (bajo mi particular

punto de vista) de mayor interés. Sin duda alguna la obra

53

Cajal naturalista

magna de Cajal en el mundo de los invertebrados es la titulada

Centros ópticos de insectos, que publicó en 1915 en colaboración

con el Doctor Domingo Sánchez (eminente naturalista y gran

amigo y colaborador de don Santiago). El trabajo fue publicado

en la revista Trabajos del Laboratorio de Investigaciones Biol

ógicas, tomo XIII, con ciento sesenta y siete páginas, 1-167, 85

figuras y dos maravillosas láminas. La primera lámina muestra

la retina y centros ópticos de la abeja, mientras que la segunda

se refiere a la retina y centros ópticos de la mosca azul.

Retina y centro óptico de la abeja. Retina y centro óptico de la mosca azul.

Permítanme que exponga textualmente lo que don Santiago

y don Domingo escribieron al inicio de esta insuperable

obra sobre la retina y centros ópticos de los insectos: «Sorprende

la poca atención que, durante los dos últimos decenios, tan

copiosos en bibliografía neurológica, se ha concedido al sistema

nervioso de los articulados y particularmente al de los insectos.

54

Primer Centenario, concesión del Premio Nobel Don Santiago Ramón y Cajal

Poseen estos animales un sistema nervioso extraordinariamente

complejo y diferenciado, y de una finura constructiva que raya

en los límites de lo ultra-microscópico. Comparados los ganglios

visuales y cerebroide de una abeja, o de un caballito del diablo,

con los de un pez o un anfibio, experimentase una sorpresa extraordinaria.

La excelencia de la máquina psíquica no aumenta

con la jerarquía zoológica; antes bien, se reconoce que, en los peces

y anfibios, los centros nerviosos han sufrido inesperada simplificaci

ón. Ciertamente, la sustancia gris ha crecido considerablemente

en masa; pero cuando se compara su estructura con la del cerebro

de los ápidos o libelúlidos, se nos aparece como algo excesivamente

grosero, basto y rudimentario. Es como si pretendiéramos igualar

el mérito de tosco reloj de pared con el de una saboneta, maravilla

de finura, delicadeza y precisión. Como siempre, el genio de la

vida, al construir sus obras portentosas, brilla en lo pequeño mucho

más aún que en lo grande».

Seis años más tarde, con motivo del cincuenta aniversario de

la fundación de la Real Sociedad Española de Historia Natural,

se editó un tomo especial de las Memorias de la Sociedad, en el

cual escribió un sorprendente trabajo acerca de Las sensaciones

de las hormigas. Curiosamente en este trabajo no hay ninguno

de los magníficos dibujos que don Santiago solía incluir en sus

publicaciones. Sin embargo el contenido científico del estudio es

de una profundidad tal, que sorprende pensar la cantidad de

observaciones precisas que don Santiago tuvo que llevar a cabo

sobre las hormigas. Recomiendo encarecidamente a todos ustedes

que procuren leer el trabajo porque es un ejemplo de lo que

un auténtico biólogo debe observar y de cómo elaborar un trabajo

escrito. Resulta además llamativo que por lo que se deduce,

sus observaciones las ha llevado a cabo sobre «las cuestiones

tocantes a los tropismos, datos sensoriales, percepciones, memoria

asociativa, actos reflejos, instintos superiores, etc., de esta atrayente

categoría de himenópteros...». Sin embargo líneas más tarde escribe:

«Careciendo de tiempo para dar cuenta de la totalidad de mis

observaciones, me contraeré en esta primera nota a decir algo sobre

55

Cajal naturalista

las sensaciones de las hormigas. En otro trabajo más extenso me ocupar

é de las cautivadoras y controvertidas cuestiones relativas al supuesto

lenguaje gesticular, construcción de nidos, expediciones de recolecci

ón y caza, y sobre todo del magno problema de la orientación

y del regreso al nido».

Uno de los libros de consulta acerca del mundo de las hormigas

que más utilizaba era el del famoso entomólogo Piéron,

pero no compartía con él los criterios de clasificación de las

mismas que se basaba en el predominio de alguno de los sentidos:

visual, olfativo y táctil. Don Santiago las reparte en dos

grandes grupos: las que ven bien o regularmente (poliópsicas),

cuyos ojos poseen ochocientas o más facetas, y las que ven poqu

ísimo o medianamente (oligópsicas), cuyas facetas corneales oscilan

entre setenta y quinientas. Y escribe a continuación: «contamos

entre las primeras a Polyergus rufescens, Lasius Níger,

Formica rufibarbis, Myrmecocystus viaticus, Formica rufa, etc.,

cuyas obreras, además de ojos saltones y laterales ricos en corneolas,

poseen tres ocelos característicos; y entre las segundas

incluimos las diversas especies de Camponatus, Pheidole megacephala,

Tapinoma erraticum, Aphaenogaster barbara, Aphaenogaster

testáceo-pilosa, etc., cuyas obreras están desprovistas de ocelos

y ofrecen ojos pequeñísimos y como rudimentarios.

La capacidad de observación y de estudio que demuestra

Cajal es indescriptible y envidiable, pero junto a ella muestra

su sencillez y su agradecimiento a los famosos entomólogos

españoles don Ignacio y C. Bolívar, y a «los fervientes mirmec

ólogos» los señores Dusmet y Mercet, por su ayuda en la

determinación sistemática.

En su libro titulado El mundo visto a los ochenta años (Impresiones

de un arterioesclerótico), que apareció publicado en el

mismo año de su muerte, 1934, al referirse a los dos años que

vivió en una casa con jardín en Cuatro Caminos, decribe lo

siguiente: «aún recuerdo con regusto agradable mis observaciones

56

Primer Centenario, concesión del Premio Nobel Don Santiago Ramón y Cajal

de la vida de las hormigas, particularmente de la temible amazona

(Polyergus rufescens), inventora de la explotación de esclavos;

mis exploraciones de los periplos y costumbres de las avispas, abejas,

abejorros y mariposas; mis experimentos sobre el sentido crom

ático de múscidos y lepidópteros...».

El presente artículo es la versión escrita de la exposición oral

que llevé a cabo en la mesa redonda que en conmemoración del

centenario de la concesión del Premio Nobel a Ramón y Cajal,

tuvo lugar en la Real Academia de Doctores de España. En la

exposición oral recurría a diferentes imágenes de «power point»,

que lamentablemente no puedo reproducir aquí en su totalidad.

Pero a modo de resumen y para orientación del posible lector

hago saber que en tales imágenes figuraban un corte transversal

del esófago de la sanguijuela (Hirudo), en el que se podía observar

en el dibujo de Cajal cómo las terminaciones nerviosas sensitivas

terminaban debajo de la basal de la mucosa.

Terminaciones nerviosas sensitivas en esófago de sanguijuela.

57

Cajal naturalista

Igualmente mostraba en imágenes los dibujos relativos a la

distribución del llamado aparato de Golgi, tanto en células

ganglionares como en enterocitos de la lombriz de tierra (Lumbricus).

Figura. 1. Células ganglionares del Lumbricus.

Figura. 2. Células epiteliales del intestino del Lumbricus.

58

Primer Centenario, concesión del Premio Nobel Don Santiago Ramón y Cajal

De una perfección técnica y de una pulcritud magnífica es

la imagen realizada por nuestro Nobel Cajal acerca del centro

cerebroide de la sepia de algunas semanas, así como la interpretaci

ón probable de la forma y significación biológica del quiasma

retiniano del calamar. Y aún más admirable resulta el dibujo

de la estructura de las conexiones probables de las células de

la retina de los cefalópodos.

Cajal como naturalista, como excelente naturalista, recurre

siempre que puede a criterios evolucionistas basados en los estudios

comparativos entre las distintas especies pertenecientes a los

distintos grupos zoológicos y además recurre igualmente a los

estudios embriológicos, teniendo presente el principio de Haeckel

de que la ontogenia es un resumen de la filogenia.

Corte horizontal del centro cerebroide de la sepia de algunas semanas.

Figura semiesquemática. A) Cordón óptico cruzado. B) Terminación de este cordón

en el foco peduncular contrapuesto. C) Vía óptica refleja nacida en el núcleo peduncular.

D) Manojo de la corona óptica radiante destinada al lóbulo anterior del foco cerebroide.

E) Cordón destinado al lóbulo medio. F) Corteza del núcleo peduncular.

59

Cajal naturalista

Además de las doscientas sesenta y tres monografías cient

íficas que escribió don Santiago, publicó veintitrés libros de

los cuales dieciocho son de contenido científico y cinco

de carácter literario. De entre los tratados científicos, a mi

modo de ver, destacan sobremanera por su carácter comparativo:

Histología del sistema nervioso del hombre y los vertebrados

(en dos o tres tomos según ediciones), Neurogénesis de

algunos vertebrados y la edición de 1933 acerca de la Retina

de los vertebrados.

Precisamente en mi exposición proyecté imágenes del índice

de este magnífico libro en el que se puede constatar cómo

de manera sistemática estudia la retina de teleósteos, batracios,

reptiles, aves y mamíferos. Y en cada uno de estos grupos

zoológicos de vertebrados analiza, capa a capa, sus componentes

celulares: células pigmentarias, conos y bastones, neuronas

bipolares, neuronas ganglionares, así como sus diferentes capas

plexiformes, de fibras ópticas, y las células de Müller con su

participación en las limitantes interna y externa. Un trabajo

completísimo, admirable e insuperable.

Las imágenes de los distintos tipos de retinas son de una

perfección y de un valor pedagógico innegable, pero a mí particularmente

me llamaron la atención y así lo manifesté, ante

la correspondiente proyección, los dibujos de las células retinianas

horizontales de una especie tan poco habitual en las

experiencias de laboratorio como lo son las del buey.

Casi al final de mi exposición mostré una imagen en donde

don Santiago recurre a un «doble esquema donde mostramos la

evolución filogénica y ontogénica de la célula psíquica o pirá-

mide cerebral» y presenta sendos dibujos de una célula piramidal

de un batracio, reptil, conejo y hombre. Al mismo tiempo

dibuja cuatro fases evolutivas «de la célula psíquica en el embri

ón de los mamíferos».

60

Primer Centenario, concesión del Premio Nobel Don Santiago Ramón y Cajal

Retina de reptil (camaleón).

Retina de ave (verderón).

61

Cajal naturalista

Células retinianas horizontales en buey.

De manera sucinta hemos pretendido demostrar cómo don

Santiago Ramón y Cajal era un auténtico naturalista, como lo

evidencia su dedicación al estudio de la estructura del sistema

nervioso a lo largo de toda la escala animal.

En el Boletín de la Real Sociedad Española de Historia

Natural, en su tomo 34 de 1934, en el que consta el acta de la

sesión celebrada el 7 de noviembre de ese mismo año consta:

NECROLOGÍA

El Presidente dio cuenta del fallecimiento de don Santiago Ramón y Cajal,

Presidente Honorario de nuestra Sociedad. La figura relevante de Cajal en

el campo de las ciencias biológicas y sus relaciones constantes con nuestra<

Género al que pertenece la obra: Periodismo literario
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