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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 17 de noviembre de 2018

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Trento (o el triunfo de la espera) / Trento (o il trionfo dell'attesa) (2009)

Bari, 2009.

Pórtico de Luis Alberto de Cuenca.

Prólogo de Pietro Taravacci.

Traducción de Claudia Dematté

 

Reseña de José Luis Gotor (2011) en Prometeo Digital

 

 

 

Pórtico

por

Luis Alberto de Cuenca

En el amor, el ejercicio de la espera es obligado, si es que uno quiere arribar a puerto sano y salvo. Las prisas, en amor, no son aconsejables. Sin embargo, José Manuel Lucía nos habla en Trento (o el triunfo de la espera) de una coyuntura sentimental muy diferente de aquella en que el amante ha de urdir con paciencia los hilos de la seducción para atrapar en ellos al ser amado. En este caso, el enamorado ya ha capturado a su presa y ha sido, a su vez, capturado por ella, ya ha disfrutado de la condición de cazador y caza al mismo tiempo, de manera que la paciencia no se sitúa aquí en el territorio semántico de la conquista, sino en el de la (momentánea) pérdida. Hablando en román paladino, la situación es como sigue: el amante ha de pasar, por motivos profesionales, una pequeña temporada en la ciudad de Trento, en el norte de Italia, precisamente donde se celebró hace cuatro siglos y medio el Concilio homónimo donde se fijó la postura ortodoxa a raíz de las desviaciones protestantes y se patentó la llamada Contrarreforma. El caso es que es el amante no tiene más remedio que desplazarse a Trento, porque la estancia en su Universidad es importante para su andadura académica, y el caso es también que el ser amado no puede acompañarlo en ese viaje, suponemos también que por motivos profesionales. Como todo parece indicar que, en el momento de la partida del amante, el amor entre ellos iba viento en popa y a toda vela, no es imprudente aventurar que la separación entre ambos podía ser objeto de la escritura, por parte del amante -quien, además de catedrático universitario, es poeta, y de los buenos-, de todo un poemario que conmemorase la separación, siquiera transitoria y circunstancial, de los enamorados. Ese poemario es el que empieza donde terminan estas líneas preliminares.

Aquí la espera triunfa porque el amor existe, y es auténtico. La espera es necesaria para conquistar el amor. Una vez conquistado, cualquier tipo de espera es peligrosa, porque al amante no hay nada que pueda dolerle más que separarse del ser amado, aunque sea por unas horas, por un fin de semana, por una temporada de esquí o por un mes de agosto en la playa. Vicente Aleixandre lo contaba muy bien en sus Poemas amorosos, el fantástico florilegio de Losada donde muchos adolescentes de aquella época aprendimos a descifrar el críptico lenguaje de la pasión. Los enamorados son avaros de sí mismos, conscientes de que la llama que los consume a ambos en una misma hoguera de destrucción y plenitud no es eterna, y, por lo tanto, conviene alimentarla con la presencia mutua, la visión cotidiana del amado, la compañía (en una palabra, dada la etimología del término, que se reduce a "compartir el pan" de cada día, con todo lo que eso conlleva). Ése es el drama planteado en Trento, el drama de una ausencia indeseada e inevitable que ha de traer consigo la ansiedad de no verse, de no poder tocarse, acariciarse, amarse, que es lo que quieren hacer todo el rato dos enamorados felices que se sienten y hasta se saben plenamente correspondidos.

Hora es de hacer notar que la sangre de esa desazón no llegará a teñir de sangre las límpidas aguas del río, porque los días académicos italianos tocarán a su fin, y los amantes volverán a reunirse como si el tiempo no hubiese pasado, dioses en el Olimpo de un amor que, a fuer de verdadero, no puede permitirse el más ligero desmayo, la más mínima huella de un olvido. José Manuel Lucía nos cuenta todo el proceso en versos sabios, conmovedores, palpitantes de vida y emoción. Como José Manuel ha estudiado en profundidad la lírica provenzal trovadoresca, el dolce stil novo y el petrarquismo, los laberintos amorosos son para él autopistas por donde deslizarse sin esfuerzo en el plano formal, por más que en el de contenido siga primando cierto grado de sufrimiento, imprescindible si quiere uno que su poesía cale en los ánimos lectores, como es el caso (o, al menos, es mi caso). Seguros de no defraudarte, te invitamos, lector, a pasear tus ojos y tu alma por las calles verbales de este Trento fantasmagórico que, de principio a fin, no es la histórica ciudad italiana, sino un espacio de desasosiego regido por la espera del amado.

 

Madrid, 24 de diciembre de 2008.

 

 

1.

Las montañas de Trento

ocultan sus nombres

bajo las copas nevadas.

 

Hace frío.

 

Hace frío en el corazón

que ha dejado a su amigo

a cientos de kilómetros

de sus espaldas nevadas.

Las calles de Trento se van llenando,

hora a hora, paseo a paseo,

de recuerdos y de lugares comunes.

Las esquinas dejan de ser una amenaza

y las calles un laberinto

de cruces y de puertas escurridizas.

 

Hace frío.

Pero no importa:

aún conservo en mis brazos

el aliento perfumado de sus brazos.

Aún mi piel se estremece

si una ráfaga de viento, como un beso,

levanta el polvo de las calles.

 

Hace frío.

Pero no importa:

he venido bien equipado

para triunfar sobre la espera.

 

1.

Le montagne di Trento

celano i loro nomi

sotto una coltre nevosa.

 

Fa freddo.

 

Fa freddo nel cuore

di chi ha lasciato il suo amico

a centinaia di chilometri

dalle dorsali innevate.

Le vie di Trento si riempiono,

ora dopo ora, giro dopo giro,

di ricordi e luoghi comuni.

Gli angoli cessano di essere una minaccia

e le vie un labirinto

di incroci e porte scorrevoli.

 

Fa freddo.

Ma non importa:

conservo ancora sulle mie braccia

il respiro profumato delle sue braccia.

Freme ancora la mia pelle

se una raffica di vento, come un bacio,

solleva la polvere delle strade.

 

Fa freddo.

Ma non importa:

sono venuto ben equipaggiato

per trionfare sull'attesa.

 

2.

 De noche, todos somos ciegos.

Incluso sin tener que cerrar los ojos.

Incluso cuando creemos estar despiertos

o nos descubrimos a la mañana dormidos.

 

Como tantas noches, duermes a mi lado.

Pero hoy no te conozco.

 

Mi mano dibuja el oscuro perfil de tu cara

y mis dedos escalan la barrera de tu nariz,

se deleitan en las cuencas de tus ojos

y van detrás de la risa de tus labios,

esos labios húmedos de besos

y del néctar de tu saliva cotidiana.

La barbilla es la frontera

y mi mano se detiene allí,

las yemas de mis dedos jugando con tu barba.

Y dejo pasar los segundos aguardando

una sonrisa o un reproche

antes de lanzar mi mano exploradora

a descubrir y conquistar nuevas esperas.

 

2.

Di notte, tutti siamo ciechi.

Anche senza dover chiudere gli occhi.

Anche quando crediamo di essere svegli

o ci scopriamo al mattino addormentati.

 

Come tante notti, dormi al mio fianco.

Ma oggi non ti conosco.

La mia mano disegna l'oscuro profilo del tuo volto

e le mie dita scalano l'ostacolo del tuo naso,

si soffermano nelle cavità dei tuoi occhi

e inseguono il riso sulle tue labbra,

quelle labbra umide di baci

e del nettare della tua saliva quotidiana.

Il mento è la frontiera

e la mia mano vi indugia

mentre i polpastrelli giocano con la tua barba.

E lascio scorrere i secondi aspettando

un sorriso o un rimprovero

prima di lanciare la mia mano esploratrice

alla scoperta e conquista di nuove attese.

 

3.

"Ven pronto,

mi amado.

Los racimos

de besos

están ya maduros".

 

Apoyado en el balcón,

mirando al oeste,

espera cada noche

el milagro de un encuentro,

repitiendo como una oración

ese nombre extranjero

que le llena de miel los labios

y de sonrisas los amaneceres.

 

"Ven pronto,

mi amigo.

Lejos queda el invierno.

Ven pronto,

amado mío,

que ya me quema la espera".

 

3.

 "Vieni presto,

mio amato.

I grappoli

di baci

sono già maturi".

 

Appoggiato al balcone,

guardando a ponente,

aspetta ogni notte

il miracolo di un incontro,

ripetendo come una litania

quel nome straniero

che riempie di miele le labbra

e di sorrisi le albe.

 

 "Vieni presto,

mio amico.

Lontano rimane l'inverno.

Vieni presto,

amato mio,

che sono già arso dall'attesa".

 

4.

Entre mis manos,

entre estas manos nocturnas,

manos que surgen de repente

entre las sábanas del sueño,

no eres nada.

Menos que nada.

Te acaricio y te voy creando

a tu imagen y semejanza,

buscando las cosquillas de tu risa

y el tierno aroma de las zarzas de tu pecho.


Entre mis manos se deshace tu cuerpo

y tu espalda se vuelve un manantial

de miel,

el crisol blanco de un abrazo,

el caliz de cada uno de mis besos,

el horizonte inevitable del amanecer,

que, entre mis manos,

abre en dos el canal silencioso de la espera.

 

4.

Tra le mie mani,

tra queste mani notturne,

mani che sbucano all'improvviso

tra le lenzuola del sonno,

non sei nulla.

Meno di nulla.

Ti accarezzo e ti creo

a tua immagine e somiglianza,

cercando il vellichio della tua risata

e il tenero aroma del groviglio del tuo petto.


Tra le mie mani si scioglie il tuo corpo

e la tua schiena è ora una sorgente

di miele,

il crogiuolo bianco di un abbraccio,

il calice di ciascuno dei miei baci

l'orizzonte inevitabile dell'alba

che, tra le mie mani,

apre in due il canale silenzioso dell'attesa.

 

5.

El maestro había perdido

el don de la palabra.

Vocales y consonantes brotaban

de sus labios sin sentido.

Sin aquel único sentido

que había hecho famosas sus lecciones

en tantas cortes y universidades.

Durante un tiempo siguió enseñando,

subiéndose a la cátedra cada mañana.

La fuerza de la costumbre

y la vehemencia de sus manos

suplían la falta de sentido de sus palabras.

 

Día a día el silencio de sus labios

era cada vez más estridente, más sonoro.

Día a día el aula se iba quedando más vacía.

Tan solo los alumnos más fieles

permanecían atentos a sus palabras sin sentido,

añorando la luz de otros tiempos

en el oscuro silencio de aquel presente.

Tan solo los alumnos más fieles

seguían creyendo distinguir alguna palabra,

alguna sílaba, algún que otro escondido sentido

entre tantas vocales, tantas consonantes perdidas,

entrelazadas en el caos sonoro de las iluminaciones.

 

Un día se quedó solo.

Solo en la cátedra. Atrapado en un único sonido.

En el monótono susurro del silencio,

del que tan solo dos palabras,

amado y amigo, amigo y amado,

brotaban con aquella voz,

profunda, terrenal, lejana,

que le había dado fama entre tantas esperas.

 

5.

Il maestro aveva perso

il dono della parola.

Vocali e consonanti sgorgavano

dalle sue labbra senza senso.

Senza quell'unico senso

che aveva reso famose le sue lezioni

in tante corti ed università.

Per un po' continuò ad insegnare,

salendo in cattedra ogni mattina.

La forza dell'abitudine

e la veemenza delle sue mani

supplivano la mancanza di senso delle sue parole.

 

Giorno dopo giorno il silenzio delle sue labbra

era sempre più stridente, più sonoro.

Giorno dopo giorno l'aula si andava svuotando.

Unicamente gli alunni più fedeli

rimanevano attenti alle sue parole senza senso,

sentendo la mancanza della luce di altri tempi

nell'oscuro silenzio di quel presente.

Unicamente gli alunni più fedeli,

continuavano a credere di riconoscere qualche parola,

qualche sillaba, qualche significato recondito

tra tante vocali, tante consonanti perdute,

intrecciate nel caos sonoro delle illuminazioni.

 

Un giorno rimase solo.

Solo in cattedra. Intrappolato in un unico suono.

Nel monotono sussurro del silenzio,

in cui unicamente due parole,

amato e amico, amico e amato,

sgorgavano con quella voce,

profonda, terrena, lontana,

che gli aveva dato fama tra tante attese.

 

6.

La mano sobre la nuca.

Los dedos de la mano sobre la nuca.

La nuca fría. Una nuca sin aliento.

Expectante.

Curiosa.

Lejana.

Los latidos del corazón se agitan en la nuca.

Unos latidos que se disparan

al contacto de la mano,

una expectante, curiosa, lejana mano

que te busca -

y te encuentra-

en medio de la noche.

Llueve fuera.

Una lluvia de silencios y de sirenas.

Y tu nuca se calienta bajo mi mano

mientras el corazón recupera los latidos

al ritmo sofocante de la espera.

 

6.

Le mani sulla nuca.

Le dita delle mani sulla nuca.

La nuca fredda. Una nuca senza respiro.

Invitante.

Curiosa.

Lontana.

I palpiti del cuore si agitano nella nuca.

Palpiti che accelerano

al contatto con la mano,

una mano invitante, curiosa, lontana

che ti cerca-

                   e ti trova-

a notte piena.

Fuori piove.

Una pioggia di silenzi e di sirene.

E la tua nuca si scalda sotto la mia mano

mentre il cuore riprende i palpiti

al ritmo soffocante dell'attesa.

 

 

Género al que pertenece la obra: Poesía
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