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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Viernes, 14 de diciembre de 2018

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Tríptico (2009)

Madrid, Sial, 2009. Prólogo de Fernando Gómez Redondo

No resulta fácil deslindar las materias y géneros que se funden en los libros de creación de José Manuel Lucía Megías. Todos son de poesía, en principio, y se abren a una constelación de temas que podrían ser los previsibles -el amor, la belleza, la pérdida de la infancia, el mismo vivir diario- si no fuera por el tratamiento renovador con que los enfoca y el ritmo distinto con que pulsa unos versos que quiebran todos los límites: véase, si no, cómo debe leerse Prometeo condenado (2004) -las páginas del libro han de pasarse de arriba abajo- o el bellísimo proceso de imágenes y de tintas, de signos y de fechas con que se entrega el Diario de un viaje a la Tierra del Dragón (2004). El verso libre es el recurso obligado para dar rienda a una fluidez expresiva que se desborda en sí misma, buscando los remansos de las anáforas y de los paralelismos para intentar contener la emoción poética, para seguir hurgando en el territorio que las palabras conquistan y expanden, recorren y definen. Precisamente, porque se trata de una poesía emergida de una voz verdadera, herida por la vida y comprometida con la belleza, los poemas de José Manuel Lucía, para serlo plenamente, requieren de la ejecución teatral: llevan dentro de sí el movimiento, el repertorio de gestos, el muestrario suficiente de timbres y de acentos como para ser creados sobre una escena (por Fernando Gómez Redondo).

 

Los poemas escénicos que recoge  Tríptico, de José Manuel Lucía Megías, se sumergen en el claroscuro poético del desdoblamiento y, antes de combinarse con los Monólogos (otro diálogo con el yo), juegan con los espejos, como ocurre en el poema "soy uno" que se define como "confusión melodramática en un solo acto... multiplicado por cuatro". Porque, en Tríptico, Lucía Megías multiplica los significados y los símbolos, los desdobla y traza un recorrido a través de las palabras y de la psique, dirigiéndose hacia ese verso (el que más me ha gustado) que se pregunta "¿cuándo tus ojos dejaron de ser mis ojos?" es, también, un verso múltiple que podría tener múltiples destinatarios, múltiples emisores, y que, desde esa multiplicidad, relata y dibuja la soledad, el paso del tiempo, el extrañamiento, el doble. Al igual que la confesión: "a veces me levanto y estoy contigo... y sigo estando solo". Los versos del libro nacen de la concepción de una imagen trasladada a un poema que, a su vez, se puede trasladar a una escena que a su vez inspirará otro poema, y así, nos llevan hacia otros laberintos de emociones y pensamientos que deberemos explorar con el mismo latido (por Izara Batres)

La compañía de teatro Aldaba Tres ha creado una obra de teatro "Del amor y sus sombras" a partir de los versos de tríptico. Puedes ver un trailer de la obra de teatro en Youtube (http://www.youtube.com/watch?v=vueGJKMP6OI )

 

 

[1]

Ángel y Demonio

(Poema escénico a dos voces)

 

 

Actor 1: ángel

Actor 2: demonio

 

E

scenario vacío: el escenario sólo lleno de palabras y de pisadas, de un camino que se convierte en un laberinto. Al comenzar la función, cada uno de los actores se encuentra en un lateral. Se hablan, se miran en la distancia, pero ni se oyen ni se ven. Se roban las palabras. Antes de acabar un parlamento ha comenzado el otro. Cada uno es el eco del otro. Caminan al ritmo de los versos: cada pisada es un verso, como cada latido del corazón también lo es. Se acercan el uno al otro, pero siempre se miran desde la distancia, como si nunca se hubieran movido. Son iguales. A pesar de ser uno un ángel y el otro un demonio, son iguales. Nunca se sabrá quién es quién, o si realmente son dos, o si realmente es uno solo, ya que todo acaba como empieza... o tal vez ¿empieza como acaba? Al final, escenario vacío: el escenario sólo lleno de los recuerdos de palabras y de pisadas, de un camino que ha demostrado ser un laberinto.

 

 

1

Ya no te quiero

 

1

Ya no puedo dejar de quererte.

 

2

Ya no quiero verte, ni sentirte cerca,

ni sentirte a mil kilómetros de distancia.

 

2

Ya no puedo vivir sin sentirte cerca,

sin sentirte acurrucado en mis fronteras.

 

3

Ya no te quiero.

Ya no puedo quererte por más tiempo.

 

3

Ya no puedo dejar de quererte.

Ya no puedo dejar de adorarte por más tiempo.

 

4

Las gaviotas de la despedida

se han convertido en un sello de correos.

Y tus promesas son la tinta de mi carta

que se deshace en una inútil monotonía,

en un rosario de adioses que desfilan por mis dedos.

 

4

Sin tu cuerpo, la vida es otra cosa;

quizás más tranquila, pero otra cosa.

Sin tus besos, la vida es indigna de las horas;

quizás con el aire te lleguen mis suspiros,

que se agarran a tu cuello como un collar de perlas.

 

5

No me quieras, no me quieras, no me quieras.

Yo ya no te quiero.

 

5

No me olvides, no me olvides, no me olvides.

Yo ya no puedo dejar de quererte.

 

6

No me escribas, no me hables, no me escuches,

no me dejes deshacerme en lágrimas por la noche.

No me sigas, no me recuerdes, no me quieras,

no me quieras, no me quieras, no me quieras.

Deja que las lágrimas se conviertan en lluvia,

lágrimas que se evaporan como el sudor de tu cuerpo.

 

6

No me dejes, no me dejes, no me dejes nunca.

Sin tus dedos, el tacto es un truco de magia.

Sin tu boca, el gusto no puede ser nuestro.

Sin tu pecho, el olfato es una colonia de espanto.

Sin tu risa, el oído es un manicomio de sordos.

Sin tus ojos, la vista se agota en las esquinas.

 

7

No me recuerdes los volantes de mis trajes de marinero,

ni las esquinas podridas de los barrios de mi infancia.

No me traigas a la vista el sepia de las fotografías.

No quiero volver la cabeza atrás y verme una vez más,

y verme sonriendo una vez más abrazado a tu pecho,

y sentirme flecha clavada en el centro de tu pecho.

No me mires, no me toques, no me recuerdes,

                                               no me quieras.

 

7

La noche me trae a veces tu sonrisa empaquetada,

una sonrisa de pies y de cosquillas nerviosas,

una sonrisa de olas que refrescan nuestros cuerpos.

La noche, esta fresca noche que inaugura otoños,

me trae en ocasiones el paladar sabroso de tu sonrisa,

y paladeo el aire con la ilusión de descubrir el año

de tu alegría, de esa alegría casi de niño

con que a veces te despiertas en medio de la noche.

 

8

No me mires, no me mires a través de los espejos.

No me mires mientras caminas solitario por los bares.

No me mires con esas pupilas torturadas de interrogantes.

No me mires, no me mires, no me mires sonriendo.

Deja caer los párpados y envuélvete en la noche

de los sueños, de esos sueños que inventan paraísos;

pero no me mires como quien se acerca a un altar:

con los ojos humildes y con el corazón en ofrenda.

 

8

Un día te dije: "te amo", y el cielo se llenó de ángeles.

Las nubes corrieron y se desplomaron en una tormenta

de más de mil trescientas serpentinas de rayos.

Un día te vi y me acerqué al tacto de tu cuello

y susurrando, como se hace con los animales heridos,

te dije al oído: te amo, te amo, te amo, te amo.

Y así me quedé: echando raíces en tu corazón

mientras los te quiero te regaban los oídos de cariño.

 

9

No le digas al agua que se quede quieta en el río,

ni a las olas que cambien el ritmo de sus circunferencias.

No le digas al aire que se agote en un silbido,

ni a las tormentas que se instalen en los salones.

No le digas al mar que deje de abrazar a la tierra,

ni a la tierra que le dé la espalda al agua.

No me digas que te espere, a pesar de tus ausencias.

No te digas que te esperaré, arrullado en mi silencio.

 

9

No te vayas, no te vayas, no te vayas, no te vayas.

Deja que mi lengua descubra los volcanes de tu cuerpo,

que mis manos acaricien una vez más tu piel,

esa tierra de campo con que se cubre el universo.

No te vayas, no te vayas sin decirme a dónde vas.

No te vayas dejándome pobre de tu presencia,

rico en suspiros, en recuerdos, en versos moribundos.

No te vayas, no te vayas sin iluminarme el corazón.

 

10

No te atrevas a seguirme: nunca habitarás el olvido

como lo puedo hacer yo, con esta maestría de soledad.

No te atrevas a seguirme: el fango de mis deseos

te dejará ciego, y mudo, y sordo .... y muerto.

 

10

No me dejes así, no me dejes, no me dejes, no me dejes.

El vuelo de una mariposa me destroza los oídos.

Sin ti, la vida es una margarita sin pétalos,

un pájaro sin alas, un esqueleto sin cuerpo.

 

11

No te atrevas a seguirme, no te atrevas a anidar

golondrinas en los balcones miopes de tus ojos.

No te atrevas a seguirme: si vuelvo a verte una vez más,

no podría alejarme del sacramento de tu cuerpo.

No me sigas, no me sigas, no me sigas queriendo.

 

11

Sin ti, las sillas se vuelven agresivas y violentas

y el sofá de casa me mira con un cierto recelo.

Sin ti, el teléfono se ha quedado mudo para siempre,

y para siempre tuerta la televisión; un infierno la casa.

No me dejes, no me torture el fantasma de tu ausencia.

 

 

Los dos actores se han ido acercando, paso a paso, verso a verso. Se cruzan, se miran por un instante, pero no se ven: su dolor sólo les permite intuirse. Un segundo, sólo un segundo: tiempo suficiente para que se produzcan los milagros.

 

12

Sólo tocarte una vez más, sólo verte una vez más,

sólo sentirte una vez más cerca de mi cuerpo

y la revolución de las sílabas acabará con las negaciones.

Quédate a mi lado: después de verte una vez más

no imagino otra frontera que la de tus ojos.

 

12

Quizás las palabras ya dejaron de ser palabras.

Quizás los nudos de las gargantas se liberaron

y los gritos de tantos siglos encerrados

han levantado nuevos muros de palabras.

Aléjate de mi lado, aleja de mí tantas sílabas, tantas palabras.

 

13

No me iré porque no puedo dejar de amarte,

porque mi piel no puede vivir sin tu tacto

y mi lengua se embrutece lejos de tu aliento.

No me iré, no me iré, no me iré nunca de tu lado.

 

13

Estar tan cerca y al mismo tiempo tan lejano;

estar aquí, poderte casi tocar con las sílabas de mis dedos,

y estar tan lejos que ni puedo imaginarte,

ni verte, ni sentirte, ni casi ni recordarte..

 

14

La distancia de un beso es un abismo oscuro

y tus brazos son la frontera de mi geografía.

No me iré más lejos del sabor de tus labios,

ni me escaparé más de la telaraña de tus caricias.

¿Dónde encontrar la fuente de la eterna juventud

si no puedo bañarme cada día en tus ojos,

en la pupila cristalina de tus hermosos ojos?

¿Acaso podría sobrevivir ahora que conozco el paraíso?

 

14

No vuelvan tus ojos a dibujarme manantiales verdes,

ni tus manos, las palomas de caricias nocturnas.

Si te vas, mi cuerpo será un candado

y me arrancaré las yemas de los dedos,

y mis ojos servirán de manjar a los peces

que se esconden detrás de las barras de los bares.

Si te vas, olvida para siempre mi nombre:

blasfemias serán tus promesas en la ausencia.

 

15

Un día te dije: "te amo", y los demonios huyeron de tus labios,

y las margaritas perdieron la mitad de sus pétalos.

En medio de aquella oscuridad de techos circulares,

en medio del desfile obsceno de los hielos suicidas,

se hizo la luz, una luz por encima de los altavoces

y todo quedó en silencio: las sonrisas en silencio,

las esperas en silencio, los whiskies en silencio:

sólo el ritmo de nuestros corazones latía en el silencio.

 

15

No me sigas, no me sigas, no me sigas atormentando.

La sombra de tu ausencia lo cubre todo

y todavía no te has ido, y todavía no me he ido.

No me sigas, no me sigas, no me sigas queriendo,

que las sombras de tus alas lo cubren todo

y tu sonrisa ilumina el cadáver de mis recuerdos.

No me sigas, no me sigas, no intentes descubrir la estela

que mi ausencia va dejando entre tus deseos.

 

16

No me dejes, no me dejes, no me dejes escaparme,

que tus brazos, los barrotes de mi celda mística,

que tu rostro, la verónica en la que seco mis lágrimas.

No me dejes, no me dejes, no me dejes olvidarte,

que tus labios, el horizonte de mis atardeceres,

que tus pies, el ancla de todos mis sueños.

No me dejes, no me dejes, no me dejes alejarme:

¿Cómo volver al paraíso si una vez lo he perdido?

 

16

Es demasiado tarde siendo demasiado pronto.

Los segundos desconocen tus curiosas matemáticas.

No se muevan tus labios para pronunciar mi nombre,

no asalten las lágrimas las celdas del recuerdo.

Es demasiado tarde para volver sobre las pisadas

y demasiado pronto para descubrir aún sus huellas..

Es demasiado tarde para los cuchillos de los espejos

y demasiado pronto para grabar en los árboles nuestras iniciales.

 

17

No me dejes, no me dejes, no me dejes nunca.

Sin ti, el rocío, las lágrimas de las flores nocturnas;

el atardecer, la radiografía de mi corazón abierto.

Sin ti, los libros son sólo eso: libros,

papel que se pudre atacado de geometría.

No me dejes, no me dejes, no me dejes nunca.

 

17

No me hables, no me escuches, no me mires.

No dejes el paso de tu sombra en el camino.

No me recuerdes, no me inventes, no me ames.

No me ames, no me ames, no me ames nunca.

Deja que las horas se conviertan en sábanas:

cubre con ellas las esquinas de nuestros recuerdos.

 

18

No me olvides, no me olvides, no me olvides.

Yo ya no puedo dejar de quererte.

 

18

No me quieras, no me quieras, no me quieras.

Yo ya no te quiero.

 

19

Déjame al menos ser el lazarillo de tu sombra.

Déjame terminar la circunferencia de tus vocales,

marcar a fuego las huellas de tus pasos,

recoger la fragancia del aire de tus pulmones.

Déjame, al menos, ser la sombra de tu sombra.

 

19

No me sigas, no me sigas, no me sigas queriendo.

Ya es tarde para resucitar las piezas del puzzle,

para descubrir en la arena las dunas de nuestros cuerpos,

en las luces de neón, las luciérnagas de nuestros ojos.

No me sigas, no me sigas, no me sigas queriendo.

 

20

Ya no puedo dejar de quererte.

Ya no puedo dejar de adorarte por más tiempo.

 

20

Ya no te quiero.

Ya no puedo quererte por más tiempo.

 

21

Ya no puedo vivir sin sentirte cerca,

sin sentirte acurrucado sobre mi pecho.

 

21

Ya no quiero verte ni sentirte cerca,

ni sentirte a un milímetro de mi pecho.

 

22

Ya no puedo dejar de quererte.

 

22

Ya no te quiero.

Género al que pertenece la obra: Poesía
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