Biblioteca Complutense

El mundo de Ultratumba nahua

Entre los nahuas se creía que había varios destinos una vez que alguien fallecía, dependiendo de la manera en que lo había hecho. El más común era el Mictlan o Lugar de los Muertos regido por Mictlantecuhtli. Allí iba la mayoría de la gente al morir. Para alcanzarlo, sin embargo, debían atravesar varios lugares en un recorrido que duraba años:

  • Atravesar el río Chiucnauhpan, con ayuda de un perro que solían enterrar o quemar junto al fallecido.
  • Pasar entre unas montañas que chocaban entre sí.
  • Atravesar una montaña de navajas de obsidiana que podían cortar a la persona.
  • Cruzar una llanura barrida por un viento helado y cortante.
  • Superar las flechas que les lanzaban en el siguiente tramo.
  • Esquivar a las fieras que devoraban corazones, a las que trataban de engañar ofreciendo una piedra de jade que se enterraba con la persona fallecida.
  • Por último, debían pasar por unos caminos estrechos hasta llegar al Mictlan.
Rey Carlos VIII orante
Los niveles hasta el Mictlan según el Códice Vaticano A, f. 2r.
Reina Blanca de Castilla y Luis IX
El Tlalocan en la pintura mural de Teotihuacán en el barrio de Tepantitla.

Otro de esos lugares era el Tlalocan, un lugar descrito como un “paraíso” por su abundancia de alimento (maíz, bledos, chile, frijoles, calabazas). Este lugar estaba destinado a los “elegidos” por Tlaloc (el dios de la lluvia). Por estas características, los frailes llegaron a asociarlo con el Cielo cristiano, mientras que el Mictlan lo fue con el Infierno, lo cual fue un error ya que, como se ha dicho, no era un lugar que temer para ellos. En cuanto a la forma en que elegía Tlaloc a los destinados a este lugar, lo hacía mediante la forma en que morían, la cual tenía vinculación con su ámbito de actuación: ahogados, fulminados por un rayo o por enfermedades ligadas al agua (bubas, lepra o hidropesía). El Tlalocan era además el lugar donde se encontraban los ayudantes de Tlaloc, conocidos como los Tlaloque. Aquellos que iban a ir al Tlalocan eran enterrados con unas semillas de bledos en las mandíbulas y se les pintaba de azul la frente. Además, se colocaban papeles y una vara en la mano a modo de ofrenda.

Los niveles del cielo según el Códice Vaticano A
Los niveles del cielo según el Códice Vaticano A, f. 1v.
Chichihuaquauhco según el Códice Vaticano A
El lugar conocido como Chichihuaquauhco en el Códice Vaticano A, f. 3v.

Otro destino era el reservado a los guerreros muertos en combate, los sacrificados y a las mujeres muertas en parto, quienes acompañarían al sol en su recorrido. Tanto los guerreros como los sacrificados (excepto los destinados a Tlaloc) realizaban junto al sol el recorrido entre el amanecer y el mediodía. Los guerreros realizaban este recorrido durante un ciclo de cuatro años, convirtiéndose después en colibríes.  Por su parte, las mujeres lo hacían entre el mediodía y el ocaso, coincidiendo con el rumbo denominado como Cihuatlampa (“el lugar de las mujeres”). Estas mujeres se convertían en seres poderosos, cihuateteoh, que podrían descender en momentos determinados en forma de seres terribles (tzitzimimeh) que acarreaban desgracias.

También había un lugar especial destinado a los niños que morían antes de poder comer maíz. Ese espacio era conocido como Chichihuaquauhco (“Lugar del árbol de los pechos”), caracterizado por un árbol del cual caían innumerables pechos que permitían a los infantes continuar mamando.

Bibliografía

Díaz Álvarez, Ana Guadalupe (2009) “La primera lámina del Códice Vaticano A. ¿Un modelo para justificar la topografía celestial de la Antigüedad pagana indígena?”. Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas, 95: 5-44.