La tumba del señor de Sipán
La cultura moche o mochica floreció entre los siglos II y VII d.C. en el valle del río Moche (actual provincia de Trujillo, en el departamento de La Libertad) y del río Lambayeque (departamento de Lambayeque), expandiéndose hacia los valles de la costa norte del actual Perú.
Moche fue un estado expansivo gobernado por reyes conectados con la divinidad, que construyeron complejos religiosos-administrativos conformados por palacios y templos o huacas de carácter monumental. Centros de poder como las llamadas Huacas del Sol y de la Luna, en el valle de Moche, los complejos arqueológicos de Pampa Grande y de Huaca Rajada-Sipán, en el valle de Lambayeque, o las huacas de Cao Viejo y Cortada, en el complejo El Brujo del valle de Chicama.
Precisamente la Huaca Rajada-Sipán asombraría al mundo de la arqueología en 1987 con el descubrimiento de la tumba del conocido como Señor de Sipán, cuya vida transcurrió en el siglo III d.C. Un hallazgo sin precedente que sacaba a la luz el primer enterramiento intacto y sin huellas de saqueo de un gobernante moche.
Dentro de un sarcófago de madera, los restos del Señor de Sipán, con una talla de 1.65-1.70 metros, estaban cubiertos de ricos ropajes y acompañados de un ajuar funerario de alrededor de 600 objetos que evidenciaban la riqueza y el estatus de la elite moche. Entre ellos sobresalían gran cantidad de ornamentos y joyas de oro, plata, cobre dorado, conchas y piedras semipreciosas, tales como tres pares de orejeras de oro y crisocola o el collar formado por veinte frutos de maní en plata y oro. Además de representar un atributo asociado al Sol y la Luna, y hacer así referencia a la cosmología moche, sabemos que el maní constituye un símbolo de comienzo y renacer, lo que remite a las creencias de ultratumba de esta cultura.
Junto a los del Señor de Sipán se encontraron además restos de otros ocho individuos,[] tres mujeres, cuatro hombres y un niño. Se interpreta que las mujeres podrían haber sido concubinas, mientras que los hombres han sido interpretados como un jefe militar, un vigía y un soldado, este último con los pies amputados. Además, se hallaron restos de dos llamas y un perro.
Debajo de la tumba del Señor de Sipán se encontraron otras dos tumbas, que por el tipo de enterramiento y por los ajuares asociados, corresponden a un sacerdote y al llamado Viejo Señor de Sipán.
En la del sacerdote se hallaron piezas que indicaban que sería uno de los principales personajes en la jerarquía religiosa; por los análisis genéticos realizados sabemos que se trata de un personaje contemporáneo al Señor de Sipán. Acompañaban su cuerpo símbolos religiosos como el sol y la luna, una copa o cuenco destinados a los sacrificios, una corona de cobre bañada en oro y adornada con un búho con sus alas extendidas y otros elementos para el culto a la Luna y el Sol. Muy presentes en la iconografía sobre piezas cerámicas y en murales, personajes como éste hacen suponer un modelo de organización política teocrático.
Por su parte, los estudios de ADN han evidenciado que el Viejo Señor de Sipán vivió al menos cuatro generaciones antes que el Señor de Sipán, por lo que se podría pensar en una alta jerarquía hereditaria.
Sin duda, la tumba del Señor de Sipán constituye uno de los hallazgos más relevantes de la arqueología andina, que no sólo reveló la riqueza cultural y material de la cultura moche, sino que permitió ahondar en su organización sociopolítica y religiosa.