Mecenazgo femenino y práctica musical en la corte 3
Mariana Victoria de Borbón (Madrid, 1718-Lisboa, 1781), reina consorte de Portugal
La pasión por la música de Mariana Victoria, infanta de España, princesa de Brasil y reina consorte de Portugal por su matrimonio con D. José, se desprende de muchas de las cartas que envió desde Lisboa a su madre, Isabel de Farnesio. En ellas se evidencia su afición por tocar el clavicordio y cantar, así como sus opiniones sobre interpretaciones musicales y músicos. También fue una entusiasta coleccionista de partituras y libretos. Aunque no hay un inventario de su biblioteca musical, una parte sustancial de las partituras se conserva hoy en día en la Biblioteca de Ajuda. La correspondencia diplomática y familiar (en particular las cartas intercambiadas con su hermano Carlos, rey de Nápoles y más tarde Carlos III de España) muestra que solía solicitar que le enviaran a Lisboa las últimas novedades musicales. Mariana Victoria estableció vínculos con diferentes contextos culturales y musicales europeos y desempeñó un papel significativo en la constitución del patrimonio musical de la Casa Real, una contribución que ha quedado eclipsada por el protagonismo otorgado al rey José, como mecenas de la suntuosa Ópera del Tajo, destruida por el terremoto de 1755.
También ejerció una fuerte influencia sobre sus cuatro hijas. Dos de ellas (la futura reina María I y María Francisca Benedita) contribuirían en los años siguientes a la ampliación de la biblioteca musical de la corte. La conexión de las infantas con la música también queda patente en el retrato de una de ellas, María Ana Francisca Josefa, pintado por Vieira Lusitano.
Retrato D. Mariana Vitória de Vieira Lusitano.
Academia das Ciências Lisboa
María Luisa de Parma (Parma 1751-Roma, 1819)
María Luisa de Parma tiene una pésima imagen, juzgada por todos, y recordada como mala madre, peor esposa y reina nefasta, responsable de las desgracias de su pueblo. Esta visión tan negativa está siendo revisada por los historiadores.
Educada en la corte de Parma, recibió instrucción en música, danza e idiomas antes de su llegada a Madrid en 1765. En la corte española contó con maestros de prestigio como Nicola Conforto y Manuel Espinosa, y mantuvo contacto con figuras destacadas como Antonio Soler, quien le dedicó alguna de sus sonatas.
Más allá de su asociación con la tonadilla escénica y el majismo —afición compartida con aristócratas como la duquesa de Osuna o la de Alba—, la formación musical de María Luisa fue sólida y continua. Diversas fuentes documentan su práctica del clave y del pianoforte —instrumento para el que Giovanni Paisiello le dedicó seis conciertos—, así como su interés por instrumentos mecánicos. Ya como reina, impulsó academias musicales en espacios como Aranjuez, donde organizaba academias con participación de otras mujeres como las hijas del arquitecto Sabatini, según testimonios epistolares estudiados por Lluís Bertran.
La dedicatoria de la cantata Ifigenia de Maria Rosa Coccia a María Luisa de Parma, entonces princesa de Asturias, constituye un testimonio significativo del papel de las mujeres como mecenas musicales en el ámbito cortesano del siglo XVIII. Coccia se dirige explícitamente a la princesa —y no al futuro Carlos IV— subrayando su interés por el “bello arte de Euterpe” y solicitando abiertamente su protección, con la esperanza de obtener reconocimiento, apoyo económico e incluso un posible puesto en la corte española.
Piano de mesa, último cuarto del siglo XVIII, atrib. a Francisco Flórez, constructor de la Casa Real
Maria I de Portugal (1734-1816)
Estudió música con el gran compositor napolitano David Pérez (1711-1778), que estuvo al servicio de la corte de Lisboa desde 1752 hasta su muerte. Cuando aún era princesa de Brasil, solía cantar con sus hermanas en las fiestas y veladas del Palacio de Queluz, acompañadas por la orquesta de la Real Cámara. Tras ascender al trono en 1777, Doña María I reforzó la inversión en las instituciones de música sacra de la corte (Patriarcal y Capillas Reales). Mandó traer de Roma partituras y libros litúrgicos e hizo imprimir nuevos Estatutos para la Patriarcal y para los Capellanes Cantores y reelaborar las Constituciones del Coro de los Músicos. La huella de su devoción personal se encuentra también en la construcción de la Basílica da Estrela y en el culto al Sagrado Corazón de Jesús, para el que encargó la composición de obras musicales específicas. En el ámbito de la música dramática, dio especial relevancia a las serenatas y oratorios, interpretados en los salones de la corte, en paralelo con las óperas representadas en los palacios reales. Tanto en el ámbito sacro como en el profano, apoyó la producción musical de compositores como João de Sousa Carvalho, João Cordeiro da Silva, António Leal Moreira, José Joaquim dos Santos, António da Silva Gomes e Oliveira y Marcos Portugal, entre otros.
La preocupación por la calidad musical de los cantantes e instrumentistas fue atestiguada por el escritor y viajero británico William Beckford, quien en 1787 escribió en su diario: “La Capilla de la Reina de Portugal sigue siendo la primera de Europa en términos de excelencia vocal e instrumental; ningún otro establecimiento de esta naturaleza, sin excepción del del Papa, puede presumir de una concentración similar de músicos admirables”.
Retrato de María I de Portugal, atrib. Giuseppe Troni, Palacio de Queluz (Portugal)
Portada partitura oratorio Gioas, Ré di Giuda de David Perez para la Reina María I de Portugal
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