Conclusión
La literatura puede abrir un diálogo útil, pero en ningún caso puede reemplazar la ayuda psicológica. Existe una relación compleja entre la literatura y el suicidio; la literatura refleja y, en ocasiones, influye en las actitudes sociales hacia el suicidio. Por ello, es importante tener presente el contexto histórico, social y personal de los autores y los personajes, así como las posibles patologías existentes. Hay que leer más allá del texto, interpretando, deduciendo o reconociendo las circunstancias que rodean la obra. Conviene reflexionar sobre el papel de la literatura como un espejo de la experiencia humana y su potencial para generar conciencia sobre temas difíciles como el suicidio. Usarla como una útil herramienta de ayuda y en ningún caso como un sustituto de la ayuda profesional.
Arshile Gorky. Park Church, Boston. 1924. Whistler House Museum of Art. Public domain
Gorky, considerado un precursor del expresionismo abstracto, luchó con una serie de tragedias personales,
incluida una enfermedad debilitante y la destrucción de su estudio en un incendio. Se suicidó a los 44 años.