Biblioteca Complutense

Contexto literario

Muchos autores y personajes literarios han abordado el suicidio como un reflejo de la angustia humana, la desesperación o la protesta social. A lo largo de la historia, muchos escritores han tratado este tema en sus obras. Sin embargo, conviene contextualizar los textos en cada época. Las distintas culturas lo enfocaban en base a su religión, su ética, su sociedad… Mesopotamia asumía el suicidio; Egipto no lo condenaba. Desde Sófocles, que nos cuenta las muertes de Hemón y Antígona, son muchos los autores que nos han acercado al suicidio.

 


Los griegos hablaban de αὐτοχειρία, los romanos de mors voluntaria. Aunque socialmente aceptada si venía impuesta por el estado, en Grecia hubo debates morales sobre esta práctica. Se apelaba a ella por cuestiones de honor, de enfermedad o de vejez. Recordemos a Sócrates tomando cicuta, tras ser acusado de pervertir a los jóvenes. O a Fedra, que en palabras del romano Séneca se suicida por honestidad. En Roma el suicidio estaba prohibido para los esclavos, pero era honorable para los políticos. Séneca, seguidor y máximo ejemplo de los estoicos, murió por su propia mano, aunque no se conoce el método exacto. Los textos que han llegado hasta hoy en día dan a entender que, en todo momento, el suicidio de Séneca fue para los estoicos un acto racional sin ningún arrebato pasional o acto desesperado. Son culturas dominadas por la mitología y en ese contexto hay que entenderlas. 


En la Edad Media, con la llegada de filósofos como Tomás de Aquino o San Agustín de Hipona el suicidio se prohíbe totalmente. Se consideraba homicidio, pues era un atentado contra vida, y la vida era obra de Dios. Y el suicidio por desesperación era especialmente repudiado, pues era muestra de una fe inconsistente.

Imagen medieval

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Con el Renacimiento, se vuelve a los valores clásicos y la justificación del suicidio, como en Grecia y Roma. Sin embargo, entre los siglos XVIII y XIX hay diversidad de corrientes filosóficas que debaten en torno al tema, a favor y en contra. El apogeo llega con Las penas del joven Werther de Goethe en 1774, novela en la que su protagonista se mata por diferentes razones. El de Werther, además de dar nombre al efecto Werther que se estudiará en el próximo apartado, es un suicidio que no se produce por causas heroicas o ejemplares como se daba en la Biblia o según corrientes filosóficas; ocurre por diferentes motivos. Uno de ellos es que no podrá obtener nunca el amor de su amada, y el otro, mucho más relevante, como protesta contra la estructura moral, económica y social burguesa del momento.1

1 Cortés Rodríguez, Karen Charlot.  Suicidio: entre la comunicación y la literatura. Universitat de Girona.

 

 


Hasta entonces, vemos que históricamente el suicidio se enfoca desde perspectivas morales, religiosas o mitológicas. Es a partir del siglo XIX cuando se enfoca desde un punto de vista médico y sociológico. Falret, en 1820, atribuye por primera vez el suicidio a un trastorno mental; posteriormente, Esquirol en 1838 habla de crisis afectiva. Desde entonces se estudia el suicidio con argumentos médicos y se habla del sufrimiento de la persona que se suicida en términos de síntomas mentales de patologías diversas. La esquizofrenia, los trastornos de personalidad o las depresiones, dejaron de ser “estados de melancolía” y pasaron a considerarse una enfermedad real que necesitaba ser tratada. 4

4 Rosselli, Diego y Rueda, Juan David, “El deseo de muerte y el suicidio en la cultura occidental. Parte 1: la Edad Antigua.” Rev. Colomb. Psiquiat., vol. 40 nº 1 (2011)


Como vemos, cada época tiene unos códigos distintos con los que entender la sociedad y sus costumbres. A través de la literatura, podemos ver claramente estos códigos. Afortunadamente, en el siglo actual tenemos herramientas para afrontar estas situaciones. Entender que hay salida, que hay profesionales que pueden ayudarnos es el principal objetivo de esta exposición.

 

 

 

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