El suicidio en la historia de la literatura y sus temáticas
Son muchas las obras en las que el suicidio ocupa un lugar central o colateral. Hacer un recorrido por la historia de la literatura llevaría demasiado espacio. Pero intentaremos hacer un esbozo de la historia literaria del suicidio.
Ya en la Biblia podemos hallar numerosos suicidios: Abimelec (Jueces 9:54), Judas Iscariote (Mateo 27: 3-10), el rey Saúl y su escudero (1 Samuel 31: 4-5), Ahitofel (2 Samuel 17:23), Zimri (1 Reyes 16:18) o Razis (2 Macabeos).
En la antigua Grecia lo vemos en los mitos griegos, las tragedias de Sófocles y de Eurípides. Sófocles (496-406 a.C.), autor de la Grecia antigua, menciona el suicidio en sus obras Edipo rey y Áyax. En la primera de dichas tragedias, Yocasta se corta el pelo y se ahorca con una cuerda cuando se entera que es, al mismo tiempo, esposa y madre del rey. En la segunda, Áyax se quita la vida cuando se entera del engaño que ha sufrido por parte de Minerva y Ulises; el protagonista ve en el suicidio una muerte digna ante los dioses. Platón narra el suicidio de Sócrates en el Fedón.
Herodoto y Plutarco en Roma también tratan el suicidio en sus obras. En la epopeya Eneas (siglo I a.C.), del poeta latino Virgilio, Dido, reina de origen fenicio, se quita la vida por amor con la propia espada de Eneas, su ser amado.
En Romeo y Julieta (1597), tragedia del autor inglés William Shakespeare, los dos jóvenes amantes, que deciden casarse de forma ilegal pese a la oposición de sus familias, resuelven quitarse la vida para no vivir separados. En Fedra (1677), obra del dramaturgo francés Jean Racine, la protagonista se quita la vida después de asesinar a su amado Hipólito por no corresponderle en el amor. El autor francés se basó en la tragedia de Eurípides que narra el mito de Fedra.
Fernando de Rojas (La Celestina), Goethe (Las desventuras del joven Werther), Dostovieski (Los hermanos Karamazov) o Virginia Wolf (La señora Dalloway) entre otros muchos, son también autores relevantes que tratan el suicidio en sus obras.
Benito Pérez Galdós también trata el tema del suicidio en su obra La estafeta romántica (1899), perteneciente a la tercera serie de sus Episodios nacionales. Las cartas de esta novela epistolar son un intercambio de los diferentes motivos que tienen para suicidarse cuatro personajes: Larra, Felipe, Fernando y Pilar.
Cuando hablamos de literatura contemporánea, es obligatorio referirse a Sylvia Plath (La campana de cristal) o David Foster Wallace (La broma infinita). En su libro Delicioso suicidio en grupo (1990), el escritor y periodista finlandés Arto Paasilinna crea una obra con dosis de humor negro sobre el problema que tienen en Finlandia con el suicidio, país donde todos los años miles de personas se quitan la vida. En dicha obra los personajes deciden crear una fundación para matarse en grupo.
Este es apenas un bosquejo de la evolución temática del suicidio en la literatura universal.
Tres son las principales temáticas con las que se ha afrontado en la literatura el suicidio, veámoslas:
El suicidio como escape existencial
Muchas obras literarias tratan el suicidio como una forma de escapar de la angustia existencial o la desesperación ante el sufrimiento humano. Lo vemos así en Las desventuras del joven Werther o El extranjero.
A la hora de estudiar estas obras, es imprescindible abordarlas con un enfoque socialmente comprometido en el que se tenga en cuenta tanto la temporalidad como la geografía donde se ubica la obra, así como la cultura prevalente en ese espacio-tiempo. Por ejemplo, Las desventuras del joven Werther se encuadra en un momento en el que el suicidio se consideraba como una faceta casi intrínseca al romanticismo de la época. Se englobaba en un falso argumentario de mitificación de la melancolía, la naturaleza lúgubre y el héroe romántico.
El extranjero, por otra parte, forma parte de la literatura existencialista dominante en ese momento. Para Camus el mundo, la existencia, está llena de contradicciones de las que no puede escapar; cada vez que se intenta resolver una, surgen otras nuevas en un absurdo permanente. Ello lleva a una sensación de ruptura: al no encontrar ninguna opción que ofrezca un resultado satisfactorio hay que romper con la existencia.
Es importante señalar el hecho de que ninguna obra literaria puede escapar a su espacio-tiempo y ningún autor puede suprimir su propia realidad, su entorno social, sus circunstancias personales. Y es en ese contexto donde debemos entender las obras.
El suicidio y el trastorno mental
La representación de personajes con trastornos mentales que conducen al suicidio es mostrada claramente en La campana de cristal, de Silvia Plath, donde la depresión es protagonista. A través de Esther Greenwood, la protagonista de la novela, la autora refleja sus angustias en ella, describiendo “su descenso a los infiernos” hasta el punto en que Greenwood intenta suicidarse y es internada.
En Miss Dalloway de Virgina Woolf, se dejan ver los síntomas del trastorno bipolar que padecía la autora. Woolf ha sido objeto de múltiples tesis doctorales debido a su capacidad de introspección y su habilidad para escrutar minuciosamente sus pensamientos. Además, “su estado mental está ampliamente documentado a través de sus diarios y obras de ficción, lo que la hace atractiva a los ojos de psicólogos y psiquiatras interesados en conocer cómo se vive "desde dentro" la psicosis maníaco-depresiva que padeció durante prácticamente toda su vida y la llevó al suicidio el 28 de marzo de 1941 (...). Por otra parte, puesto que en su época no había disponible ningún tratamiento específico para la psicosis maníaco-depresiva, la enfermedad puede ser observada siguiendo su curso natural. Hoy en día, episodios tan severos y duraderos serían difíciles de encontrar. En 1949, sólo 8 años después de su muerte, se descubrió que el litio podría ser útil para tratar el trastorno bipolar”.2
2 García Nieto, Rebeca. (2004). Virginia Woolf: Caso Clínico. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, (92): 69-87.
El suicidio como protesta o rebelión
Algunos personajes literarios consideran el suicidio como un acto de resistencia o rebelión frente a una sociedad opresiva o injusta. Es el caso del personaje Edna en El despertar de Kate Chopin. En ella, late la lucha contra la esclavitud y a favor de los derechos de la mujer. La resistencia frente al convencionalismo. De nuevo, hemos de contextualizar la obra en su espacio-tiempo: siglo XIX en Lousiana y St. Louis, esclavitud, papel muy secundario de las mujeres, etc.
La historia de Madame Bovary, una mujer atrapada en un matrimonio insatisfactorio y obsesionada con la búsqueda de la pasión romántica, culmina en un acto de suicidio. La obra de Flaubert retrata una sociedad provinciana que sofoca a las mujeres y las relega a roles predefinidos, sin espacio para la individualidad o la realización personal. Emma Bovary es víctima de estas limitaciones impuestas y su tragedia sirve como un recordatorio de las consecuencias de la opresión.
En Anna Karenina, la novela homónima de León Tolstói, la protagonista lucha contra su infelicidad en un matrimonio sin amor y se ve atrapada en una red de convenciones sociales y expectativas irracionales. Su suicidio es planteado como un acto de liberación, una forma de escapar de un mundo que le niega la posibilidad de ser verdaderamente ella misma.
Después de un año cargado de negativas con su editor, deprimido en un trabajo indeseable y asfixiado por la convivencia familiar, el máximo afán de John Kennedy Toole era el tan ansiado éxito inmediato: publicar su obra y convertirse en un escritor de renombre. Convencido de que La conjura de los necios (1980, publicada póstumamente gracias a su madre) era una obra maestra, calculaba que era cuestión de meses que él y su libro se dieran a conocer en todo Estados Unidos. Pero la oportunidad no llegaba y la angustia se apoderaba del escritor. El 26 de marzo de 1969 aparece muerto en un descampado de las afueras de Nueva Orleans: se había suicidado.
Al año siguiente de su publicación, en 1981, La conjura de los necios ganó el premio Pulitzer de ficción. La novela produjo un impacto social. Se tradujo a decenas de idiomas y fue un éxito de ventas. Toole, más allá de la inmensa crítica social que nos había dejado, nos dejó otro mensaje, casi oculto, del cual posiblemente él no era ni consciente: el cuestionamiento del valor comercial de las editoriales, la angustia capitalista, la necesidad del éxito inmediato, la inadaptación del diferente a un sistema de iguales.