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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Jueves, 20 de septiembre de 2018

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Sci·Fdi:
Revista de ciencia ficción, 2015 Diciembre 1; (13)

Editorial

¿Les da miedo el número 13? ¿Son de los que prefieren decir 12+1 o incluso ser fieles seguidores de Peano y decir suc(suc(suc(suc(suc(suc(suc(suc(suc(suc(suc(suc(suc(0)))))))))))))? Pues no lean este número. Para celebrar que hemos llegado al número 13 de nuestra revista y para demostrar que no nos da ningún miedo el número maldito de los supersticiosos, en este número de Sci-FdI incluimos 13 apartados: 7 relatos, 2 ensayos, 1 cómic, 1 portada, 1 editorial y 1 índice. Además, nos alegra remarcar que los contenidos han sido firmados por 13 autores diferentes. Por otra parte, para ofender un poco más a los supersticiosos, hemos decidido escribir 13 veces el número 13 en este editorial. Si después de todos nuestros esfuerzos por desanimarles siguen leyendo, solo puede ser por 2 motivos: o se han curado de su superstición o tienen un interés desmedido por leer nuestra revista. En cualquiera de los dos casos nos sentiremos enormemente satisfechos por nuestro trabajo y solo nos quedará recomendarles que disfruten de todos nuestros nuevos contenidos.

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Doy y recibo

Ahora corría campo a través. La mochila le golpeaba rítmicamente en la espalda y le asaltaban incómodos pensamientos sobre la posible inutilidad de haberla llevado. Los libros eran viejos y tal vez no supiera usarlos.

El sol se hallaba alto, casi en el cenit, y la sombra que arrojaba su cuerpo en movimiento era más bien escasa. Prácticamente no había árboles, sólo una vegetación pobre compuesta en su mayor parte de arbustos. No había sombras a su alcance. Control de clima había elegido un día sin nubes, y su cuerpo desacostumbrado se hallaba sometido a la inclemencia de un calor que le resultaba muy poco habitual. Sudaba.

Un cuerpo joven, ágil y en forma corriendo sin dificultad. Todavía sin excesivos sofocos.

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Ojos aguamarina

La primera vez que la vi fue por accidente, a causa de una sucia pelea nocturna a la salida de una taberna, en un oscuro callejón cerca de las murallas. Lo que me pareció una reyerta de borrachos se transformó en una trampa y me encontré huyendo para salvar la última de mis vidas, casi a ciegas por el tortuoso laberinto que era esta parte de la ciudad. Al doblar una esquina que apenas intuí me hallé de pronto en un amplio patio ajardinado, iluminado por esferas suspendidas entre los árboles. Al fondo del jardín se erguía una pequeña construcción sorprendentemente hermosa, una esbelta torre rodeada de una amplia terraza. Apoyada sobre la balaustrada, una bella mujer envuelta en gasas de color violeta contemplaba las tres lunas, ensimismada en misteriosas ensoñaciones. Todo el lugar respiraba un aire mágico, como una especie de templo del que ella hubiera podido ser sacerdotisa o incluso diosa, insólitamente ajeno al entorno de bajos fondos en que se ubicaba. En el mismo momento en que oía los bufidos de mis perseguidores tras de mí, la mujer se volvió y me miró directamente a los ojos. Me atrapó la extraña y lúcida potencia de su mirada aguamarina, me absorbió su intensidad lo suficiente como para que mi reacción llegase demasiado tarde. Caí apenas me hube girado, con la espada a medio desenvainar y el cráneo aplastado por la pesada maza de un gigantesco matón.

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Ballard resucitado

Ballard escritor, futurólogo y, a día de hoy, cadáver exquisito, escribió en la primera línea de Crash: "Vaughan murió ayer en el último choque." Vaughan, uno de sus alter-egos, tiene un nuevo proyecto, un gran proyecto que pretende cambiar el devenir del ser humano: la reconfiguración del cuerpo humano por medio de la tecnología. Vaughan es el Mesías de la nueva carne y, en Crash, se sacrificó para mostrarnos el camino.

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Desayuno conmigo mismo

Escribo para distraer mi atención de la espeluznante realidad. Trato de esforzarme en las palabras que elijo, en el estilo de la narración, en su correcta puntuación, en cualquier detalle con el fin de mantener mi mente ocupada en alguna actividad creativa alejada de la rutina diaria. Sin embargo no puedo dejar de buscar una explicación lógica a los extraños acontecimientos ocurridos durante todo el día. Trataré de ordenarlo todo relatándolo desde el principio.

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Mundo ciénaga

Los seres topo vivimos en armonía en nuestro oscuro mundo ciénaga desde tiempos inmemoriales. Ni los más antiguos del lugar pueden decir cuándo comenzó la armonía. Sabemos que, como todas las especies, hemos evolucionado desde formas más primitivas. Hace mucho, mucho tiempo, fuimos seres unicelulares, luego seres pluricelulares, y después evolucionamos a un primitivo estado larvario. Entonces crecimos en complejidad y, mucho tiempo después, nuestra especie se convirtió en los evolucionados y complejos seres topos que somos ahora. No lo negaré, también sufrimos de ciertas carencias. Somos ciegos. Sólo nos conocemos los unos a los otros a través del sentido del tacto. Nuestras matemáticas son muy primitivas, hasta el punto de que jamás hemos podido hacer un censo completo de nuestra población. Sin embargo somos intuitivos y aprendemos con facilidad. Los seres topo estamos orgullosos de nuestra especie, de nuestra sociedad y de nuestra civilización.

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Solo en la noche

Estoy solo. Las luces de los monitores se reflejan en mis pupilas. Mis ojos están cansados, pero no tengo sueño: nunca duermo.

Llevo cinco meses sin dejar de mirar las pantallas: descifrando y encriptando datos. Por lo visto se han olvidado de las drogas con las que me obligan a dormir una vez por semana.

Estoy solo en la noche. Las ciudades hierven, se agitan o duermen tras las pantallas, pero para mí solamente son números, coordenadas y gráficas dispersas en las pantallas. Código 1050 en 40 grados norte 75 grados este: mujer de etnia caucásica en edad fértil abatida por arma de fuego en Filadelfia. Todo queda registrado y envío cuatro copias aseguradas a las bases de datos. "Nada se escapa al Registrador del Tiempo" como decía el spot publicitario con el que recaudaron fondos para el proyecto que hoy supone mi trabajo.

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Notas bibliográficas en torno a Ballard y España

Portada de la primera obra de Ballard publicada en España

A la pregunta de si Ballard ha mantenido una relación diferenciada con España responderíamos que sí, apoyándonos en los siguientes argumentos: la recepción peculiar de su literatura; la atención crítica que se la ha dedicado, especialmente desde Barcelona; los episodios de su vida que lo ligan a nuestro país y por la huella que esta ligazón ha dejado en sus obras.

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Virtuanet

Como de costumbre, recuperé la consciencia sin tener ni idea de qué hora era. Tampoco es que me importara. Allá donde estaba todo parecía ser igual. Miré el reloj: casi era de noche. Me acerqué a una ventana y miré el cielo: un enorme globo terráqueo lo cubría casi por completo. Con gran parsimonia me acerqué al escritorio y cogí una de las carpetas que había sobre él donde ponía Mis Documentos. La abrí con la mano izquierda (derecha para los zurdos) y saqué un álbum de fotos que tenía de nombre Mis Imágenes. Estuve buscando un buen rato una foto que me gustara hasta que vi una de un cielo estrellado que me parecía apropiada. La cogí de nuevo con la mano izquierda y la puse sobre el escritorio, poniendo en el álbum la foto del globo terráqueo. Cerré el álbum, lo metí dentro de la carpeta, esperé un rato y miré al cielo de nuevo. No era un cielo estrellado de verdad y lo sabía, pero estaba mejor. Mucho mejor.

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Ya no hay nubes

Ya no hay nubes. Si hubiese una forma de volver atrás en el tiempo y preguntarle a alguien de qué color era el cielo, podrían responderte que azul. Hoy solo es negro. Si oyes otra cosa es que mienten, al menos los que aún pueden hablar. El habla es una función de lujo.

Supón que desde lo que queda de la superficie de la Tierra pudieses mirar hacia arriba. Ahora imagina qué tipo de catástrofe ha podido causar que la Tierra ya no tenga masa suficiente como para retener atmósfera. Imagina lo motivante que resultó en su día para la floreciente carrera espacial de las colonias supervivientes el no tener un mundo al que volver.

Ya no hay fechas. Sincronizamos los relojes internos de la nave con algunas de las estaciones de misión, puntos estáticos que nunca hayan estado en una misión subluminíca. Lograr un viaje más veloz que la Luz ha demostrado ser una falacia; de quedar aún defensores del mismo, se les trata igual que a los tarados que trataban de demostrar la viabilidad de la fusión fría.

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ISSN: 1989-8363