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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Lunes, 17 de diciembre de 2018

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Sci·Fdi:
Revista de ciencia ficción, 2018 Marzo; (19) Número 19

Editorial

Mientras preparábamos este número de Sci-FdI, conocimos la triste noticia del fallecimiento de Ursula K. Le Guin, primera Gran Maestra de la ciencia ficción y fantasía. Por ello, no podemos dejar pasar la oportunidad de rendirle un sentido tributo dedicándole nuestra portada y un breve ensayo, pero sobre todo recordando lo que nos ha hecho disfrutar (y reflexionar) con su extensa y variada literatura. Desde aquí queremos animar a todos nuestros lectores a que realicen el mejor homenaje que puede recibir cualquier escritor: que su obra sea leída. Hay mucho donde elegir, desde los muy premiados "La mano izquierda de la oscuridad", "Los desposeídos" o "El nombre del mundo es bosque", a la aclamada serie de Terramar, pasando por todas sus historias ambientadas en el Ekumen, terminando con su último libro "Contar es escuchar". Hagámonos todos un favor a nosotros mismos disfrutando con su lectura.

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Ursula K. Le Guin, sherpa en las pendientes del postmodernismo

Aún recuerdo el momento en que descubrí a Ursula K. Le Guin al coger uno de sus libros en la biblioteca pública. Por aquel entonces tenía reciente El Señor de los anillos y cualquier cosa que tuviera pinta de fantasía que caía en mis manos la devoraba con ansia. Y, de repente, encuentro un libro que se llama "Un mago de Terramar". Tenía que llevármelo a casa. En ese momento no esperaba mucho más que la enésima colección de novelas derivativas del universo de Tolkien. Y lo que encontré fue un libro que rompió todos mis esquemas sobre el género. Le Guin me abrió los ojos a un nuevo modo de escribir fantasía y me hizo experimentar, de nuevo, el sentido de la maravilla.

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Maiá

 

Guion

Despiertas en la única habitación de tu minúsculo apartamento: un cuchitril en el que cabe, a duras penas, una cama, un hornillo de gas, una mesa atestada de trastos, una tele antigua y, en una esquina, una jaula con un pájaro. Las voces en tu cabeza, ecos de la gente en la que has resonado, no te dejan dormir. No es nada nuevo. Todas las noches es la misma historia. Aún despierta, sigues escuchándolas:

JOSH: ¡Libérame, sal de mi cabeza!

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Robert "Barker" Taube. La historia del mejor piloto de la frontera

Prólogo (por José Luis Vázquez-Poletti)

Estimado lector de SCI·FDI. Sin duda te resultará raro ver un prólogo para un relato corto (pero intenso), pero es que no todos los días uno tiene el honor de hacerlo para algo que ha escrito el "pichichi" del equipo de Titanfall 2 de la Facultad de Informática de la UCM (@TitanFall_FDI).

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Siega

"Yes, there are aliens. No, we shouldn't contact them."

Stephen Hawking[1].

 

El sol parpadea, como una luz que agoniza bajo el soplido del viento.

Durante todo el día de ayer, apenas fue una candela.  Aguanté la respiración, rezando por que no se apagara, por que no fueran aquellos nuestros últimos ocho minutos de vida, y, por fin, esta mañana, los rescoldos parecieron avivarse.



[1] "Sí, hay alienígenas.  No, no deberíamos contactar con ellos."  Fuente: The Atlantic. com "Stephen Hawking: Don´t contact Aliens." 26 de Abril de 2010.

 

 

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Cómo inventé la máquina del tiempo

-¡Atención niños! -anunció la maestra- Hoy viene a visitarnos el Profesor Oswald Dante, descubridor del viaje en el tiempo. Supongo que os preguntaréis... ¿cómo es posible que una eminencia en este campo venga a una escuela perdida en una colonia exterior, verdad?. Pues bien, resulta que el profesor es un antiguo amigo de la aquí presente, señorita Osiris,... ainch. -suspiró la anciana, con mirada perdida, regodeándose en algún recuerdo pasajero.

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Siempre para otro

Tras contemplarla de la mano de aquel tipo alto, con pelo rapado al estilo militar, y de haber mesado su propia melena, deseó que la piel de tan raudo hombre fuese la suya. Su chica dejó de hablarle. Ella firmó la guerra con el restallido de una bofetada, que sonó como una salva de cañones, y él, antes de girar la cabeza por el golpe, vio un resplandor del pelo rojizo y leonino de ella, y cobardemente, cedió al asedio, y así pasaron dos días sin hablarse. Al tercero, sin apartarla de su pensamiento, tampoco secundó el final, y sólo hizo un hueco para la joven novia del soldado, cuya instantánea todavía bombardeaba su memoria mientras caminaba por un parque de Madrid al atardecer, cuando los edificios en el horizonte se asemejan a una gran mandíbula a punto de devorar la cúpula celeste.

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Hikikomori

Tiferet

La enorme torre repleta de apartamentos se alzaba ominosa como queriendo tocar el cielo... y sí, ahora que recuerdo, me dijeron que en el pasado le llamaban "rascacielos". Había decenas -cientos quizás-, como flores en un jardín, de distintos tamaños y formas, extendiéndose vastamente hasta el horizonte y limitando con la playa cuyas azuladas aguas chocaban con los arrecifes y la costa. En cada uno de ellos vivían cientos de personas, una por cada ventanita más o menos. Interminables aves mecánicas sobrevolaban las edificaciones como mosquitos alrededor de la basura. Unas reparaban las estructuras cuando se deterioraban o dañaban por el ambiente, otras recogían la basura que los habitantes dejaban caer por tubos y terminaban en un gran basurero común, y otras entregaban paquetes de cosas que la gente de los Edificios compraba.  

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Luces y sombras de la fantasía científica soviética I: De la rusia zarista a la Gran Purga

Cuando se han cumplido recientemente los cien años de la llamada Revolución de Octubre, sobre la que tanto se ha escrito y disputado, parece adecuado aprovechar la ocasión para hablar, aunque sea brevemente, acerca de la literatura de ciencia ficción soviética, enorme en cuanto a producción se refiere, pero a la par escasamente conocida y editada en el ámbito occidental. No pretendemos en absoluto discurrir sesudamente sobre la génesis y evolución de la llamada fantasía científica soviética, así como de sus connotaciones filosóficas, políticas o sociológicas, tarea que por otra parte sería inmensa, y para lo cual existen ya profundos tratados y multitud de monografías específicas,[1] sino tan sólo indicar a grandes rasgos las tres principales etapas en las que puede dividirse, netamente diferenciadas por sus motivaciones, credibilidad científica y nivel de introspección. Reivindicamos asimismo algunos autores y obras que, por una u otra razón, siguen siendo mayoritariamente desconocidos por el aficionado a la ciencia ficción, pese a su calidad o relevancia en el género. Esta primera fase, que constituye el objetivo de la presente reflexión, sería la correspondiente a la transición de la literatura rusa de tipo fantástico a la ciencia ficción soviética propiamente dicha. En términos cronológicos, esta primera época finalizaría en 1937, año en el que turbulentos acontecimientos obligarían a los autores de ciencia ficción soviéticos verdaderamente creativos a permanecer en un estado de latencia que duraría más de una década.



[1] Véase el estudio crítico de Britikov citado en la nota 6, así como aquellos contenidos en la biliografía.

 

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ISSN: 1989-8363