Biblioteca Complutense

Alquimia: Ciencia y pensamiento a través de los libros. Más información

Textos clásicos

Es imprescindible hacer un acto de reconocimiento a unos libros de alquimia especiales. Son los textos clásicos de los alquimistas, aquéllas páginas que otros muchos autores nos mandan leer una y otra vez. Son sus biblias. En estos libros, al parecer, está todo el secreto de la alquimia al descubierto, explicado y dispuesto a ser entendido. Isaac “el holandés”, Geber, Ulstad… son los pilares de este Arte; sin ellos, la alquimia sería bien distinta. Los aquí expuestos son algunos de los libros impresos de lectura obligatoria, si queremos hacer caso al Adepto, al alquimista que quería obtener la Piedra Filosofal. Muchos de estos textos circularon manuscritos durante siglos y siglos y, con la imprenta, fueron editados una y otra vez ante una demanda que, aún hoy no ha desaparecido.

Decía un alquimista que quien quiera aprender no ha de leer muchos libros, sino unos pocos, muy selectos. Que ha de leer a Ramón Llull, Arnau de Vilanova, a Iohannes de Ruspescissa y poco más. Con el tiempo, estos textos clásicos fueron aumentando desde la Edad Media a la Edad Moderna, pero en un número o mucho mayor del que, afortunadamente, aquí se exhibe. Si un alquimista viniera a esta Exposición y hubiera de elegir una decena de libros de entre todos, seguro que escogería los de esta sección.

Alquimia luliana

A caballo entre los siglos XIII y XIV, el mallorquín Ramón Llull (1232-1315) reslumbró como pocas personas han podido hacerlo nunca. Filósofo, músico, teólogo, entre otras muchas más cosas, ha venido siendo uno de los personajes más estudiados de la Historia. Generó una doctrina, el lulismo, que se ramificó en todas las áreas de conocimiento. Hubo lulismo religioso, lulismo teológico y, como no, lulismo alquímico.

La creencia en una causa única (Dios), y una esencia, o quinta esencia (Espíritu Santo en Religión), el ofrecer un método de acceso al conocimiento general de todas las ciencias, como fue su Ars Magna Generalis y la demostración de todo esto a través de combinaciones (Ars combinatoria), hizo que también fuera considerado uno de los pilares de la alquimia.

No hay alquimista que se precie de tal que no haya leído los textos que se le atribuyen a Ramón Llull. La mayoría de los mismos son pseudográficos, pero aún hoy no se ha podido demostrar que él no se sintiera atraído por la alquimia. Por supuesto, sin la alquimia luliana, toda la propia historia de la alquimia hubiera tomado un rumbo diferente, totalmente distinto. Éste es motivo suficiente para que no nos podamos olvidar de él en esta exposición.

Paracelso y sus seguidores

Philippus Aureolus Theophrastus Paracelsus (1493-1541) es una figura clave para nuestra comprensión de las ciencias y la medicina del siglo XVI. Un contemporáneo de Copérnico (1473-1543) y Vesalius atacó la confianza tradicional en los autores antiguos en las universidades. Creía que la verdad se encontraba en nuevas observaciones de la naturaleza más que en disputas formales sobre el significado de las antiguas autoridades. Al mismo tiempo, era el período de la Reforma y para él y sus seguidores, el libro de la naturaleza de Dios era tan verdadero como la Biblia misma. En especial, una clave para comprender la naturaleza se encontraba en la química. Paracelso introdujo en la química los tres principios (sal, azufre y mercurio) que sus seguidores utilizaban con frecuencia junto con los cuatro elementos aristotélicos (tierra, aire, fuego y agua).

Sin embargo, la mayoría de los paracelsianos estaban interesados ​​en la medicina. Paracelso abandonó la explicación galénica de la enfermedad como un desequilibrio interno de los humores en favor de factores externos que entraban en el cuerpo desde el exterior y anhelaban órganos específicos. Estos órganos operaban químicamente y parecía razonable curar los trastornos químicos con medicinas preparadas químicamente en lugar de los brebajes de hierbas de los galenistas.

El resultado fue un nuevo énfasis en los productos químicos de base metálica que resultó en un amargo conflicto entre estos médicos químicos y los galenistas que estaban atrincherados en las universidades. Entre los primeros seguidores de Paracelso se encontraban editores de su obra como Gerard Dorn (finales del siglo XVI), Guinter von Andernach (1505-1574) (retrato de la derecha), el anatomista parisino que encontró valor en los nuevos productos farmacéuticos, y Peter Severinus (1542-1602), quien preparó la primera y conocida síntesis del parecelsianismo. A las obras de estos y otros autores se opusieron los defensores de Aristóteles y Galeno, como Tomás Erasto (1524-1583). En ninguna parte este debate fue más acalorado que en París, donde el establecimiento médico se negó a sancionar las medicinas químicas. Un practicante, Thedore Turquet de Mayerne (1573-1655) fue prohibido por la facultad de medicina.
La filosofía química paracelsiana fue reelaborada nuevamente a mediados del siglo XVII por Jean Baptiste van Helmont (1579-1644) (retrato de la izquierda) cuya obra era de contenido menos místico y encontró numerosos conversos entre los llamados nuevos filósofos como el joven Robert Boyle (1627-1691). El trabajo de los Paracelso-Helmontianos del siglo XVII también ayudó a introducir la química como una materia aceptada en las facultades de medicina de Europa. de hecho, fueron responsables de hacer un tema académico a fines de ese siglo.

Alquímia y Medicina

Prolongatio vitae. Prolongar la vida más allá de los términos razonables mediante mecanismos alquímicos es una de las promesas enunciadas en De retardatione accidentium senectutis, obra atribuida a Roger Bacon. Será esta idea la que marque el nacimiento de una nueva corriente de pensamiento dentro de determinados sectores médicos medievales, dispuestos a conseguir un medicamento perfecto, un elixir alquímico capaz de conseguir el equilibrio puro del cuerpo humano, propio de Adán antes de la expulsión del Paraíso.

Frente a lo descabellado de la teoría, desde presupuestos científicos actuales, la idea de un fármaco perfecto tenía sólidas bases filosóficas en el momento de su concepción. Se consideraba que el origen del universo estaba en un material incorruptible conocido como argentum vivum, que se desglosó en una parte fina, formadora de los cuerpos celestes, y una parte basta, que evolucionó hasta conformar los cuatro elementos formadores de los cuerpos terrestres. No se tiene conocimiento cierto de quién enunció esta idea por vez primera, pero ya aparece descrita en 1220 por Robert Grosseteste, que la hacia originaria de los supuestos alquímicos. Posteriormente fue Roger Bacon quien postuló la teoría de que todos los cuerpos tenían un mismo origen en una única sustancia, no identificable con ninguno de los cuatro elementos, sino origen de todos. Se origina así la primera idea que conduce a la posible existencia de un fármaco perfecto: si todos los cuerpos procedían de una sola sustancia incorruptible, sólo había que hallar la manera de alcanzarla para poner fin a la degeneración y muerte causada por los cuatro elementos corruptibles.

Esta capacidad de transformación o transmutación fue asimilada por los alquimistas para concebir el opus alquímico como un regreso a la materia primera original a partir de cualquier sustancia. Los textos alquímicos medievales asimilaban el primer estadío del opus con la separación de los cuatro elementos de cualquier sustancia material. Esta separación consistía en el uso sabio del fuego que, en fases sucesivas, hacía salir del vaso las sustancias volátiles, mientras dejaba las partes térreas depositadas en el fondo. La recombinación de los cuatro elementos en equilibrio perfecto conducía a la obtención de un cuerpo no corruptible, llamado elixir. El conjunto de operaciones químicas empleadas en esta separación recibía el nombre genérico de destilación.

La difusión de estas ideas, en el primer tercio del siglo XVI, popularizó entre diversos sectores médicos y farmacéuticos la práctica de fijar las propiedades de sustancias medicinales mediante destilación, para obtener fármacos capaces de curar todas las enfermedades humanas. Es entonces cuando empiezan a aparecer libros dedicados al arte destilatoria asociada a la producción de medicamentos. Los primeros fueron el Distillierbuch y el Liber de arte distillandi de Hieronymus Brunschwig, dos tratados prácticos que hacen especial hincapié en la preparación de aguas y aceites por medio de la destilación, con útiles descripciones del equipamiento de laboratorio a través de ilustraciones así como de las plantas que pueden ser destiladas y su aplicación médica. Mucho más conocido, si cabe, es el Tesoro de los remedios secretos de Evónimo Filiatro, pseudónimo de Conrad Gesner, que no se limita tan sólo a las destilaciones vegetales, tal y como se observa en la obra de Brunschwig, sino que ensancha el campo a las preparaciones metálicas y a su aislamiento en forma de precipitados. Comenzó a difundirse, de esta manera, la espagiria, entendida como el arte que, utilizando los métodos, procesos y operaciones del arte alquímico, tenía como objeto la elaboración de productos destinados al arte de curar. De esta forma cristalizó un desarrollo filosófico, gestado a lo largo de casi cuatro siglos, y que significaba la introducción de determinados conceptos alquímicos en la elaboración de medicamentos. El punto culminante de este proceso corresponderá a la aparición de Paracelso, el médico suizo que iba a convulsionar la terapéutica renacentista con sus nuevos planteamientos. A través de sus escritos, fuertemente influenciados por la alquimia, contribuyó de manera decisiva a la incorporación de remedios minerales, hasta entonces proscritos de la terapéutica tradicional, y a la búsqueda de remedios específicos para cada enfermedad, lejos de los medicamentos extremadamente complejos que caracterizaban las boticas galénicas.

La alquimia a finales del siglo XVII

A finales del siglo XVII estamos en un escenario fantástico. Por un lado el exceso de experimentación de procesos y métodos originó que hubiera especialistas interesados más en cómo se obtenía un producto en el laboratorio que en saber para qué servía como medicamento. Estamos en las puertas del nacimiento de la Química como la ciencia que hoy conocemos. El camino ha sido largo y difícil. Desde los Paracelsistas, los espagiristas y los medico-chymicos, la alquimia no ha dejado de tener nunca presencia.

En estos años convivieron varias formas de pensamiento, la tradicional y la  moderna. Había también alquimistas, tal cual, y defensores de la química como ciencia capaz de poder ser una disciplina independiente. Defensores y detractores se enfrentaban en discusiones que alcanzaban a la Filosofía o a la Religión. La solución no podía ser otra: la Química se independizó de la medicina, pero la Alquimia no murió, subsistiendo en momentos tan difíciles como el siglo XVIII, el de la Ilustración y el racionalismo salvaje.

Colecciones de textos

Las collectaneas impresas representan un elemento fundamental para el desarrollo de la literatura alquímica durante el Renacimiento y el Barroco [1]. La encendida actividad literaria de los alquimistas y la solicitud de textos por parte de los lectores invitó a los tipógrafos europeos a estampar extensas colecciones con los tratados más apreciados por los aficionados a esta práctica. Su valor histórico como divulgadoras de la alquimia es a todas luces sobresaliente. Estimularon el interés más variado por la ciencia transmutatoria en el cuadro de un debate extenso sobre las operaciones naturales y artificiales que se avivó desde los dominios de la cultura del Quinientos para prolongarse en las centurias posteriores. El profesor Robert Halleux, en su obra Les textes alchimiques, dejo bien señalado que para avanzar con paso firme en el conocimiento de la historia de la alquimia: "...sería muy útil estudiar a los editores especializados [en estas colecciones] (Perna, Zetzner, etc.) y los entornos que gravitaron alrededor de ellos" [2]. Sin embargo, al margen de descripciones generales, se trata de un género que se mantiene casi inexplorado por los historiadores especializados, sin que se hallan definido los detalles concretos de su elaboración. Por desgracia estas obras son utilizadas hoy día como una mera herramienta de consulta de carácter secundario. Tan escasa atención a su valor autónomo ha motivado errores clamorosos en la descripción física de sus ediciones y contenidos así como en la identificación de los compiladores responsables. Por citar un par de ejemplos, el Theatrum chemicum, que viene siendo reconocida como la colección más famosa de la historia vio por primera vez la luz en tres volúmenes y no en cuatro como suele creerse [3]. Tampoco es cierto que la Bibliothèque des philosophes chymiques sea obra del médico inglés William Salmon (1644-1713), pues su verdadero autor es el doctor Nicolás Salomón, originario de la región de Poitou [4].

La selección de obras que han preparado los responsables de la exposición para esta sección se centra en colecciones misceláneas donde la elaboración del lapis philosophorum y la transmutación metálica son los protagonistas. Entre los repertorios de menor extensión destacan las versiones parisiense y lionesa del De la Transformation métallique, confeccionado por Robert Duval (ca.1505-ca.1580) [5]. Su comparación con las ediciones previas de La Fontaine des Amoureux de Science ha revelado el enfrentamiento entre tipógrafos por dominar la materia alquímica en lengua vernácula [6]. Otra pieza interesante son los Trois anciens traictez de la philosophie naturelle, pues contienen la primera traducción al francés del Tractatus aureus de Hermes y la Responsio ad Thomam de Bolonia de Bernard de Trèves (ca.1382) que habían circulado en collectaneas latinas anteriores. El conjunto fue recopilado por un apasionado bibliófilo de la alquimia llamado Gabriel Joly del que se conserva en Bolonia un total de nueve tomos manuscritos entre 1609 y 1620 con escritos en latín, francés y griego [7].

Las grandes collectaneas están representadas por la Alchimiæ Gebri estampada por Matthias Biener (ca.1495-1554) [8]. Se trata de una reedición del In hoc volumine de alchemia continentur haec salido de las prensas de Johannes Petreius (1497-1550) en 1541 [9]. El conjunto fue organizado por un hombre oculto tras el seudónimo Chrysogonus Polydorus, cuya identidad se corresponde con el religioso luterano Andreas Osiander (1498-1552) bien conocido en la historia de la ciencia por haber prologado el tratado De revolutionibus de Copérnico [10].

La Veræ Alchemiæ, con un total de 53 tratados divididos en dos partes, marca un punto de inflexión en la realización de collectaneas alquímicas por la envergadura de los materiales implicados. El tomo había sido imaginado por Johannes Petreius, aunque sus impresores finales fueron Heinrich Petri (1508-1579) y Pietro Perna (1520-1582) bajo la dirección editorial del médico calvinista Guglielmo Grataroli (1516-1568) [11]. La Alchemiæ, quam vocant, artisque metallicæ publicada por Perna once años después, y de la que también hay un ejemplar en la Biblioteca Marqués de Valdecilla, no es más que una reedición parcial (27 tratados) de la Veræ Alchemiæ original [12].

No puedo cerrar este breve comentario sin mencionar la Bibliotheca Chemica Curiosa, cuyos 141 tratados fueron reunidos por el médico de Ginebra Jean-Jacques Manget (1652-1742) [13]. Tiene dos parte bien diferenciadas. La primera, con 15 tratados, intenta precisar el valor de la alquimia e introducir al lector en las particularidades de su estilo literario. Su diseño se inspira en el De Ortu et Progressu Chemiæ Dissertatio del químico danés Olaf Borch (1626-1690). La segunda parte es una colección de tratados que toma en el orden cronológico establecido por el propio Borch en su Conspectus Scriptorum Chemicorum Celebriorum. El conjunto final da una visión general y ordenada de la bibliografía alquímica más relevante del momento.


NOTAS

[1] Una análisis pormenorizado de este tema, con un listado y estudio de todos los ejemplares conservados en la Comunidad de Madrid se encuentra en: J. RODRÍGUEZ GUERRERO, "Historia de las Collectaneas Alquímicas a través de los Ejemplares conservados en Bibliotecas Madrileñas", en: J. Rodríguez (ed.), Alquimia, Hermetismo, Paracelsismo y Ciencia en España (Siglos XVI-XVIII). A aparecer en 2006.

[2] R. HALLEUX, (1979), Les textes alchimiques, Brepols Publishers, Turnhout, p. 95, n. 73.

[3] John Ferguson cometió este error en su inventario de tratados alquímicos y de ahí se generalizó por falta de comprobaciones posteriores. J. FERGUSON, (1954), Bibliotheca Chemica, 2 vols., Ed. Derek Verschoyle, Londres, t. II, p. 439: "The Theatrum Chemicum made its firts appearance at Ursel, 1602, in four volumes...". LYNN THORNDIKE, (1923-1958), A History of Magic and Experimental Sciences, 8 vols., Columbia University Press, New York, t. VII, p. 154: "Frist issued at Ursel in 1602 in four volumes...". R. HALLEUX, (1979), Les textes alchimiques, (óp. cit.), p. 93: "En 1602 parut á Ursel la première édition du célèbre Theatrum chemicum, en 4 volumes...". J. PARDO TOMÁS, (1999), Ciencia y Censura. La Inquisición Española y los Libros Científicos en los Siglos XVI y XVII, CSIC, Madrid, p. 256: "...la edición del Theatrum de 1602 constaba, como hemos dicho, de cuatro volúmenes...". La falta está tan extendida que la Biblioteca Nacional de España clasifica dentro de la sección de incompletos una edición de 1602 íntegra en 3 volúmenes: Madrid, Biblioteca Nacional, sig. 6-i568.

[4] La atribución a Salmon aparece en el catálogo del British Museum, en la Histoire de la philosophie hermetique de Leglet-Dufresnoy, el Dictionaire des ouvrages anonymes de Barbier y en varias entradas del Catalogue Collectif de Francia. Para un correcto estudio: J-M. MANDOSIO, (2000-2003), "Nicolas Salomon et sa Bibliothèque des philosophes [chymiques] (1672-1678)", en: Chrysopoeia, VII, pp. 343-378.

[5] DIDIER KAHN, (1992-1996), "Quelques précisions sur Robertus Vallensis alias Robert Duval, de Rugles", en: «Chrysopoeia», V, pp. 439-442.

[6] Sobre este asunto: MARIE MADELEINE FONTAINE, (1987), "L'alchimie à Lyon au milieu du XVIe siècle", en: Lyon cité de savans, 112e Congrès national des Sociétés savantes, Impr. Louis-Jean, Lyon, t. I, pp. 43-53. MARIE MADELEINE FONTAINE, (1988), "Banalisation de l'alchimie à Lyon au milieur du XVIe siècle, et contre-attaque parisienne", en: A. Possenti & G. Mastragelo (eds.), Il Rinascimento a Lione, Ed. Ateneo, Roma, pp. 263-322.

[7] DIDIER KAHN, (1994), "Le fonds Caprara de manuscrits alchimiques de la Bibliothèque Universitaire de Bologne", en: Scriptorium, 48, pp. 62-110, cf. pp. 81-82.

[8] H. BLOESCH, (1937), Dreissig Volkslieder aus den ersten Pressen der Apiarius, Schweizer Bibliophilen Gesellschaft, Bern.

[9] ANDREAS OSIANDER (ed.), (1541), In hoc volumine de alchemia continentur hæc, apud Ioh[annem] Petreium, Norimbergæ. Sobre Johannes Petreius. H.-O. KEUNECKE, (1982), "Johann Petreius (1496/97-1550). Ein Beitrag zu Leben und Werk des Nürnberger Buchdruckers, Verlegers und Buchhändlers", en: Mitteilungen des Vereins für Geschichte der Stadt Nürnberg, 69, pp. 110-129.

[10] JOACHIM TELLE, (1992), Rosarium philosophorum. Ein alchemistisches Florilegium des Spätmittelaters. Faksimile der illustrierten Erstausgabe Frankfurt 1550. Übers. von Lutz Claren und Joachim Huber. Erläutert und hg. von Joachiemn Telle, 2 vols., VCH, Weinheim, cf. t. II, p. 264.

[11] J. BENZING, (1982), Die Buchdrucker des 16 und 17 Jahrhunderts im deutschen Sprachgebeit, Otto Harrassowitz, Wiesbaden, pp. 355-360. C. GILLY, (1985), Spanien und der Basler Buchdruck bis 1600, Helbing & Lichtenhahn, Basel, p. 35. A. PASTORE, (2002), "Grataroli, Guglielmo", en: Dizionario Biografico degli Italiani, t. 58, Roma, pp. 731-735.

[12] DENIS DUVEEN, (1949), Bibliotheca alchemica et chemica, E. Weil, London, p. 268.

[13] M.L. PORTMANN, (1975), "Jean-Jacques Manget (1652-1742) of Geneva, Physician, Writer and Collector", en: Gesnerus, 32, 1-2, pp. 147-152.

Los libros de secretos

One of the most popular genres in early modern science publishing, the collections of recipes known as ‘books of secrets’ began to stream from the presses in the mid-sixteenth century and were printed continuously down to the eighteenth century.  These popular works contained hundreds of medical and technical recipes, including alchemical recipes and experiments relating to metallurgy, distillation, dyeing, and making perfume, oil, incense, and cosmetics.  The books of secrets supplied a great deal of practical information to an emerging new, middle-class readership, leading some historians to link them with the emerging secular values of the early modern period and to see them as contributing to the making of an ‘age of how-to.’

However, the books of secrets were not merely ‘how-to’ books.  They were also intended as serious contributions to the study of natural philosophy, as science was then called.  Underlying the books of secrets was the premise that nature was a repository of hidden forces that might be discovered and manipulated by using the right techniques.  Unlike the recondite contemporary treatises on magic and the occult arts, the books of secrets were grounded upon concrete, experimental trials.  At the same time, the books of secrets popularized the emerging experimental method and attitudes to the lay public. 

The most famous sixteenth-century book of secrets was a work attributed to Alessio Piemontese,  I Secreti del reverendo donno Alessio Piemontese (1555).  Alessio's Secreti went through more than a hundred editions and was still being reprinted in the 1790s.  The humanist Girolamo Ruscelli, (1500-1566), the real of author of the Secreti, reported that the work contained the experimental results of an Academy of Secrets that he and a group of humanists and noblemen founded in Naples in the 1540s. 

Ruscelli’s Academy of Secrets is the first recorded example of an experimental scientific society.  The academy was later imitated by Giambattista Della Porta, who founded an ‘Accademia dei Secreti’ in Naples in the 1560s. 

Alessio Piemontese was the prototypical ‘professor of secrets.’  The description of Alessio’s hunt for secrets in the preface to  the Secreti gave rise to a legend of the wandering empiric in search of technological and scientific secrets.  Its enormous popularity made the work play a key role contributing to the emergence of the conception of science as a hunt for the secrets of nature.  The concept of science as a hunt pervaded experimental science during the Scientific Revolution.

In the books of secrets, experimental science shaded into natural magic.  Giambattista Della Porta's famous Magia naturalis (1558) deployed practical recipes in an effort to demonstrate the principles of natural magic.  Other books of secrets, such as Isabella Cortese's Secreti (1564), a compilation of alchemical recipes, disseminated experimental techniques and practical information to a wide readership.  Recent research has suggested that the books of secrets played an important role in the emergence of early modern experimental science, acting as intermediaries between the private and esoteric ‘secrets’ of medieval alchemists and magic and the public Baconian ‘experiments’ that characterized the research programs of the Royal Society of London and other seventeenth-century experimental academies. 

Libros raros

Las fuentes documentales constituyen la herramienta principal del historiador a la hora de analizar los hechos del pasado. La fragilidad de los soportes materiales de los textos y el paso del tiempo han hecho que la inmensa mayoría de los documentos de la antigüedad se hayan perdido para siempre. La invención de la imprenta aumentó enormemente la probabilidad de supervivencia de las obras, al multiplicar los ejemplares producidos en comparación con los manuscritos. A pesar de todo, el tiempo transcurrido desde entonces es lo suficientemente largo como para que, de la mayoría de las obras impresas hasta finales del XVII, sólo unas pocas copias hayan llegado hasta el presente. Este factor, la escasez de ejemplares supervivientes, es probablemente el elemento principal a tener en cuenta para incluir un determinado texto en el reducido club de los “raros”. Otros factores contribuyen también a la consideración de poco frecuente, incluso único, de un ejemplar determinado,

y todos ellos tienen que ver con algún factor que lo distingue de otros en principio semejantes. En algunos casos, esos factores se deben a la intervención de algún propietario en el documento, para realizar anotaciones, comentarios o añadidos al propio texto, que en muchos casos son extremadamente valiosos porque suelen reflejar el estado de conocimientos no sólo del autor, sino también de una época, en el asunto del que trate el libro en cuestión. La Alquimia es pródiga en libros raros. Un caso particular lo constituyen los libros que son ilustrados o coloreados por el propietario. Éste es el caso de uno de los ejemplares más valiosos que se exhibe, la Historia Natural de A. Lonitzer (1569). Tal y como anotó su poseedor, éste encargó pintar a la acuarela los grabados xilográficos de su ejemplar, dando lugar a una obra de una estética realmente extraordinaria. Entre los libros raros expuestos en esta sección hay algunos no conocidos ni exhibidos antes, no catalogados ni vistos en público. Es más, posiblemente nunca se puedan reunir más que en esta Exposición.

El arte espagírico

La Espagiria (del griego span, unir; y ageiron, separar) indicaba el método de trabajo que siguieron unos médicos. Se basaba en la destilación y se pretendía separar las partes más impuras de las más puras con el fin de lograr la mejor efectividad del medicamento. Así, destilando la materia del futuro medicamento dentro de un vaso se obtenían unas cenizas en el fondo y el agua condensada de los vapores. Ambas cosas eran (tierra y agua), conseguidas por el calor (fuego) y elevadas algunas a través del vaso (aire); así la tierra y el agua se separaban. A continuación se volvían a unir, repitiendo una y otra vez la separación y la unión. En realidad es una derivación de la práctica alquímica. Con unos componentes más puros se conseguiría una medicina más efectiva. Es el proceso alquímico del solve et coagula (disuelve y coagula), en el que cada vez se limpiaba la esencia de la Materia.

 Los espagiristas fueron los sucesores directos de los seguidores de Paracelso y tuvieron su auge en las primeras décadas del siglo XVII y se extendieron desde las universidades de Medicina de Montpellier y París hacia el resto de Europa. Su tarea consistió en presentar la validez de métodos emanados de la Alquimia de forma que fueran entendidos y aceptados por la Medicina oficial. Había que vencer las reticencias que generaron sus predecesores, y para ello empezaron a conjugar los principios de ambas disciplinas (el Galenismo y la Medicina química, Hipócrates y la Alquimia). Y no había otra forma que demostrar que una práctica (la Espagiria) sólo podía traer beneficios para el Galenismo (la Medicina oficial), toda vez que éste último estaba desprestigiado desde el siglo XVI al fracasar ante algunas enfermedades como la Peste europea del siglo XV o una nueva conocida como “el mal francés”.

 Poco a poco, su labor se fue cumpliendo y la Espagiria hizo que algunos postulados alquímicos y algunos métodos, como el de la destilación, fueran ya algo normal en el ejercicio y la práctica médica. No en vano, espagiristas y alquimistas dieron las primeras clases “de chymica” en el Jardín Real de Plantas de Luis XIII de Francia.

Alquimia en España

Suelen los alquimistas considerar como sus más insignes maestros a Ramón Llull, Arnau de Vilanova y a Johannes de Rupescissa, todos ellos procedentes de la zona catalana-occidental. Desde ellos hasta Theophilo, un buen número de personas se han acercado a la Alquimia. Reyes como Felipe II, insignes boticarios como Fray Andrés de Villacastín, o seguidores de Johan Daniel Mylius como Bernardo de Cienfuegos, son sólo parte del elenco de seguidores de la Alquimia. Pero no podían faltar alquimistas puros, como Luis de Centelles, en el siglo XVI, o Diego Torres Villarroel un siglo después.

Todos ellos forman un grupo común y diferenciado, abarcando desde la Medicina química hasta la destilación de hierbas, la simbología, o el simple deseo de obtener oro y más oro. La Alquimia en España y hecha por personas nacidas en la península fue de tal importancia que determinó, desde su llegada por la vía árabe durante la Edad Media, a la de toda Europa.

Alquimia, Química y Tecnología

La imaginería alquímica aparece abundantemente en manuscritos europeos a partir del siglo XIV. Se conocen manuscritos con miniaturas (imágenes coloreadas), como el Aurora Consurgens (El Despertar de la Aurora, s. XV) y, sobre todo, el Splendor Solis (El Esplendor del Sol, s. XVI), la obra cumbre de la miniatura alquímica, que contienen toda una simbólica de los colores.

 Los manuscritos alquímicos no desaparecieron con la llegada de la imprenta en el siglo XV, pero ésta favoreció sin duda la expansión de la iconografía alquímica, ya que numerosos libros de Alquimia de la época aparecen ilustrados con grabados xilográficos (sobre madera). El primer cuarto del siglo XVII marca la edad de oro del grabado alquímico, localizado sobre todo en regiones germánicas, de la mano de editores de la talla de Teodoro De Bry y Lucas Jennis, y grabadores como Matías Meriam, quien muy probablemente ejecutó los emblemas de la obra maestra de la imaginería alquímica impresa, La Fuga de Atalanta (1617), de Michael Maier, autor también de otras obras ilustradas.

Las imágenes de esas obras no aparecen de manera aislada, sino que forman conjuntos iconográficos, programas ordenados que al tiempo que expresan de manera simbólica el universo conceptual de la Alquimia, proporcionan información velada acerca de claves operativas. Así, los metales aparecen representados generalmente con los atributos de los planetas y astros a los que están asociados, el oro al Sol, la plata a la Luna, el plomo a Saturno, etc. En otros casos, el desprendimiento de vapores se representa mediante aves en vuelo ascendente, mientras que su descenso expresa procesos de condensación. Esos códigos simbólicos pueden ser descifrados, traducidos eventualmente a operaciones químicas, pero es conveniente recordar que el poder evocador del símbolo viaja más allá de la razón, hasta alcanzar sustratos del espíritu humano enormemente antiguos, la fuente de todos los mitos.

Simbolismo y Alquimia

La alquimia se expresa siempre a través de un lenguaje simbólico, que constituye probablemente su seña de identidad más característica. El vehículo de expresión primordial del lenguaje alquímico es la imagen. Aunque ya en los textos greco-egipcios encontramos algunas imágenes simbólicas, como el Ouroboros, la serpiente que se muerde la cola, la iconografía alquímica se desarrolla sobre todo en la Europa cristiana.

La imaginería alquímica aparece abundantemente en manuscritos europeos a partir del siglo XIV. Se conocen manuscritos con miniaturas (imágenes coloreadas), como el Aurora Consurgens (El Despertar de la Aurora, s. XV) y, sobre todo, el Splendor Solis (El Esplendor del Sol, s. XVI), la obra cumbre de la miniatura alquímica, que contienen toda una simbólica de los colores.

 Los manuscritos alquímicos no desaparecieron con la llegada de la imprenta en el siglo XV, pero ésta favoreció sin duda la expansión de la iconografía alquímica, ya que numerosos libros de Alquimia de la época aparecen ilustrados con grabados xilográficos (sobre madera). El primer cuarto del siglo XVII marca la edad de oro del grabado alquímico, localizado sobre todo en regiones germánicas, de la mano de editores de la talla de Teodoro De Bry y Lucas Jennis, y grabadores como Matías Meriam, quien muy probablemente ejecutó los emblemas de la obra maestra de la imaginería alquímica impresa, La Fuga de Atalanta (1617), de Michael Maier, autor también de otras obras ilustradas.

Las imágenes de esas obras no aparecen de manera aislada, sino que forman conjuntos iconográficos, programas ordenados que al tiempo que expresan de manera simbólica el universo conceptual de la Alquimia, proporcionan información velada acerca de claves operativas. Así, los metales aparecen representados generalmente con los atributos de los planetas y astros a los que están asociados, el oro al Sol, la plata a la Luna, el plomo a Saturno, etc. En otros casos, el desprendimiento de vapores se representa mediante aves en vuelo ascendente, mientras que su descenso expresa procesos de condensación. Esos códigos simbólicos pueden ser descifrados, traducidos eventualmente a operaciones químicas, pero es conveniente recordar que el poder evocador del símbolo viaja más allá de la razón, hasta alcanzar sustratos del espíritu humano enormemente antiguos, la fuente de todos los mitos.