Biblioteca Complutense

Javier Olivares: 10 libros ilustrados. Más información

Agradecimientos

 

Presentación:

Paradójicamente uno, que como ilustrador se pasa el día ejerciendo una profesión que consiste básicamente en la toma de decisiones ( lo hago más realista, lo hago más estilizado...) y en las elecciones constantes (esta mano si... esta expresión no... este color vale...) de repente tiene que escoger diez libros para una exposición y se paraliza.

Es normal. Cuando uno lleva tanto años de profesión y ha ilustrado tantos libros y dibujado tantos tebeos, el ejercicio de elegir solamente diez tiene un inevitable aroma injusto, sobre todo para los que se quedan fuera.

Después de calibrar todo tipo de factores, y hacerse todo tipo de preguntas (¿los más bonitos?... ¿los más vendidos?... ¿ los mas trabajados?... ¿los menos conocidos?...) uno acaba por ceder al sentido común y a la infalible sinceridad sentimental.

Serán los libros que hayan significado algo para mi.

Personalmente más que profesionalmente, aunque muchas veces (lógicamente) coincidan ambas características.

Y aquí están.

Yo, que soy un pertinaz defensor del libro como destino final de nuestro trabajo, soy también ( y no es incompatible) un fanático admirador de los procesos creativos.

Creo que es una oportunidad única el poder ser testigo del camino del libro. De sus titubeantes inicios, de las tentativas, de los primeros bocetos, de las páginas e ilustraciones originales.

Me parece que poder asistir a esta parte oculta, otorga al impacto final una visión más completa ya que desvela muchas claves, muestra las decisiones y finalmente, explica el oficio.

En esta exposición me planteé que ya que estábamos en una biblioteca,  había que rendir un homenaje a los libros mostrando precisamente los procesos.

Pero no teman, no es como descubrir el mecanismo de un truco de magia. No hay decepción, como ocurre al descubrir que el conejo no estaba realmente en el sombrero. En nuestra profesión lo importante no es realmente cómo lo hacemos.

Les aseguro que cuando abran un libro, la magia seguirá intacta.

Javier Olivares

 

Diez libros ilustrados 

 

Sobre el autor

Nadie sabe si Javier Olivares es el último de los anteriores o el primero de los actuales. O si quizás sigue siendo, como desde hace mucho, el fulgor de un futuro alternativo. Su generación se hundió en una de las periódicas zozobras de la industria del cómic español, y él se agarró a los restos del naufragio para mantenerse a flote dibujando. Lo que fuera: ilustración periodística, libros infantiles, dibujos animados, carteles, libros de texto... Los andamios de junco que sostenían al Mejor Dibujante Secreto de Cómic de España. Por eso no es de extrañar que Javier sea capaz de pasar de "Teseo y el Minotauro" a Training and Development sin cambiar el paso, de saltar de la mitología clásica a la mitología urbana con aplomo británico. En sus dedos hay huellas de los Provensen y de Gorey, hay sol frío y tinieblas sofocantes, hay ángulos elípticos y óvalos prismáticos, hay tantas cosas que no se pueden decir.

Observar sus bocetos es interesante, porque los bocetos de Javier son los sillares con los que levanta sus muros gráficos. Son muros de minuciosa taracea y de grosor ciclópeo. Tienen algo tan fuerte que es casi traslúcido. Como el mismo Javier dice, es como si hiciera siempre robots distintos combinando las mismas piezas. Por eso, ver esas piezas por separado permite intuir algo que sólo se entiende cuando se compara con la obra terminada. Aunque a lo mejor lo que se entiende es que no se entiende.

Cuando empecé a escribir tebeos, Javier estuvo a mi lado. Empezamos juntos un Beowulf que aún no hemos terminado. Con él aprendí a construir, a mover las piedras y sujetar los paramentos, a abrir ventanas y afianzar arbotantes. Y aprendí también algo sobre Javier. Aprendí que el milenario relato de Beowulf salía tan fluido de sus manos como si Javier fuera un artista de ayer, de un tiempo antiguo, sabio y bruto. Pero ese relato no ha terminado, tal vez no termine nunca, y por eso aprendí después que Javier también es del mañana, de un tiempo futuro, rojo y amplio. Siempre está llegando; su momento es siempre ahora, dentro de un momento, ya.

Santiago García

 

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