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Pabellón Marqués de Valdecilla
Biblioteca Histórica Marqués de Valcecilla, historia del pabellón
El pabellón Marqués de Valdeciilla se construyó en 1928 gracias a un donativo de 1.000.000 de pesetas que hizo don Ramón Pelayo de la Torriente, marqués de Valdecilla, a la Universidad. El pabellón se levantó en un solar colindante al edificio que ocupaba la sede principal en la calle de San Bernardo, si bien su fachada daba a la calle de Noviciado. La construcción fue encomendada a Francisco Javier Luque, que imitó el estilo y composición de la fachada que diseño, a mediados del siglo XIX, Narciso Pascual y Colomer.
A lo largo de estos casi cien años de exitencia, el pabellón ha alojado diferentes bibliotecas. Su historia se puede dividir en tres etapas diferentes, marcadas por sendas reformas y cambios sucesivos en las bibliotecas instaladas.
Primera etapa, 1928-1970
Pabellón "Marqués de Valdecilla"
El pabellón proyectado por Francisco Javier de Luque fue inaugurado el 10 de octubre de 1928 por el infante don Fernando, el Presidente del Consejo de Ministros, el Ministro de Instrucción Pública y el Claustro Universitario.
El edificio se destinó a las bibliotecas de las Facultades de Filosofía y Letras (Decanato, Escuela Superior de Diplomática y del profesor julio Cejador) y las de Derecho (General y Museo-Laboratorio Ureña) y a la instalación de varias cátedras y seminarios de dichas Facultades, con sus correspondientes colecciones bibliográficas. El edificio tenía dos plantas y sótano con una disposición funcional en torno a un patio que garantizaba una buena iluminación de todas las dependencias y contaba con un acceso directo desde la sede central de la Universidad. La biblioteca alojaba una amplia y luminosa sala de lectura “La sala de lectura, de libre acceso para el público, es espaciosa y en ella entra la luz a raudales, como en todo el edificio, y está decorada limpia y sencillamente: mesas de roble, con fácil y profuso juego de alumbrado eléctrico, sillas de cuero, estanterías también de roble, piso de madera, altos zócalos de linóleum y paredes esmaltadas en blanco. En esta sala permanecen únicamente los libros de uso diario”.
En los sótanos se dispusieron depósitos para libros suficientes para albergar más de 150.000 ejemplares de ambas facultades, con estanterías de metal, toda una novedad para la época, un modelo importado de los Estados Unidos.
Los fondos de la Biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras se trasladaron a la Ciudad Universitaria en 1935, quedando el pabellón como sede de las Bibliotecas de la Facultad de Derecho y del Museo-Laboratorio Ureña. El edificio sobrevivió a la Guerra Civil intacto y siguió siendo la principal biblioteca de la Universidad durante la primera Posguerra. Esta biblioteca ocupaba la planta baja y contaba con tres salas de lectura diferenciadas: Sala General de Derecho, Sala Menéndez Pelayo y Museo-Laboratorio Ureña. En ella estaba instalado el catálogo central de todas las bibliotecas de la Universidad (facultades, seminarios, laboratorios, etc.), así como otros especializados: incunables o tesis doctorales, entre otros.
En julio de 1957, tras el traslado de la Biblioteca de la Facultad de Derecho al nuevo edificio construido en la Ciudad Universitaria, se convierte en sede de la Biblioteca de la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas creada en 1947 e instalada provisionalmente hasta entonces en un pequeño local del caserón de San Bernardo, con muy pocos puestos de lectura. Esta Biblioteca, que contaba con cuatro salas de lectura (de estudio de libros de texto y apuntes, de libros de Economía, de libros de Política y de revistas) permanecerá en el pabellón hasta su traslado definitivo a la Ciudad Universitaria en 1965 y su instalación en el Edificio B de la Facultad de Filosofía y Letras hasta 1988. Tras su traslado, el pabellón queda prácticamente sin uso público, aunque en sus depósitos permanecieron distintas colecciones bibliográficas y el Archivo Universitario, que dejó de estar vinculado a la Biblioteca de la Facultad de Derecho.
Segunda etapa, 1970-1995
Biblioteca Pública Universitaria "Marqués de Valdecilla"
En el año 1968, la Dirección de la Biblioteca, con el aval de Rectorado, presentó un proyecto para utilizar como biblioteca pública universitaria el abandonado pabellón, que por entonces comenzaba a presentar síntomas de deterioro. La principal finalidad del nuevo centro, dada su privilegiada situación en el centro de Madrid, era crear una biblioteca destinada a los estudiantes, con horarios de apertura más prolongados que los de otras salas de estudio de la Ciudad Universitaria, según las necesidades del calendario académico.
Del estudio y proyecto de reforma de los locales del pabellón se encargó el arquitecto-conservador del Ministerio de Educación, Antonio Galán. En 1970 se aprobó el proyecto de reconstrucción, para el que se habilitó un crédito de 9.270.852 pesetas. Las obras se iniciaron en diciembre de 1970, una vez trasladados los fondos documentales que permanecían en el depósito. Tras un periodo de inactividad, las obras se reanudaron en 1972 y finalizaron en 1974.
La nueva biblioteca se inauguró en 1975 por el rector Ángel González Álvarez siendo director de la Biblioteca Complutense Antonio Palau. Pronunció la conferencia inaugural José Simón Díaz, que hizo un largo recorrido de las vicisitudes de la Biblioteca Complutense, desde sus orígenes hasta 1975.
La nueva biblioteca contaba con 360 puestos de lectura divididos en cuatro salas: dos en la planta baja, dedicadas respectivamente a Humanidades y Ciencias Sociales; y otra dos en la planta principal: una dedicada a Medicina y otra a Ciencias. Para esta biblioteca se creó una colección de referencia y de manuales de uso frecuente en libre acceso que llegará a contar con más de 12.000 volúmenes. Su ubicación y su amplio horario hicieron que tuviera una muy buena acogida entre los estudiantes, siendo una de las biblioteca universitarias con mayor número de accesos (108.000 en 1981 y 173.000 en 1992).
En otras dependencias del edificio se instaló, también en 1975, la Dirección de la Biblioteca. En sus depósitos se acomodaron el fondo antiguo centralizado (Colección cisneriana de códices, la mayor parte de los incunables y una selección del fondo antiguo) y el Archivo Universitario. A partir de 1980 se suma el catálogo de Tesis Doctorales.
Dada la situación de deterioro del edificio en 1995, la Dirección de la Biblioteca, con Marta Torres Santo Domingo al frente, decide cerrar el edificio y promover su reforma para crear una nueva biblioteca e instalar todo el fondo antiguo disperso por las disintas Bibliotecas de Facultad, en deficientes condiciones de conservación, accesibilidad y difusión.
Tercera etapa, 1995-2026
Biblioteca Histórica "Marqués de Valdecilla"
Tras el cierre de la Biblioteca Marqués de Valdecilla en septiembre de 1975, se procede a una completa rehabilitación del antiguo pabellón encargada por la Universidad al arquitecto Jaime López Amor con una inversión de más de 300 millones. Esta intervención respetó los elementos patrimoniales más destacados: las fachadas a la calle Noviciado y al patio interior, así como la escalera principal con el gran ventanal y la vidriera con los escudos de la Universidad y Marqués de Valdecilla. El propósito principal de la reforma fue adecuar el edificio a su nueva función como biblioteca de reserva de todo el fondo antiguo disperso en las diferentes bibliotecas de la Universidad. La obra de remodelación y amueblamiento se llevó a cabo entre los años 1998 y 1999.
Tras su reforma el edificio mantuvo sus dos plantas y sótano. En la planta baja, en torno a la escalera principal, se instalaron los espacios de acceso público libre: la sala de exposiciones y el salón de actos con 80 puestos, con medios de traducción simultánea y proyección, más el despacho de dirección y el taller de restauración, ubicados en espacios colindantes. En la primera planta se dispuso la sala de investigadores, con 33 puestos de lectura adaptados a las necesidades de consulta del fondo antiguo, con una completa colección de referencia especializada y un aula docente contigua dedicada al insigne bibliógrafo, José Simón Díaz, en la que se alojó su biblioteca personal. En esta planta tambien se ubicaron los despachos de trabajo.
En la planta sótano se emplazó una de las partes más importante de la biblioteca, el depósito de libros, en estanterías compactas, con más de 6.000 metros lineales de capacidad en total. Este espacio se planificó con especiales medidas antirrobo, antiincendios y un control medioambiental adecuado para la preservación de las colecciones patrimoniales complutenses.
El edificio fue inaugurado en el año 1999. Durante los años 1999 y 2000 se celebraron algunas exposiciones bibliográficas: La Universidad Complutense a través de sus libros: Exposición conmemorativa de los 500 años de la Bula Cisneriana (12 de abril al 10 de octubre de 1.999) Libros antiguos de matemáticas (16 de octubre a 30 de noviembre de 2000) o El teatro español del Siglo de Oro (13 de diciembre de 2000 al 31 de enero de 2001).
Una vez aprobada por la Junta de Gobierno de la Universidad de 20 de diciembre de 1999, se procedió a la centralización de los fondos bibliográficos antiguos anteriores a 1800 dispersos por las distintas bibliotecas de facultades. Los traslados tuvieron lugar en el año 2.000 y alcanzaron los 80.000 volúmenes.
Una vez reubicados los fondos, el rector Rafael Puyol Antolín procedió a inaugurar la nueva biblioteca, el 6 de marzo de 2001, siendo director de la Biblioteca Complutense Javier de Jorge García-Reyes. La Biblioteca Histórica Marqués de Valdecilla abrió sus puertas ese mismo mes a los investigadores, con una exposición que quería mostrar las obras más destacadas de la recien creada biblioteca: La historia del libro a traveés de las colecciones de la Universidad Complutense.
El Pabellón Valdecilla en construcción.
Inauguración del pabellón con la presencia del claustro de la Universidad Central
Plano de la planta baja de la Biblioteca tras la reforma de 1975
Sala de lectura de la Biblioteca Pública Universitaria
El Pabellón Valdecilla tras la rehabilitación en 1999
Placa conmemorativa
Una placa colocada en la fachada principal del Pabellón perpetúa la memoria de Ramón Pelayo. La placa, colocada al poco de construirse el edificio tiene tres metros de alto por un metro de ancho y cuenta con una efigie del benefactor en broce en su parte superior y una inscripción en la que se agradece la donación del “eximio y preclaro español cuyo patriotismo y amor a la cultura levantó este cuerpo del edificio universitario”