Grabados de botánica. Siglo XVII
Como en la centuria anterior, las obras y autores más destacados del ámbito germánico en el siglo XVII están presentes en las colecciones de la Biblioteca Histórica: el Hortus Eystettensis (1613) de Basilius Besler, publicada en Núremberg, está considerado como uno de los florilegios más monumentales e influyentes del siglo XVII. Por encargo del obispo de Eichstätt, el autor catalogó las plantas de su jardín palaciego. Cuenta con 367 majestuosas láminas calcográficas que reproducen más de 1.000 especies del natural, ordenadas por estaciones del año. Otra obra fundamental, estrechamente relacionada con la botánica, fue escrita por Maria Sibylla Merian, pintora y naturalista, que revolucionó la disciplina al publicar Der Raupen wunderbare Verwandelung (Núremberg, 1679) (Histoire des insectes de l'Europe), la primera en describir el ciclo de vida de los insectos sobre las plantas hospedadoras, uniendo la botánica y la entomología con un realismo y sensibilidad artística sin precedentes. En la Biblioteca Histórica se conserva la edición en francés de 1730 publicada en Amberes encuadernada junto a su célebre Metamorphosis insectorum Surinamensium traducido al francés en 1726 como Dissertation sur la generation et les transformations des insectes de Surinam con grabados en cobre realizados por Pieter Sluyter y Joseph Mulder y coloreado a mano con acuarelas en el taller editorial, sin duda, uno de los mayores tesoros de la colección complutense de libros ilustrados científicos. Con un carácter compilatorio y enciclopédico podemos señalar Dendrographias sive Historiae naturalis de arboribus et fruticibus tam nostri quam peregrini orbis libri decem (Frankfurt am Main, 1662) de Jan Jonston que representó —junto con Ulises Aldovandrini— uno de los primeros, —y el más monumental—, intento por sistematizar todo el conocimiento sobre los árboles, tanto europeos como del Nuevo Mundo y Oriente. Las más que notables planchas calcográficas, firmadas por Matthäus Merian y Melchior Küsel, presentan una característica disposición en mosaico, de tal manera que en una sola lámina aparecen 4 o 5 especímenes diferentes. Además, junto al porte del árbol, los grabadores añadieron detalles de las partes más esenciales para la dendrología. Esta misma disposición, pero más abigarrada, apareció en la obra de Plantarum historiæ universalis Oxoniensis (Oxford, 1715, 3 vol. 1º ed. 1680-1699) de Robert Morison con grabados al buril, que propuso una innovadora clasificación según la morfología de las plantas y sus frutos.
En Francia, uno de los primeros florilegios publicados fue Le iardin du roy tres chrestien Louis XIIII, roy de France et de Navare dedie a la royne mere de Sa Maieste … (París, 1624, 2º ed. con ampliaciones) una colección de plantas exóticas, raras y ornamentales cultivadas en el jardín real por el botánico Jean Robin. El libro fue ilustrado por Pierre Vallet, un destacado grabador y diseñador francés de bordados, al que se le encargó la creación de motivos ornamentales basados en la naturaleza, para inspiración de artesanos franceses. La Description du iardin royal des plantes medecinales, estably par le roy Louis le Ivste, à Paris (Paris, 1636) de Guy de La Brosse fue la primera descripción oficial del Jardin du Roi en París, inaugurado en 1635. El libro detalla el diseño, la organización y su finalidad médica y educativa a través de soberbios grabados de Abraham Bosse y Jean de la Ruelle entre los que descuella la colosal vista en perspectiva del jardín y la arquitectura de los parterres. El Hortus regius, pars prior (Paris, 1665), publicado tres décadas después, bajo el reinado de Luis XIV, fue redactado por Denis Joncquet y reflejó el crecimiento del jardín, con el inventario de unas 4.000 especies distintas. Los grabados calcográficos son sobrios, con fondos limpios y centrados en reflejar la morfología de las plantas.
La Académie des Sciences —creada en 1666— impulsó la edición de tratados de ciencias naturales con ilustraciones de gran rigor científico, muy precisas y detalladas. Con el apoyo de la Imprimerie Royale, se publicaron en generosos tamaños, con los mejores papeles disponibles y encuadernadas con el supralibros real dorado. Destacan, en las colecciones de la Biblioteca Histórica, Mémoires pour servir à l'histoire des plantes (1676) de Denis Dodart —reimpreso en el siglo siguiente— en el que trabajó Nicolas Robert, considerado como el mejor pintor y grabador botánico de la época, junto con Abraham Bosse y Louis de Châtillon. Las plantas se grabaron a tamaño natural en gran folio, con inclusión de secciones de las raíces, estambres y pistilos en los márgenes de la plancha. Otro ejemplar de la Imprimerie Royale fue la Description des plantes de l'amérique (Paris, 1693) de Charles Plumier, que realizó grandes viajes a las Antillas para recolectar muestras para las colecciones reales, continuado en parte por Nova plantarum americanarum genera (París, 1703).
También a finales de la centuria salió a la luz Institutiones rei herbariae (Paris, 1700) de Josephi Pitton Tournefort, una de las primeras obras de la botánica sistemática que organizó las especies en géneros basados en la morfología de la flor y del fruto. Sus grabados alcanzaron una gran precisión analítica. Tournefort contó con un aliado excepcional, el dibujante Claude Aubriet, uno de los más grandes pintores de la historia natural de Francia, con una habilidad inigualable para el detalle botánico que plasmó en las 89 láminas calcográficas de una gran nitidez.
En Italia, dentro del campo de la botánica regional podemos considerar Minus cognitarum rariorumque nostro coelo orientium stirpium Ekphrasic (Roma, 1616) de Fabio Colonna que estuvo dedicado a la descripción de plantas raras y endémicas del área mediterránea, desconocidas hasta entonces, y que describió, con un gran rigor metodológico, a partir de sus propios y precisos grabados calcográficos —rodeados de un sencillo pero elegante marco xilográfico—, que organizaron el resto de los contenidos textuales: nomenclatura, morfología y localización. Enfocado también en los endemismos mediterráneos, aunque referidos a las islas de Sicilia y Malta, con observaciones tomadas también en Italia y Francia, destacó Icones [et] descriptiones rariorum plantarum Siciliae, Melitae, Galliae, et Italiae … (Oxford, 1674) de Paolo Boccone. Los grabados calcográficos se ejecutaron con líneas finas y limpias para plasmar los filamentos, los estambres y la estructura de las plantas analizadas.
Sobre jardines botánicos podemos citar Exactissima descriptio rariorum quarundam plantarum qu[a]e continentur Rom[a]e in Horto Farnesiano (Roma, 1625) atribuido a Pietro Castelli, una monografía sobre los tesoros botánicos de los Orti Farnesiani, en el monte Palatino de Roma, uno de los primeros jardines dedicados a la aclimatación de plantas exóticas y, sobre todo, De florum cultura (Roma, 1633), del jesuita Giovanni Battista Ferrari, con dibujos de Pietro da Cortona, Guido Reni, y grabados de Anna Maria Vaiani, Claude Mellan o Johann Friedrich Greuter, con planos de parterres geométricos que reflejaron la ingeniería del jardín barroco. Más tarde publicó Hesperides siue De malorum aureorum cultura et usu libri quatuor (Roma, 1646) donde Ferrari se ocupó de los cítricos, su clasificación, terminología, cultivo y distribución geográfica. La edición está ilustrada también con excelentes grabados calcográficos, dibujados y grabados por los mejores artistas del momento, que repiten el mismo modelo: fruto con algunas hojas y flores y una sección del mismo que permite ver su interior. Las denominaciones de las plantas aparecen inscritas en cintas flotantes, muy ornamentales, que recuerdan a De florum cultura.
Dentro de la cultura del florilegio podmos citar, en las colecciones de la Biblioteca Histórica, dos álbumes oblongos editados en Roma por Giovanni Giacomo de Rossi Variae ac multiformes florum species expressae ad vivum et aeneis tabulis incisae (Roma, 1665) y Giardino di fiori naturalissimi (Roma 1680) con grabados de Nicolas Robert. Los grabados al aguafuerte, de una gran delicadeza y virtuosismo técnico, a partir de plantas tomadas del natural —con las texturas de los pétalos, las gotas del rocío o pequeños insectos— tuvieron como principal función servir de modelos para artistas, bordadores y pintores, además de ser un objeto de especial coleccionismo para aficionados a la botánica y belleza floral.
Dentro de la botánica más exótica salieron a la luz en Italia De plantis exoticis libri duo (Venecia, edición de 1656) de Prospero Alpini, con 80 grabados de plantas raras y medicinales recolectadas en Egipto y el Mediterráneo oriental, y Rerum medicarum Nouae Hispaniae thesaurus (Roma 1651, con frontispicio de Johann Friedrich Greuter) la primera edición impresa del monumental trabajo de exploración científica de Francisco Hernández en México, obra también profusamente ilustrada con unas 800 xilografías de plantas americanas realizadas por grabadores desconocidos vinculados a la Academia dei Lincei, promotora de la obra. Con un carácter enciclopédico se publicó Dendrologiae naturalis scilicet arborum historiae libri duo… (Bolonia 1667) de Ulisse Aldrovandi que popularizó el término Dendrología, que luego utilizó Jan Jonston. Igualmente fue una compilación donde de cada árbol se recogió la botánica, la etimología, el uso médico, los pasajes de la Biblia, mitología o los refranes donde se mencionaba.
En Flandes, en las primeras décadas del siglo, la ilustración botánica se movió en términos similares a los de la centuria anterior. Con el inmenso fondo de matrices xilográficas de la Officina Plantiniana, Baltasar Moretus siguió liderando la edición y producción de estos tratados como los de Charles de l'Écluse, Rariorum plantarum historia (Amberes, 1601), ilustrado con 1.100 grabados; y Exoticorum libri decem (Amberes, 1605), una enciclopedia de flora y fauna exótica con más de 300 grabados o las ediciones tardías de Stirpium historiae pemptades sex (Amberes, 1616) de Rembert Dodoens, con más de 1.300 magníficos grabados xilográficos —un tanto difusos ya por el desgaste de las matices—, que en el ejemplar de la Biblioteca Histórica están coloreados.
En Holanda la ilustración botánica alcanzó un notable desarrollo. Entre los florilegios holandeses podemos destacar Jardin de fleurs : contenant en soy les plus rares et plus excellentes fleurs ... divisées selon les quatre saisons de l'an (Utrecht, 1614) también conocido Hortus Floridus, de Crispijn van de Passe, que introdujo algunas innovaciones como mostrar las plantas creciendo desde el suelo, rodeadas de insectos, u ordenar los especímenes por estaciones, lo que facilitaba planificar un jardín que tuviera flores durante todo el año. Además cada capítulo, como gran novedad, incorpora ricos frontispicios con vistas de jardines con diferentes diseños de parterres.
El principal competidor de los Blaeu, Johannes Janssonius, destacó en la edición de Florilegium Amplissimum et Selectissimum (Ámsterdam, 1612) de Emanuel Sweert, un pintor, botánico y comerciante de bulbos holandés. Su obra mostraba una inmensa variedad de tulipanes, lirios y plantas exóticas con un gran realismo. Dentro del campo de la botánica exótica y de exploración destaca Horti academici Lugduno-Batavi catalogus exhibens plantarum omnium nomina (Leiden, 1687) de Paul Hermann. El jardín botánico de la Universidad de Leiden fue uno de los principales centros de la botánica donde se habían aclimatado las plantas recolectadas por el autor en Ceilán (Sri Lanka) y el Cabo de Buena Esperanza gracias a la red comercial establecida por la Compañía Holandesa de las Indias Orientales. Los dibujos originales fueron realizados por el célebre pintor Willem van Mieris y grabados por Abraham de Blois. Su colaboración dio como resultado unas láminas exquisitas. Las plantas exóticas —como las primeras orquídeas estudiadas en Europa— se representaron con un sombreado calcográfico de enorme sutileza, capturando el volumen y la textura de hojas carnosas en composiciones muy dinámicas, pero limpias. La trilogía sobre el Hortus Medicus de Ámsterdam (1697, 1701, 1706) de Jan y Caspar Commelin —que forman una unidad editorial— representaron también un hito en la ilustración de la botánica exótica en Holanda a las puertas del siglo XVIII. El primer volumen: Horti medici Amstelodamensis rariorum tam Orientalis, quàm Occidentalis Indiae… plantarum (Ámsterdam, 1697) de Jan Commelin, publicado póstumamente por su sobrino Caspar, se centró en las plantas raras de las Indias Orientales y Occidentales. El segundo: Horti medici Amstelaedamensis rariorum tam Africanarum, quam utriusque Indiae … plantarum (Ámsterdam, 1701), escrito por Caspar Commelin, amplió el inventario a la flora de Sudáfrica y las colonias americanas y el tercero y último volumen: Horti Medici Amstelædamensis plantæ rariores et exoticæ ad vivum æri incisæ (Ámsterdam, 1706), también de Caspar Commelin, culminó la catalogación de las especies exóticas más singulares del jardín. Los dibujos originales, tomados ad vivum fueron realizados por Jan Moninckx y Maria Moninckx, una de las pocas mujeres ilustradoras botánicas documentadas en la época. Las planchas en cobre se caracterizan por la riqueza de detalles de las flores y los frutos, combinando la exigencia científica con la tradición holandesa del bodegón y la pintura floral.
Una de las mayores obras compilatorias de la botánica americana fue financiada por la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales Historia naturalis Brasiliae (Ámsterdam y Leiden, 1648) de Georg Marggraf y Willem Piso. Organizada en doce libros, fue una enciclopedia de la naturaleza sudamericana, que reunió la botánica, la zoología y la medicina indígena de Brasil, y fue ilustrada con 500 xilografías intercaladas en el texto, para abaratar costes. Otra obra representativa de las botánicas regionales y exóticas, de carácter enciclopédico, fue Hortus Indicus Malabaricus (Ámsterdam, 1678-1703, 12 vol.) de Hendrik van Reede tot Drakestein que documentó de forma exhaustiva la flora de la costa de Malabar, en el suroeste de la India, a través de 794 magníficos grabados botánicos a doble cara.
El célebre Naaukeurige Beschryving der Aardgewassen (Ámsterdam, 1696) de Abraham Munting fue una de las mayores excentricidades estéticas del siglo XVII. Sus grabados calcográficos inventaron un estilo teatral, muy barroco, que integró la ilustración botánica con fondos de paisajes pintorescos. Las plantas, flores y frutos se dibujaron en un primer plano, dominando la composición y desafiando las leyes de la perspectiva. Debajo —y detrás— de estas plantas flotantes, los estampadores grabaron minuciosos paisajes clásicos y holandeses en miniatura: puertos con barcos, villas clásicas, ruinas romanas, colinas boscosas y pequeños personajes paseando o trabajando. Además, siguiendo la tradición de la estampa más ornamental, las denominaciones de las plantas aparecen inscritas en pedestales de piedra, cintas flotantes o pergaminos que se integran en el paisaje. Abraham Munting fue el autor de los dibujos originales de las plantas, Jan Goeree diseñó el frontispicio alegórico, las cabeceras y los paisajes de fondo que acompañaron a las plantas y Joseph Mulder fue el principal grabador de las láminas que componen la obra botánica. En la Biblioteca Histórica se conserva un ejemplar de la edición en latín Phytographia curiosa (Ámsterdam, 1712) con 245 estampas calcográficas que representan el triunfo de la teatralidad del Barroco tardío aplicado, con gran virtuosismo, a la botánica.