La historia del libro: XII. La imprenta española en el siglo XVIII: cambio dinástico
Aires de renovación llegan al libro español, que va a disfrutar en el siglo XVIII de una auténtica edad de oro, propiciada por los nuevos planteamientos estéticos, políticos y culturales que traen consigo los Borbones y que ven en el libro uno de los soportes para su imagen real y la forma de gobierno sobre la que basan su poder, el despotismo ilustrado. Durante los primeros años del siglo la estética entronca todavía con la tradición barroca como vemos en obras como la de Antonio Ubilla y Medina, Sucesion de el rey don Phelipe Y en la Corona de España... (Madrid, Juan García Infanzón, 1704) donde aparece el magnifico y conocido grabado que representa la madrileña Iglesia de los Jerónimos.
Otra muestra de la influencia barroca en la nueva dinastía es la costumbre de difundir mediante obras e imágenes grabadas las fiestas reales, procesiones o pompas y honras fúnebres, como el túmulo dibujado por Hubert Dumandré y grabado por Jose Andrade para la obra Tiernos suspiros con que la colegial Iglesia del Sitio de San Ildefonso explicó su quebranto en: el entierro de Phelipe Quinto y Oración funebre que dixo Don Bruno Lozano (Madrid, Imprenta del Infante Cardenal, 1746).
Se promulgan leyes para fomentar el arte de la imprenta y del comercio del libro, y se crean instituciones al servicio de la cultura y el progreso como las Sociedades de Amigos del País, o las Reales Academias. La Española, creada en 1714, da sus primeros frutos en 1726 publicando el tomo primero del Diccionario de la Lengua (Madrid, Francisco del Hierro, 1726-39), tambien llamado Diccionario de Autoridades porque cada palabra va acompañada de citas textuales. Fue el primer diccionario normativo y su objetivo era frenar, mediante el estudio de la lengua castellana, el afrancesamiento progresivo de la Corte siendo su uso de obligado cumplimiento para escritores e impresores.
Paralelamente, en el seno de la Academia de Bellas Artes se crea un núcleo de artistas y grabadores dedicados a la mejora y excelencia de la presentación del libro, esfuerzo que ya se aprecia en sus propias publicaciones de mediados del siglo como en la Distribución de los premios... de 1754 (Madrid, Gabriel Ramírez, 1755) en el que colaboran artistas de la talla de Ventura Rodríguez y en las que la base de la decoración son cabeceras calcográficas en las que pequeños putti (angelotes) juegan con instrumentos de las Bellas Artes. No es casual que uno de los propósitos de la Real Academia de San Fernando sea estimular y difundir el buen gusto artístico.
La creación de Bibliotecas forma parte también de las preocupaciones reales que ven en ellas otra de las vías de desarrollo de los niveles culturales de una nación. Así, se hace pública la de los Reales Estudios de San Isidro en 1770, o se crea la Biblioteca real pública luego convertida en Biblioteca Nacional en 1711, que pudiera tener la apariencia de la que se muestra en la obra de Cristóbal Rodríguez, Bibliotheca universal de la polyeraphia española (Madrid, Antonio Marin, 1738).
La curiosidad intelectual y política por las corrientes que circulaban en Europa tiene su reflejo en el desarrollo de la prensa periódica a lo largo del siglo. En 1737 sale el Diario de los literatos de España que hace un resumen de las novedades científicas y literarias suscitando la polémica que conlleva el ejercicio de la crítica. El Mercurio histórico y político aparece en 1738, cambiando su nombre en 1784 por el de Mercurio de España. Publica mensualmente noticias locales o extranjeras, político-militares, de arte o de descripción de países, orientado ideológicamente desde el Gobierno, que lo consideraba beneficioso para el pueblo.